Libro de Oracion Comun 1928

 

Nota Importante en Sabiduría que viene de Dios:

 

 

El Libro de Oración Común no en si propiedad intelectual de un grupo de Iglesia o de una denominación en particular. El LOC, fue inspirado por el Espíritu Santo para el Pueblo de Dios a traves de hombres de FE antes de 1535. Por consiguiente, cualquier cristiano, cristiana o grupo religioso denominacional  cristiano y aun grupos ateos e indeferentes, lo pueden imprimir, tener en sus bibliotecas personales o públicas o llevarlo al Internet como herramienta de ayuda. Nosotros (IAL), autorizamos imprimirlo, tenerlo o llevarlo a la editorial, a cualquiqer ciudadano o ciudadana en el mundo en cualquier idioma existente.

 

Sí alguien se cree con "Derechos de Autor" sobre la liturgia e historia de la Iglesia Anglicana o Católica, sí algun mortal terrícola humano cree que Dios le escrituró esta liturgia, no sólo esta equivocado sino que las autoridades no deben patrocinar arbitrariedades y locuras humanas. Esta liturguia simplemente es para El Pueblo de Dios y debe estar al alcance de todos y de todas sin excepción, sin normas o exigencias de ninguna naturaleza humana. Algo que si recomendamos es no agregar una sílaba más porque si no se cumple lo poco menos se podra cumplir lo mucho.

 

La Palabra Anglicano (Anglicana), Católico (Católica), y/o Cristiano (Cristiana), no es propiedad intelectual de ningun grupo denominacional porque no es una fabrica de productos comerciales, no es un club o empresa sino es el fundamento de una Fe a través de la misma historia de la humanidad en Jesucristo (Hijo de Dios).. Dios no tiene representantes en la tierra sólo los creyentes (varones y mujeres), de FE, unas y unos entre los llamados son escogidos para proclamar la "Buena Nueva". Los podemos lamar: -Pastores, Líderes, Diaconisas, Monjas, Monjes, Diáconos. Presbíteros y Obispos-.

 

Los clerigos de cualquier denominacion de FE y creencia, sólo son varones y mujeres representantes de la FE y Creencia y no representanets de Dios en la Tierra. Sólo los gobiernos terrenales y las entidades juridicas constituidas por humanos en cualquier nación, tienen representantes en varios sitios del planeta tierra. Dios (El Todopoderoso), no tiene representantes en la tierra sino hijos e hijas obedientes y/o desobedientes, que conocen su palabra aunque algunos y algunas la predican pero jamas la aplican. El mundo conoce la estafa y el mismo fraude. Por eso Jesus de Nazaret los llamo: "Lobos vestidos de ovejas". '.Por sus hechos los conocereis'.

 

 

Libro de 

Oración Común

 

 

 

CONFORME AL USO Y CONSTUMBRE  

 


IGLESIA ANGLICANA LATINO-AMERICANA

(IAL)

 

Libro de Oración Común

 

Administración de los Sacramentos,  Otros Ritos y Ceremonias de la Iglesia

 

“Territorio Anglicano Misionero de las Américas,

Mar Caribe y Mundo”

 

Para los cristianos anglicanos hispanos tradicionaistas parlantes del castellano en el universo

 

 


Con el Salterio o Salmos de David

 

LOC  IAL  -1928-  IAL  LOC

 

Consejo Internacional de IAL

(Año 2016)

 

The International IAL Council

 

 

Libro de Oración Común Versión 1928

(Spanish)

The Book of Common Prayer 1928

(English)

 

La edición del Libro de Oración Común de 1928, fue el tercer libro traducido al español para la oración y el rezo. Fue producido por la Iglesia Episcopal de los E.E.U.U.., La naturaleza genérica de las oraciones y el rezo, significó para el Presidente y el Congreso de la Iglesia, que esta version del libro, fue escrito para el uso de los anglicanos, fuera de los Estados Unidos de Norte America. Sobre todo en áreas de América Latina, donde hacía presencia la Iglesia Anglicana local de la Iglesia Episcopal de los E.E.U.U.. Esto incluyó (cuando este libro fue publicado) México, America Central, partes del Oeste de las Indias y Norte de Suramérica. Antes de esto, las ediciones españolas, fueron publicadas con el Libro de Oración Común de 1789 [LOC], publicado en 1860 y el de 1892 (publicado 1905). La Iglesia Anglicana Latino-Americana lo llevará con la ayuda de Dios a los confines de la tierra. La copia usada aquí no tiene ningún dato de la publicación (con excepción de las palabras "el Consejo Nacional" que usted ve en la página de título en la derecha), y no hay certificado ni algún escrito que así lo determine. Aparece ser totalmente idéntico al LOC de 1928. Se reserva a excepción de algunos de los rezos conocidos arriba. Hay una inscripción en la copia anticuada de 1955, y el Libro de Oración Común, aparece idéntico de tamaño, formato, y tipografía, a las copias del LOC de 1928 y a partir de ese tiempo. Se enumera en la bibliografía de David Griffiths del Libro de Oración Común o el rezo común como 162:18 (con una fecha obviamente incorrecta de 1962). Otra copia que he visto, fechado 1962, indica que fue escrito para  el uso de: La Iglesia Episcopal en las Americas. (IAL tomó el nombre de "Territorio de las Américas", al conocer el orígen y el porqué y para quien, fue traducido esta versión. República Dominicana agregó el nombre “De el Caribe”).

 

 

 

Este Libro de Oración Común de 1928, se puede imprimir y puede ser usado por todos los clérigos (Diáconos, Presbíteros y Obispos), de la Iglesia Anglicana Latino-Americana y de la Iglesia Conservativa Anglicana de Norte America, en cualquier parte del mundo. The Most Rev. Leonardo Marin-Saavedra. Arzobispo de las Americas y el Caribe -Primado Iglesia Anglicana Latino-Americana  (15 de Mayo, 2016). – Quinto Año de nuestra Consagración Episcopal como Arzobispo de las Américas y Patriarca Supremo de la Iglesia.

 

 

RATIFICACION DEL LIBRO
DE ORACION COMUN

 

POR LOS OBISPOS Y DIPUTADOS CLÉRIGOS Y LAICOS DE LA IGLESIA PROTESTANTE EPISCOPAL EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA; REUNIDOS EN CONVENCIÓN, EN ESTE DÍA DIECISÉIS DE OCTUBRE DEL AÑO DE NUESTRO SEÑOR MIL SETECIENTOS OCHENTA Y NUEVE.

Esta Convención habiendo presentado, en sesión de hoy, un Libro de Oración Común, Administración de los Sacramentos, y otros Ritos y Ceremonias de la Iglesia, declara que dicho libro queda establecido como la Liturgia de esta Iglesia: y ordena que así sea recibido por todos los miembros de la misma; y que estará en uso desde el día primero de octubre, del año de nuestro Señor mil setecientos noventa. Hay una firma de Charles Mortimer Guilbert (Guardían del Libro Patrón de Oración Común), con fecha Octubre de 1965.

 

CERTIFICACION:

 

Como autoridad eclesiástica Anglicana del Territorio de las Americas, Mar Caribe y Mundo, para el pueblo Anglicano Hispano Universal, certifico que, de acuerdo con el Canón, esta edición del Libro de Oración Común ha sido comparada con una copia certificada del Libro Patrón original, y que está conforme a dicho libro y se puede imprimir y distribuir en forma gratuita a los creyentes y no creyentes... 

 

 

The Most + Leonardo Marín-Saavedra

Arzobispo Primado Iglesia Anglicana Latino-Americana.

“Territorio de las Américas, Mar Caribe y Mundo.

 

Toronto, Ontario, Canadá, 15 de Mayo del Año de

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo 2016.

 

 

Palabras del Arzobispo Anglicano Tradicionalista  

Estadounidense, representante de la

Iglesia Anglicana en America

(The Anglican Church in America),

The Most Reverend + Louis W. Falk 

 

“El Libro de Oración Común, es un tesoro de valor incalculable para la Iglesia. A través de generaciones, desde el año 1549 hasta el presente, este ha servido en la devoción religiosa y fervorosa adoración de Nuestro Todopoderoso entre los cristianos católicos de ascendencia anglicana.

 

Después de varias revisiones en Inglaterra y América hasta los últimos 30 años “del último siglo”, este ha forjado la mente, la conciencia y el alma del Anglicanismo, educando en la Fe de la Iglesia como ha sido enseñada y practicada siempre, por todos, en todas partes.

 

Esta edición del Libro de Oración Común, en su revisión de 1928, ha sido dedicada en agradecimiento a Nuestro Señor por la vida y el trabajo del Ilustrísimo y Reverendísimo + Justo Pastor Ruiz, primer obispo de la Diócesis del Caribe y la Nueva Granada, de nuestra Iglesia Anglicana Católica, por lo que tiene el propósito de recordar la vida, obra y el Ministerio de un fiel y humilde servidor del Señor y su rebaño. Su fidelidad, energía devoción, magisterio y eminentemente el sublime ejemplo de su vida cristiana y devoción religiosa, le hará ser recordado con inmensa gratitud por todos “donde quiera que el Evangelio” sea predicado en el mundo”.

 

Texto tomado de las palabras del Arzobispo Metropolitano de la Provincia Original de la Iglesia Anglicana Católica de Estados Unidos y ratificado en 1998, en Colombia (Sur America), por el Obispo Martin Trevor Rhodes (Delegado de ACA para Sur America).

 

 

Indice

 

PÁGINA

Ratificación del Libro de Oración Común
The Ratification of the Book of Common Prayer

4

Prefacio
The Preface

8 y 9

Lo concerniente a Los Oficios de la iglesia, INCLUYENDO EL USO DEL SALTERIO Y DEL LECCIONARIO
Concerning the Service of the Church, Including the use of the Psalter and the Lectionary

10 y 11

Selección De Salmos
Selections of Psalms

12 y 13

TABLAS DE SALMOS LECCIONES PARA EL AÑO CRISTIANO
Psalms and Lessons for the Christian Year *Ver Anexo 1

Anexo 1

CALENDARIO
The Calendar *Ver anexo 2

Anexo 2

TABLAS Y REGLAS PARA LAS FIESTAS FIJAS Y MOVIBLES CON LOS DÍAS DE AYUNO Y ABSTINENCIA DURANTE EL AÑO Y LOS DÍAS DE SOLEMNE ROGATIVA
Tables and Rules for the Movable and Immovable Feasts, Together with the Days of Fasting and Abstinence Throughout the Year, and the Days of Solemn Supplication *Ver anexo 3

Anexo 3
   
l

TABLAS DE PRECEDENCIAS
Tables of Precedence  *Ver anexo 4

Anexo 4

TABLAS PARA HALLAR LOS DÍAS SANTOS
 
Tables for finding Holy Days *Ver anexo 5 y siguientes

Anexo 5

ORDEN PARA LA ORACION MATUTINA DIARIA
The Order for Daily Morning Prayer

3

ORDEN PARA LA ORACION VESPERTINA DIARIA
The Order for Daily Evening Prayer

21

ORACIONES Y ACCIONES DE GRACIA
Prayers and Thanksgivings

35

LETANIAS
The Litany

54

OFICIO PENITENCIAL PARA EL MIÉRCOLES DE CENIZA
A Penitential Office for Ash Wednesday

61

ORDEN PARA LA ADMINISTRACION DE LA CENA DEL SEÑOR, O SANTA COMUNION
The Order for the Administration of the Lord's Supper, or Holy Communion

67

COLECTAS, EPÍSTOLAS Y EVANGELIOS
The Collects, Epistles, and Gospels

90

ADMINISTRACIÓN DEL SANTO BAUTISMO
The Ministration of Holy Baptism

263

OFICIO DE INSTRUCCION
Offices of Instruction

272

ORDEN DE LA CONFIRMACION
The Order of Confirmation

285

CELEBRACION DEL MATRIMONIO
The Solemnization of Matrimony

289

ACCION DE GRACIAS DESPUES DEL ALUMBRAMIENTO
The Thanksgiving of Women after Child-birth

294

VISITACION A LOS ENFERMOS
Visitation of the Sick

297

COMUNION A LOS ENFERMOS
The Communion of the Sick

310

OFICIO DE ENTIERROS
The Order for the Burial of the Dead

313

ENTIERRO DE UN NIÑO
Burial of a Child

326

EL SALTERIO O SALMOS DE DAVID
The Psalter, or Psalms of David [The translation used is the Reina-Valera, which can be found at, among other places. The Psalter generally uses 'Señor' where the R-V has 'Jehová'.]

333

· · · · ·

FORMULAS PARA ORDENAR DIACONOS Y PRESBITEROS Y PARA CONSAGRAR OBISPOS
The Form and Manner of Ordaining Deacons and Priests, and for Consecrating Bishops

 
499

LETANIA PARA LAS ORDENACIONES
The Litany for Ordinations

529

FORMULA PARA LA CONSAGRACION DE UNA IGLESIA O CAPILLA
The Form of Consecration of a Church or Chapel

532

OFICIO DE INSTITUCION DE MINISTROS
An Office of Institution of Ministers

538

 

CATECISMO
A Catechism

547

ORACIONES PARA USO DE LAS FAMILIAS
Forms of Prayer to be used in Families

555

· · · · ·

ARTICULOS DE LA RELIGION
Articles of Religion

194

 

 

 

Prefacio

 

Es una Parte muy inestimable de la bendita « libertad con que Cristo nos hizo libres, » permitir sin ofensa alguna diferentes formas y prácticas en su culto, con tal que se conserve íntegra la esencia de la Fe; y que en cada Iglesia se refiera a la Disciplina, lo que no se puede determinar claramente como parte de la Doctrina. Y de consiguiente, se puede, con el consentimiento común y la autoridad, modificar, abreviar, ampliar, enmendar o disponer en otra forma, si es más conveniente para la edificación del pueblo, y « de acuerdo con las distintas exigencias de los tiempos y de las ocasiones. La Iglesia de Inglaterra, a la que debe la Iglesia Protestante Episcopal en los Estados Unidos, mediante Dios, su primer establecimiento, y por mucho tiempo su mantenimiento, cuidado y protección, tiene como regla en el Prefacio de su Libro de Oración Común que; « Las Fórmulas particulares del Culto Divino y los Ritos y Ceremonias designados para el mismo, son cosas indiferentes y alterables por su naturaleza, y, así se reconocen. Por consiguiente, es razonable que, después de consideraciones graves e importantes, y de acuerdo con las diversas exigencias de los tiempos y de las ocasiones, puedan hacerse tales cambios y alteraciones, si aquellos constituidos en autoridad, los juzgaren de tiempo en tiempo, necesario y conveniente.

 

 

Esa misma Iglesia ha declarado, no sólo en su Prefacio, sino también en sus Artículos y en las Homilías, la necesidad y conveniencia de hacer alteraciones y enmiendas ocasionales en sus Fórmulas para el Culto Público; y por consiguiente, vemos que, procurando conservar el medio feliz entre la demasiada rigidez en rehusar, y la demasiada facilidad en admitir alteraciones en las cosas ya deliberadamente establecidas, ha permitido en los reinos de varios Príncipes, desde la primera compilación de su Liturgia en tiempos de Eduardo Sexto, hacer alteraciones en ciertos casos, creyéndose conveniente en sus respectivas épocas, por justas y poderosas consideraciones; pero de tal manera que, el cuerpo principal y las partes esenciales de la Liturgia, (tanto en las materias importantes como en su estructura y orden) han permanecido aun firmes e inmutables.  Su objeto generalmente en estas diferentes revisiones y alteraciones, ha sido, como lo declara más adelante en su antedicho Prefacio, hacer lo que más tienda, según su mejor comprensión, a conservar la unidad y la paz en la Iglesia; mantener la reverencia y estimular la piedad y la devoción en el culto de Dios; y, finalmente, eliminar los motivos que den lugar a cavilosidades y disputas sobre su Liturgia. Y aunque según su criterio, nada hay en ello contrario a la Palabra de Dios y a la sana Doctrina, o a lo que un hombre Piadoso no pudiese en conciencia practicar y someterse, o que no pudiese defender razonablemente, si es que tal justa y conveniente construcción es Permitida, como en justicia se permite en todos los escritos humanos; sin embargo, de conformidad con las razones ya expuestas, no se deja de suponer que, en el transcurso de los tiempos, sean necesarias otras alteraciones. En efecto, en el año 1689 una comisión fué designada para hacer una revisión; pero esa labor conveniente e importante se frustró en aquel tiempo, y, desde entonces, la Autoridad Civil no ha creído oportuno designar otra comisión que la lleve a efecto.Pero cuando estos Estados Americanos en el curso de la Providencia Divina se independizaron en lo que respecta al gobierno civil, su independencia eclesiástica quedó necesariamente incluida; y las diferentes denominaciones religiosas de los Cristianos en estos Estados quedaron en igual y completa libertad para modelar y organizar sus respectivas Iglesias, sus formas de culto y disciplina. de la manera que creyeron más conveniente para su prosperidad futura, de acuerdo con la constitución y las leyes de su país.

 

 

    Esta Iglesia puso su atención, en primer lugar, en las alteraciones a la Liturgia que se hacían necesarias en las oraciones por nuestras Autoridades Civiles, como consecuencia de la Revolución. Y su cuidado principal consistió en conformarlas a lo que debe ser el propósito de tales oraciones, esto es, que: « Las Autoridades Civiles obtengan gracia, sabiduría y entendimiento para administrar justicia y sostener la verdad »; y que el pueblo « disfrute de una vida tranquila y pacífica en toda piedad y honestidad. »
 

 

Pero mientras se revisaban estas alteraciones ante la Convención, no se pudo menos que aprovechar, con gratitud a Dios, la feliz ocasión que se les ofrecía para hacer una nueva revisión del Culto Público, sin la influencia y restricción de autoridad temporal alguna, y establecer las alteraciones y enmiendas que se estimaron convenientes. Es innecesario enumerar todas las distintas enmiendas y alteraciones. Y es de esperarse que se manifiesten, así como también las razones que las motivaron, al hacer una comparación de este Libro con el Libro de Oración Común de la Iglesia de Inglaterra. Por lo que también se notará que esta Iglesia no ha intentado apartarse de la Iglesia de Inglaterra en nada de lo que es esencial a la doctrina, a la disciplina o al culto; a no ser lo que las circunstancias locales exijan.

 


Y ahora: concluida esta importante obra, esperamos que sea enteramente recibida y examinada por cada miembro verdadero de nuestra Iglesia, y por todos los Cristianos sinceros, con una disposición humilde, justa y bondadosa; sin prejuicios ni preocupaciones, considerando con seriedad lo que es el Cristianismo, y lo que son las verdades del Evangelio, rogando encarecidamente a Dios Todopoderoso que acompañe con su Bendición todos los esfuerzos que se hacen para promulgarlas a toda la humanidad, de la manera más clara, sencilla, conmovedora y majestuosa, por amor de Jesucristo, nuestro bendito Señor y Salvador.

Filadelfia, Octubre de 1789.

 

Lo Concerniente a los Oficios de la Iglesia

 

EL

Orden para la Santa Comunión, el Orden para la Oración Matutina, el Orden para la Oración Vespertina, y la Letanía tal como se establecen en este Libro, son los Oficios regulares designados para el Culto Público en esta Iglesia, y así deben ser usados; pero además de estos Oficios, bajo la dirección del Ordinario, el Oficiante puede usar a discreción otras devociones tomadas de este Libro o que hayan sido establecidas por las autoridades legales de esta Iglesia o seleccionadas de las Santas Escrituras; y además, con la autorización del Obispo, podrá usar otras devociones semejantes a las ya mencionadas, en lugar del Orden para la Oración Matutina, o para la Vespertina, en Misiones o Capillas y cuando expresamente se autorice por el Ordinario, también en la Catedral, en Iglesias Parroquiales o en otros lugares, si así lorequiere la edificación espiritual de la Congregación.

El Obispo podrá ordenar la forma (o formas), que crea conveniente para los Días de Ayuno o Acción de Gracias prescritos por la Autoridad Civil o Eclesiástica, así como en otras ocasiones especiales para las que no se haya provisto en este Libro, en cuyo caso ningún otro podrá usarse. 

 

NOTA: En las instrucciones que se dan para los distintos Oficios en este Libro, cuando se usa alguna palabra peculiar para denotar su pronunciación, no se intenta prescribir el tono y manera de recitarlos.

 

 

USO DEL SALTERIO Y LECCIONARIO

 

 

EL Antiguo Testamento se designa para las Primeras Lecciones y el Nuevo Testamento para las Segundas, en los Oficios de la Oración Matutina y la Oración Vespertina durante el año. Los Salmos y Lecciones que se han de leer cada día se hallan en la siguiente Tabla de Salmos y Lecciones para el Año Cristiano; exceptuándose solamente los indicados para las Fiestas Fijas, que se hallan en su Tabla correspondiente. En los días siguientes y sus Vísperas, si hubiere, los Salmos Propios señalados en las Tablas serán usados: Navidad, Epifanía, Purificación, Miércoles de Ceniza, Anunciación, Viernes Santo, Pascua de Resurrección, Ascensión, Pentecostés, Domínica de Trinidad, Transfiguración, Todos los Santos y Día de Acción de Gracias. NÓTESE, Que en otros días, el Oficiante usará los Salmos señalados en las Tablas; o a discreción, puede usar uno o más de los especificados en el Salterio para el día del mes, o de la Tabla de Selecciones de Salmos. NÓTESE además, Que en caso de hallarse un Salmo dividido en secciones, el Oficiante podrá escoger una o más de las secciones de ese Salmo. Los Salmos y Lecciones impresos en la misma linea deben ser usados conjuntamente. En cualquier oficio para el cual se han señalado más de una selección de Salmos y Lecciones, la que se ha de usar queda a discreción del Oficiante.
   

 

Oficios de la Iglesia

 

Cualquiera selección de Salmos y Lecciones señalada para la tarde de cualquier día puede leerse en el oficio de la mañana, y cualquiera selección de Salmos y Lecciones para la mañana puede leerse por la tarde. Las Lecciones con asterisco señaladas para domingos son particularmente apropiados para usarse cuando la Oración Matutina con una Lección precede a la Santa Comunión. Cualquier domingo o día festivo, el Oficiante puede leer la Epístola o el Evangelio del Día en lugar de la Segunda Lección en el oficio de Oración Matutina o Vespertina. Cualquier día de la semana que no sea día festivo, los Salmos y Lecciones señalados para cualquier día de dicha semana puede leerse en vez de los señalados para el Día. Cuando se observa la Octava de cualquier Día Santo, los Salmos y Lecciones del Día pueden ser usados el domingo dentro de la Octava.
 

En ocasiones especiales el Oficiante puede seleccionar los Salmos y Lecciones que considere propios. Cualquier Lección puede ser alargada o acortada a discreción del Oficiante.

 

 

HIMNOS Y ANTIFONAS

 

SE puede cantar antes y después de cualquier Oficio de este Libro, como también antes y después de los sermones, los Himnos publicados y permitidos por la autoridad de esta Iglesia, y Antífonas tomadas de las Santas Escrituras, o del Libro de Oración Común.

 

 

 

Selecciones de Salmos

 

I. 

Dios Creador. 8, 19; 33; 65, 111; 104; 145; 147.

 

II. 

Dios Redentor. 33; 102:15; 103; 111, 126; 113, 114; 130, 138.

 

III. 

Dios Juez. 1, 11; 7; 46, 97; 50; 62, 82; 75, 76; 90; 96; 98.

 

IV. 

Gloria Divina. 18:1-20; 29, 99; 36:5 & 46; 148, 150.

 

V. 

Soberanía Divina. 24, 93; 46, 47 72 89:1-19; 96, 97; 98, 99; 112, 146; 145.

 

VI. 

Sabiduría Divina. 33; 104; 111, 113; 139; 145; 147.

 

VII. 

Ley Divina. 19; 50; 62, 111; 119; 147.

 

VIII. 

Providencia Divina. 23, 121; 33; 34; 37:26 & 124; 89:1-19; 139; 145; 146; 147.

 

IX. 

Bondad Divina. 23, 100; 32, 130; 57, 61; 62, 63; 73; 77; 85; 86; 103; 118; 145.

 

X. 

La Encarnación. 2, 110; 8, 113; 85, 111; 89:1-30; 102:15; 132.

 

XI. 

La Pasión. 22; 40:1-16; 42; 54, 130; 69:1-22, 30-37; 88; 116.

 

XII. 

La Iglesia. 46, 111; 48; 84; 122, 133; 147.

 

XIII. 

Culto. 5; 26, 43; 63, 65; 66; 67, 122; 84, 138; 96, 100; 102:15; 116.

 

XIV. 

Acción de Gracias. 30, 67; 65; 92, 100; 98, 111; 103; 107; 116; 134, 138; 145; 147; 148, 150.

 

XV. 

Oración. 4, 5; 17; 20, 28; 31; 54, 61; 84; 86; 102:15; 141:1-4 & 142.

 

XVI. 

Confianza en Dios. 27; 31; 57, 146; 62, 63; 71; 73; 77; 91; 118; 121, 124, 125; 123, 143.

 

XVII. 

Dios Refugio nuestro. 4, 20; 17; 37; 46; 49 54, 61; 71; 91; 103; 121, 146.

XVIII. 

Dirección Divina. 25; 43, 85; 8o; 111, 112.

 

XIX. 

En Adversidad. 3, 11; 12, 13; 18:1-20; 20, 46; 30, 146; 40:1-16; 49; 57, 85; 62, 63; 80; 86; 90; 107:1—16; 118; 144.

 

XX. 

Justicia. 1, 15; 11, 12; 18:21-35; 19; 26; 34; 40:1-16; 92; 111, 112.

 

XXI. 

Paz. 29, 46; 76; 85; 98, 100; 124, 125, 126.

 

XXII. 

Incertidumbre de la Vida. 39; 49 90; 102:15.

 

XXIII. 

Esperanza de Inmortalidad. 16, 146; 30, 121; 42; 49; 66; 73; 103; 116; 139.

 

XXIV. 

Matutinos. 3, 20; 5, 63; 90; 143.

 

XXV. 

Vespertinos. 4, 31:1-6, 97, 134; 13, 121; 16, 17; 77.

 

XXVI. 

Penitenciales. 6, 32, 38, 51, 102, 130, 143.

 

XXVII. 

Preparación para la Eucaristía. 23, 36:5; 25; 26, 43; 41; 63; 84, 122; 85; 86; 130, 133; 139.

 

XXVIII. 

Acción de Gracias después de la Eucaristía. 8, 15; 18:1—20; 19; 27; 29, 30; 34; 100, 110; 103; 118; 145; 150.

 

 

Orden para la Oración Matutina Diaria

 

El Oficiante principiará la Oración Matutina leyendo uno o más de los siguientes Versículos de las Escrituras.

 

En cualquier día, excepto en día de Ayuno o Abstinencia, o cuando la Letanía o el Oficio de la Santa Comunión sigue inmediatamente, el Oficiante puede, a su discreción, pasar de los Versículos al Padre Nuestro, diciendo primero, El Señor sea con vosotros. Responsorio:Y con tu espíritu. El Oficiante: Oremos.

 

Y NÓTESE, que cuando se omiten la Confesión y to Absolución, el Oficiante de, después de los Versículos, pasar a los Responsorios, Oh, Señor, abre nuestros labios, etc., en cuyo caso, el Padre Nuestro se dirá con las demás colectas inmediatamente después de El Señor sea con vosotros, etc., y antes de los Versículos y Responsorios que siguen, o en la Letanía donde está allí indicado.
 

 

EL SEÑOR está en su santo templo: calle delante de El toda la tierra. Hab. ii. 20.  

 

Yo me alegré con los que me decían: A la casa del SEÑOR iremos. Sal. cxxii. 1.


    Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, OH SEÑOR, roca mía y redentor mío. Sal. xix. 14.


    Envía tu luz y tu verdad: éstas me guiarán, me conducirán al monte de tu santidad, y a tus tabernáculos. Sal. xliii. 3.


    Así dijo el Alto y Sublime, El que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. Isaías lvii. 15.


    La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. S. Juan iv. 23.


    Gracia sea a vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Fil. i. 2.

 

Adviento.

Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado. San Mateo iii. 2.


    Barred camino al SEÑOR: enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Isaías xl. 3.

 

Navidad.

He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. S. Lucas ii. 10-11.

 

Epifanía.

Desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi Nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece a mi Nombre incienso, y presente limpio: porque grande es mi Nombre entre las gentes, dice el SEÑOR de los ejércitos. Mal. i. 11.


    Despierta, despierta, vístete tu fortaleza, oh Sión; vístete tu ropa de hermosura, oh Jerusalén. Isaías lii. 1.

 

Cuaresma.

Lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos; y convertíos al SEÑOR vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo. Joel ii. 13.


    Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despreciarás Tú, oh Dios. Sal. li. 17.


    Me levantaré, e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti; ya no soy digno de ser llamado tu hijo. S. Lucas xv. 18, 19.

 

Viernes Santo.

¿ No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; porque el SEÑOR me ha angustiado. Lam. i. 12.


    En el cual tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados, por las riquezas de su gracia. Efes. i. 7.

 

La Pascua.

Ha resucitado. El Señor en verdad ha resucitado. S. Mar. xvi. 6; S. Lucas xxiv. 34.


    Este es el día que hizo el SEÑOR; nos gozaremos y alegaremos en él. Salmo cxviii. 24.

 

Ascensión.

Por tanto, teniendo un gran Pontífice, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro. Heb. iv. 14-16.

 

Dia de Pentecostés.

Recibiréis poder del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra. Hechos. i. 8.


    Por cuanto sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama, Abba, Padre. Gal. iv. 6.

 

Dominica de la Trinidad

Santo, Santo, Santo, El Señor Dios Omnipotente, que era, y que es, y que ha de venir. Rev. iv. 8.

 

Dia de Acción Gracias.

Honra al SEÑOR de tu sustancia, y de las de primicias de todos tus frutos; y serán llenas tus troj es con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto. Prov. iii. 9, 10.


    El SEÑOR con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. Por su sabiduría los mares se evaporan, y las nubes derraman el rocío. Prov. iii. 19, 20.
 

Introducción oraciones

Entonces el Oficiante dirá,

CARISIMOS hermanos, las Santas Escrituras nos amonestan, en varios lugares, a que reconozcamos y confesemos nuestros muchos pecados y maldades; y que no los debemos encubrir o disimular ante Dios Omnipotente, nuestro Padre Celestial; sino confesarlos con un corazón humilde, sumiso, contrito y obediente; a fin de obtener el perdón, por su infinita bondad y misericordia. Y aunque debemos en todo tiempo reconocer humildemente nuestros pecados delante de Dios, sin embargo, debemos principalmente hacerlo cuando nos congregamos y unimos para rendirle gracias por los grandes beneficios recibidos de sus manos, proclamar dignamente sus alabanzas, escuchar su santa Palabra, y pedirle aquellas cosas requeridas y necesarias tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, yo os pido y suplico a todos los presentes, que con un corazón puro y voz humilde, me acompañéis ante el trono de la gracia celestial, diciendo--

 

¶ O bien dirá,

CONFESEMOS humildemente nuestros pecados a Dios Todopoderoso.
 

 

Exhortación

Confesión General.

 

Que toda la Congregación siguiendo al Oficiante, dirán arrodillados.

OMNIPOTENTE y misericordiosísimo Padre; Hemos errado, y nos hemos extraviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido demasiado los designios y deseos de nuestro propio corazón. Hemos faltado a tus santas leyes. Hemos dejado de hacer lo que debíamos haber hecho; Y hemos hecho lo que no debíamos hacer; Yen nosotros no hay salud. Mas Tú, oh Señor, compadécete de nosotros, miserables pecadores. Libra, oh Dios, a los que confiesan sus culpas. Restaura a los que se arrepienten; Según tus promesas declaradas al género humano en Jesucristo nuestro Señor. Y concédenos, Oh Padre misericordiosísimo, por su amor; Que de aquí en adelante vivamos una vida sobria, santa y justa, para gloria de tu Santo Nombre. Amén.
 

General Confesión

Declaración de la Absolución o Remisión de Pecados.

Que solo puede hacer el Presbítero, estando de pie, mientras la congregación permanece de rodillas.

 

El Presbítero, a su discreción, puede usar, en lugar de la que sigue, la Absolución del Oficio de la Santa Comunión.

EL Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta de sus maldades y viva; ha dado poder y mandamiento a sus Ministros para declarar y pronunciar a su pueblo arrepentido, la Absolución y Remisión de sus pecados. El perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo Evangelio.
    Por tanto, roguémosle que nos conceda verdadero arrepentimiento, y su Espíritu Santo, a fin de que las obras que al presente hacemos le sean agradables; y que nuestra vida da de aquí en adelante sea pura y santa; para que al fin obtengamos la bienaventuranza eterna; por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
 

Absolución

El Oficiante se arrodillará y dirá el Padre Nuestro, y el pueblo, aún de rodillas, lo repetirá con él, no sólo aquí, sino también en cualquier otro lugar que se usare en el Oficio Divino.

PADRE nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre jamás. Amén.
 

Entonces dirá,

 

 
Resp.

Oh Señor, abre nuestros labios.
Y nuestra boca anunciará tu alabanza.

 

Poniéndose todos de pie, el Oficiante dirá,

 

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

 

Resp.

Como era al principio, es ahora, y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Oficiante:
Resp.

Alabad al Señor.


El Nombre del Señor sea alabado.

 

Después se dirá o cantará el siguiente Cántico; excepto en aquellos días para los cuales hay otros señalados, o en los que se usa el Salmo 95; pero NÓTESE que en Miércoles de Ceniza, y Viernes Santo, se omitirá el Venite.

 

 

Oración de Nuestro Señor

En los días que a continuación se especifican, antes del Venite se podrá cantar o decir,

 

En las Dominicas de Adviento. Nuestro Rey y Salvador se acerca; * Venid, adorémosle.

 

En el día de Navidad y hasta la Epifanía. ¡Aleluya! Un Niño nos es nacido; * Venid, adorémosle.

 

En la Epifanía y siete días después, y en la Fiesta de la Transfiguración. El Señor ha manifestado su gloria; * Venid, adorémosle.

 

En el Lunes de la Semana de Pascua, y hasta el Día de la Ascensión. ¡Aleluya! El Señor en verdad ha resucitado; * Venid, adorémosle. ¡Aleluya!

 

En el Día de la Ascensión y hasta el día de Pentecostés. ¡Aleluya! Cristo el Señor ascendió a los Cielos; *Venid, adorémosle. ¡Aleluya!

En el Día de Pentecostés y seis días después. ¡ Aleluya! El Espíritu del Señor llena el mundo; * Venid, adorémosle. ¡Aleluya!

 

En la Domínica de la Trinidad. Padre, Hijo, y Espíritu Santo, un solo Dios; * Venid, adorémosle.

 

En la Purificación y la Anunciación. El Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros; *Venid, adorémosle.

 

En otras festividades para las que estén indicados Epístola y Evangelio Propios. El Señor es glorioso en sus santos; * Venid, adorémosle.


 

Invitatorio Antiphona

Venite, exultemus Domino.

 

VENID, celebremos alegremente al SEÑOR; * cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
    Lleguemos ante su acatamiento con alabanza; * aclamémosle con cánticos.
    Porque el SEÑOR es Dios grande; * y Rey grande sobre todos los dioses.
    Porque en su mano están las profundidades de la tierra; * y las alturas de los montes son suyas.
    Suya también la mar, pues El la hizo; * y sus manos formaron la tierra seca.
    Venid, adoremos y postrémonos; * arrodillémonos delante del SEÑOR nuestro Hacedor.
    Porque El es el Señor nuestro Dios; * nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano.
    Adorad al SEÑOR en la hermosura de su santuario; * temed delante de El, toda la tierra.
    Delante del Señor que vino, porque vino a juzgar la tierra * Juzgara al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.

Entonces seguirá una porción de los Salmos, según el Uso de esta Iglesia. Y al fin de cada Salmo, así como al fin del Venite, Benedictus es, Benedictus y Jubilate, se puede decir o cantar el Gloria Patri; pero al fin de la porción entera, o de la selección del Salterio, no se debe omitir.

 

GLORIA al Padre, y al Hijo, * y al Espíritu Santo; Como era al principio, es ahora, y será siempre, * por los siglos de los siglos. Amén.

Entonces se leerá la Primera Lección, según la Tabla o Calendario, y NÓTESE, que antes de cada Lección, el Oficiante dirá: Aquí empieza el Capítulo —— (o el Versículo —— del Capítulo ——) del Libro de ——; y después de cada Lección: Aquí termina la Primera (o Segunda) Lección.

 

Aquí se dirá o cantará el siguiente Cántico. Pero NÓTESE que en cualquier día cuando la Santa Comunión sigue inmediatamente, el Oficiante, a su discreción, después de haberse dicho o cantado cualquiera de los siguientes Cánticos de la Oración Matutina, puede principiar en seguida el Oficio de la Santa Comunión.
 

 

Te Deum laudamus.

 

TE alabamos, oh Dios; Señor, Te confesamos. Toda la tierra Te adora, oh Padre eterno.
   

A Ti todos los Angeles; los cielos y todas las potestades;
    Los Querubines y los Serafines con incesante voz Te proclaman,
    Santo, Santo, Santo, Señor Dios de las Huestes;
    Llenos están los cielos y la tierra: de la Majestad de tu gloria.
    A Ti el glorioso coro de los Apóstoles.
    El número laudable de los Profetas.
    La blanca multitud de los Mártires: Te alaban.
    La Iglesia por la extensión del orbe: Te confiesa:
    Padre, de Majestad infinita;
    A tu Hijo único, verdadero y adorable:
    Y también al Espíritu Santo, Consolador.

 

TU, Cristo, Rey de la gloria


    Tú eres el Hijo sempiterno del Padre.
    Tú, al emprender la redención del hombre, no temiste venir al seno de la Virgen.
    Tú, al vencer el aguijón de la muerte, abriste a los creyentes el reino de los cielos.
    Tú estás sentado a la diestra de Dios, en la gloria del Padre.
    Creemos que eres el Juez que ha de venir.
    Por tanto, te rogamos, socorras a tus siervos, a quienes redimiste con tu sangre preciosa.
    Haz que sean contados con tus santos, en la gloria eterna.

 

SALVA, Señor, a tu pueblo, y a tu heredad bendice. Gobiérnale, y ensálzale perpetuamente.
    Todos los días Te bendecimos;
    Y alabamos tu Nombre en los siglos, y por los siglos de los siglos.
    Dígnate, Señor, guardarnos sin pecado en este día. Ten misericordia de nosotros, Señor, ten misericordia de nosotros.
    Señor, sea tu misericordia sobre nosotros, según de ti hemos esperado.
   
En Ti, Señor, he confiado; jamás seré confundido.
 

 

O este Cántico.

 

Benedictus es, Domine.

BENDITO eres Tú, oh Señor Dios de nuestros padres: * Alabado y exaltado sobre todo para siempre.
    Bendito eres Tú por el Nombre de tu Majestad: * Alabado y exaltado sobre todo para siempre.
    Bendito eres Tú en el templo de tu Santidad: * Alabado y exaltado sobre todo para siempre.
    Bendito eres Tú que contemplas los abismos, y habitas entre los Querubines: *Alabado y exaltado sobre todo para siempre.
    Bendito eres Tú sobre el glorioso trono de tu Reino: * Alabado y exaltado sobre todo para siempre.
    Bendito eres Tú, en el firmamento de los cielos: * Alabado y exaltado sobre todo para siempre.
 

 

O éste.

 

Benedicite, omnia opera Domini.

BENDECID al Señor, obras todas del Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Angeles del Señor, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.

CIELOS, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Aguas que estáis sobre el firmamento, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Todas las Potestades del Señor, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Sol y Luna, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Estrellas del Firmamento, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Lluvias y Rocío, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Vientos de Dios, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Fuego y Calor, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Invierno y Verano, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Rocíos y Escarchas, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Heladas y Frío, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Hielos y Nieves, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Noches y Días, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Luz y Tinieblas, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Relámpagos y Nubes, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.

 

BENDIGA la Tierra al Señor: * alábele, y ensálcele para siempre.
    Montes y Collados, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Plantas y Yerbas del Campo, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Fuentes, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Mares y Ríos, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Ballenas, y todo lo que se mueve en las Aguas, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Aves del Aire, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Bestias y Ganado, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Hijos de los Hombres, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.

BENDIGA Israel al Señor: * alábele, y ensálcele para siempre.
    Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Siervos del Señor, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Espíritus y Almas de los Justos, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
    Santos y Humildes de corazón, bendecid al Señor: * alabadle, y ensalzadle para siempre.

 

BENDIGAMOS al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo: * alabadle, y ensalzadle para siempre.
 

 

Después se leerá de la misma manera la Segunda Lección, tomada del Nuevo Testamento, según la Tabla o Calendario.

Después se cantará o dirá el siguiente Cántico; y NÓTESE, que, excepto en los domingos de Adviento, se puede omitir la última parte.

 

Benedictus. San Lucas I. 68.

 

BENDITO el Señor Dios de Israel, * que ha visitado y redimido a su pueblo;
    Y nos alzó poderosa Salvación, * en la casa de David su siervo.
    Como habló por boca de sus santos Profetas, * que existieron desde el principio del mundo.
    Que nos libraría de nuestros enemigos, * y de la mano de los que nos aborrecen.

    Para ejecutar la misericordia prometida a nuestros padres, * y recordar su santo pacto.
    Para ejecutar el juramento que juró a nuestro padre Abrahán, * que se nos daría;
    Que, siendo librados de la mano de nuestros enemigos * le serviríamos sin temor;
    En santidad y justicia ante El, * todos los días de nuestra vida.
    Y Tú, oh niño, profeta del Altísimo serás llamado: * porque andarás ante la faz del Señor, para preparar sus caminos,
    Para dar a conocer la salvación a su pueblo * y la remisión de sus pecados,
    Por la tierna misericordia de nuestro Dios: * por la cual la Aurora de lo Alto nos ha visitado,
    Para dar luz a los que están en tinieblas, y en sombra de muerte, * y para guiar nuestros pies hacia el camino de paz.
 

 

O este Salmo.

Jubilate Deo. Salmo c.

 

REGOCIJAOS en el SEÑOR, todas las naciones: * servid al SEÑOR con alegría, venid ante su presencia con cánticos.
    Sabed que el SEÑOR es Dios; El nos hizo, y no nosotros mismos; * pueblo suyo somos, y ovejas de su rebaño.
    Entrad por sus puertas con acción de gracias, y en sus atrios con alabanzas; *confesadle, y bendecid su Nombre.
    Porque benigno es el SEÑOR, eterna es su misericordia; * y su verdad permanece de generación en generación.
 

 

Entonces, el Oficiante y el pueblo de pie, dirán el Credo de los Apóstoles. Y en cualquiera Iglesia, las palabras: Descendió a los infiernos, podrán sustituirse por: Y fué a donde están las almas que partieron de esta vida, palabras que se considera tienen el mismo sentido enel Credo.

CREO en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra:
    Y en Jesucristo su único Hijo nuestro Señor: Que fué concebido por el Espíritu Santo, Nació de la Virgen María: Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, Fué crucificado, muerto y sepultado: Descendió a los infiernos; Al tercer día resucitó de entre los muertos: Subió a los cielos, Y está sentado a la diestra de Dios Padre, Todopoderoso: De donde ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
    Creo en el Espíritu Santo: La Santa Iglesia Católica; La Comunión de los Santos: El Perdón de los pecados: La Resurrección del Cuerpo: Y la Vida Perdurable.
Amén.
 

Credo de Los Apóstoles

O el Credo, comúnmente llamado Niceno.

 

CREO en un solo Dios Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, Y de todas las cosas visibles e invisibles:
    Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios; Engendrado del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, Verdadero Dios de Verdadero Dios; Engendrado, no hecho; Consubstancial al Padre; Por quien todas las cosas fueron hechas: Quien por los hombres y por nuestra salvación descendió del cielo, Y fué encarnado por el Espíritu Santo de la Virgen María, Y fué hecho hombre: Y también por nosotros fué crucificado bajo Poncio Pilato; Padeció y fué sepultado: Resucitó al tercer día según las Escrituras: Ascendió a los cielos, Y está sentado a la diestra del Padre: Y vendrá otra vez, con gloria, a juzgar a los vivos y a los muertos; Cuyo reino no tendrá fin.
    Y creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, procedente del Padre y del Hijo; Quien con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado; Quien habló por los Profetas: Y creo en la Iglesia Una, Católica y Apostólica: Y reconozco un Bautismo para remisión de los pecados: Y espero la Resurrección de los muertos: Y la Vida en los siglos venideros. Amén.

Después de esto, estando el pueblo devotamente arrodillado, se dirán las siguientes Oraciones; diciendo primero el Oficiante,

 

 
Resp.
Oficiante.

El Señor sea con vosotros:
Y con tu espíritu.
Oremos.

Aquí seguirá el Padre Nuestro, si no se ha dicho antes.

Ofic.

Oh Señor, muéstranos tu misericordia.

Resp.

Y concédenos tu salvación.

Ofic.

Oh Dios, purifica nuestros corazones.

Resp.

Y no quites de nosotros tu Santo Espíritu.

Después seguirá la Colecta del Día, excepto cuando se ha de leer el Oficio de la Santa Comunión, en cuyo caso, la Colecta del Día se omitirá aquí.
 

Credo Niceno

 

Colecta por la Paz.

 

OH Dios, que eres Autor de la paz y amante de la concordia; Conocerte es Vida Eterna, y servirte, plena libertad. Defiende a estos tus humildes siervos de todos los asaltos de nuestros enemigos; para que, confiando seguramente en tu protección, no temamos la astucia de ningún adversario; mediante el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 

Colecta por la Paz

Colecta por la Gracia.

 

OH Señor, nuestro Padre Celestial, Poderoso y Eterno Dios, que nos has conducido con seguridad al principio de este día; Defiéndenos con tu gran poder; y concede que no caigamos hoy en ningún pecado, ni incurramos en ningún peligro; sino que todas nuestras acciones, siendo dirigidas y gobernadas por ti, sean justas a tus ojos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Se omitirán las siguientes Oraciones, cuando se diga la Letanía, y pueden omitirse cuando siga inmediatamente la Santa Comunión.

Pero NÓTESE que el Oficiante puede concluir la Oración Matutina con las intercesiones generales, tomadas de este Libro, que crea convenientes, o bien con la Gracia.
 

Colecta por la

Gracia

 

 

Oración por el Presidente y  Autoridades Civiles.

 

OH Señor, nuestro Padre Celestial, excelso y poderoso Gobernador del Universo, que desde tu trono contemplas a todos los que moran en la tierra; De todo corazon te suplicamos que mires con favor y bendigas a tu siervo el PRESIDENTE DE ESTA NACIÓN, y a todos los otros en autoridad; y que de tal manera los llenes de la gracia de tu Espíritu Santo, que se inclinen siempre a tu voluntad, y anden en tus caminos. Invísteles copiosamente de los dones celestiales; yconcédeles salud, prosperidad y larga vida; y que finalmente, después de esta vida, obtengan felicidad y gozo eternos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

O ésta.

 

OH Señor, Gobernador nuestro, cuya gloria llena el Universo; Encomendamos esta Nación a tu bondadoso cuidado, para que siendo guiada por tu Providencia, vivamos seguros en tu paz. Concede al PRESIDENTE DE ESTA NACIÓN, y a todas las autoridades, sabiduría y fuerza para conocer y hacer tu voluntad. Llénalos del amor a la verdad y a la justicia; y haz que jamás se olviden de su obligación de servir a este pueblo en tu temor; mediante Jesucristo nuestro Señor, quien contigo y el Espíritu Santo es un solo Dios y vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
 

Oración por el Presidente y Autoridades Civiles

 

Oración por el Clero y el Pueblo.

 

OMNIPOTENTE y Eterno Dios, de quien procede toda buena dádiva y todo don perfecto; Envía el saludable Espíritu de tu gracia sobre nuestros Obispos y demás Clero, y sobre las Congregaciones encomendadas a su cargo. Y para que verdaderamente te agraden, derrama sobre ellos el continuo rocío de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Mediador y Abogado, Jesucristo. Amén.
 

Oración por el Clero y el Pueblo

Oración por las Personas de toda Condición.

 

OH Dios, Creador y Conservador del género humano, te rogamos humildemente por los hombres de todas clases y condiciones; suplicándote que te dignes hacerles conocer tus caminos, y tu salud eterna a todas las naciones. Y más especialmente te rogamos por tu Santa Iglesia universal; para que sea dirigida y gobernada por tu Santo Espíritu, a fin de que todos los que profesan y se llaman Cristianos sean conducidos por el camino de la verdad, y guarden la fe en unidad de espíritu, en vínculo de paz, y en rectitud de vida. Y, finalmente, encomendamos a tu bondad paternal a todos los que de cualquiera manera están afligidos, o angustiados, en mente, cuerpo o haberes; [*especialmente a aquellos por los cuales se desean nuestras oraciones;] suplicándote los consueles y alivies, según sus diversas necesidades; dándoles paciencia en sus sufrimentos, y una feliz liberación de todas sus aflicciones. Y est o pedimos por amor de Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 

Oración por las Personas de toda Condición

Acción de Gracias en General.

 

OMNIPOTENTE Dios, Padre de toda misericordia, nosotros, tus indignos siervos, te damos muy humildes y cordiales gracias por toda tu bondad, benignidad y favor para con nosotros y con todos los hombres; [*particularmente con los desee dar gracias que ahora desean ofrecerte sus alabanzas y acciones de gracias por las mercedes que les has concedido.] Te bendecimos por nuestra creación, preservación y todos los bienes de esta vida; mas sobre todo, por tu inestimable amor en la redención del mundo por nuestro Señor Jesucristo; por los medios de gracia, y la esperanza de gloria. Y te suplicamos nos des pleno conocimiento de todas tus misericordias, para que nuestros corazones sean llenos de pura gratitud; y te alabemos, no sólo con nuestros labios, sino también con nuestras vidas, entregándonos enteramente a tu servicio, y caminando ante tus ojos en santidad y justicia todos los días de nuestra vida; por Jesucristo nuestro Señor, a quien, contigo y el Espíritu Santo, sea todo honor y gloria eternamente. Amén.

 

¶ NOTA. La Acción de Gracias en General puede decirse por la congregación con el Oficiante.
 

General

Thanksgiving

Oración de San Juan Crisóstomo.

 

OMNIPOTENTE Dios, que nos has dado gracia para que en la ocasión presente te dirijamos de común acuerdo nuestras súplicas; y has prometido que cuando dos o tres estén congregados en tu Nombre, les concederás sus peticiones; Cumple ahora, oh Señor, los deseos y ruegos de tus siervos, como más les convenga; concediéndonos en este mundo el conocimiento de tu verdad, y en el venidero, la vida eterna. Amén.

 

II Cor. xiii. 13.

 

LA gracia de nuestro Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo, sea con todos nosotros, por siempre jamás. Amén.

 

Aquí termina el Orden de la Oración Matutina.

 

 

Letanía

 

O Plegaria General

 

¶ Para ser usada después de la Tercera Colecta de la Oración Matutina, la Vespertina o antes de la Santa Comunión; o bien separadamente.

 

OH Dios Padre, Creador del cielo y de la tierra;
     Ten misericordia de nosotros.
Oh Dios Hijo, Redentor del mundo;
     Ten misericordia de nosotros.
Oh Dios Espíritu Santo, Santificador de los fieles;
     Ten misericordia de nosotros.
Oh Santa, bendita y gloriosa Trinidad, un solo Dios;
     Ten misericordia de nosotros.

 

OH Señor, no te acuerdes de nuestros pecados, ni de los de nuestros padres; ni tomes venganza de nuestras iniquidades: Perdónanos, buen Señor, perdona a tu pueblo, que redimiste con tu preciosísima sangre, y no estés para siempre irritado contra nosotros.
    

Perdónanos, buen Señor.

 

DE todo mal y daño; del pecado; de las astucias y asaltos del diablo; de tu ira, y de la condenación eterna,
     Líbranos, Señor.
     De ceguedad de corazón; de soberbia, vanagloria e hipocresía; de envidia, odio y mala voluntad, y de toda falta de caridad,
     Líbranos, Señor.
     De toda afección desordenada y pecaminosa; y de todos los engaños del mundo, del demonio y de la carne,
     Líbranos, Señor.
     De rayos y tempestades; de incendios, terremotos e in aciones; de la plaga, peste y hambre; de guerra y asesinato, y de muerte repentina,
     Líbranos, Señor.
     De toda sedición, conspiración secreta y rebelión; de toda falsa doctrina, herejía y cisma; de todo endurecimiento de corazón, y de menosprecio de tu Palabra y de tus Mandamientos,
     Líbranos, Señor.
     Por el misterio de tu Santa Encarnación; por tu Santa Natividad y Circuncisión; por tu Bautismo, Ayuno y Tentación,
     Líbranos, Señor.
     Por tu Agonía y Sudor de sangre; por tu Cruz y Pasión; por tu preciosa Muerte y Sepultura; por tu gloriosa Resurrección y Ascensión; y por la venida del Espíritu Santo,
     Líbranos, Señor.
     En todo el tiempo de nuestra tribulación; en todo el tempo de nuestra prosperidad; en la hora de la muerte, y en el día del juicio,
     Líbranos, Señor.
 

The LITANY
or General Supplication

 

OH Señor Dios, nosotros pecadores te suplicamos oigas nuestros ruegos; y te dignes gobernar y dirigir a tu Santa Iglesia universal por el camino de la rectitud;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes de tal manera gobernar el corazón de tu siervo, el Presidente de esta Nación, que pueda sobre todas las cosas buscar tu honor y tu gloria;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes bendecir y preservar a todos los Gobernadores y Magistrados Cristianos, dándoles la gracia para administrar justicia y sostener la verdad;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes iluminar a todos los Obispos,
     Presbíteros y Diáconos, dándoles el verdadero conocimiento e inteligencia de tu Palabra; de modo que publiquen tanto con su predicación como con su ejemplo;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes enviar labradores a tu viña;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes bendecir y proteger a todo tu pueblo;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes dar a todas las Naciones unidad, paz y concordia;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes darnos un corazón dispuesto para amarte y temerte, y para vivir cuidadosamente según tus mandamientos;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes dar a todo tu pueblo aumento de gracia para oír con humildad tu Palabra, para abrazarla con afecto puro y para producir los frutos del Espíritu;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes traer al camino de la verdad a todos los que están en error y engaño;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes fortalecer a los que aún permanecen firmes; y sostener y dar fuerza a los débiles; levantar a los caídos; y finalmente hacernos hollar a Satanás bajo nuestros pies;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes ayudar, defender y consolar a todos los que están en peligro, necesidad y tribulación;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes preservar a los que viajan por tierra, mar o aire, a todas las mujeres que están de parto, a todos los enfermos y niños; y compadecerte de los encarcelados y cautivos;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes amparar y abrir camino a todos los huérfanos y viudas, y a todos los desconsolados y oprimidos;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes tener misericordia de todo el género humano;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes perdonar a nuestros enemigos, perseguidores y calumniadores, y convertir sus corazones;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes damos y conservar para nuestro uso los frutos benéficos de la tierra, para que a debido tiempo disfrutemos de ellos;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Que te dignes darnos un verdadero arrepentimiento; perdonarnos todos nuestros pecados, descuidos e ignorancias; e investirnos con la gracia de tu Espíritu Santo para enmendar nuestra vida conforme a tu Santa Palabra;
     Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
     Hijo de Dios, suplicámoste nos oigas.
     Hijo de Dios, suplicámoste nos oigas.
     Oh Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo;
     Concédenos tu paz.
     Oh Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo;
     Ten misericordia de nosotros.
     Oh Cristo, óyenos.
     Oh Cristo, óyenos.
     Señor, ten misericordia de nosotros.
     Señor, ten misericordia de nosotros.
     Cristo, ten misericordia de nosotros.
     Cristo, ten misericordia de nosotros.
     Señor, ten misericordia de nosotros.
    
Señor, ten misericordia de nosotros.
 

 

¶ En seguida el Oficiante, y el Pueblo con él, dirán el Padre Nuestro.

 

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no dos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Amén.

¶ Si el Oficiante quiere, puede omitir todo cuanto sigue, hasta la Oración, Rogámoste humildemente, Oh Padre, etc.

     El Oficiante. Oh Señor, no procedas con nosotros según nuestros pecados.
     Resp. Ni nos pagues según nuestras iniquidades.

Oremos.

 

OH Dios, Padre Misericordioso, que no desprecias los gemidos de un corazón contrito, ni el anhelo de los angustiados; Acoge misericordiosamente las oraciones que te dirijimos en todos nuestras penas y adversidades, cuando nos oprimen; y atiéndenos con bondad, para que los males que la astucia y sutileza del demonio o del hombre obran contra nosotros, por tu buena providencia, sean reducidos a la nada; para que nosotros tus siervos, estando libres de persecuciones, te demos siempre gracias en tu Santa Iglesia; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¶ Oficiante y Pueblo.

    Oh Señor, levántate, ayúdanos y líbranos por amor de tu Nombre.

Oficiante.

 

OH Dios, hemos oído, y nuestros padres nos han contado, las obras gloriosas que Tú hiciste en sus días, y en tiempo anterior a ellos.

¶ Oficiante y Pueblo.

    Oh Señor, levántate, ayúdanos y líbranos, por tu honor.

Oficiante.

     Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo;
     Como era al principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
     Defiéndenos de nuestros enemigos, Oh Cristo.
     Mira benignamente nuestras aflicciones.
     Apiádate de la angustia de nuestros corazones.
     Perdona misericordiosamente los pecados de tu pueblo.
     Oye favorable y misericordiosamente nuestros ruegos.
     Oh Hijo de David, ten misericordia de nosotros.
     Ahora y siempre dígnate oírnos, Oh Cristo.
     Oyenos misericordiosamente, Oh Cristo; óyenos bondadosamente, Oh Cristo, Señor Nuestro.

     Oh Señor, muéstranos tu misericordia;
     Como confiamos en ti.

Oremos.

 

ROGAMOSTE humildemente, Oh Padre, que te dignes mirar con piedad nuestras flaquezas; aparta de nosotros, por la gloria de tu Nombre, todos estos males que tan justamente hemos merecido; concédenos, que en todas nuestras calamidades pongamos toda nuestra esperanza y confianza en tu misericordia, y que te sirvamos siempre en santidad y en pureza de vida, a tu honra y gloria; por la intercesión de nuestro solo Mediador y Abogado, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¶ El Oficiante puede terminar aquí la Letanía, o añadir a discreción otras Oraciones de este Libro.

 

 

 Oficio Penitencial para el Miércoles de Ceniza

 

 

¶ El Primer Día de Cuaresma, el Oficio siguiente puede ser leído inmediatamente después de la Oración, Rogámoste humildemente, Oh Padre, en la Letanía; o puede ser usado en la Oración Matutina o la Vespertina, o como Oficio aparte. ¶ El mismo Oficio puede leerse otras veces, a juicio del Oficiante.

 

¶ El Oficiante y el Pueblo arrodillados dirán el Salmo siguiente.  Miserere mei, Deus. Salmo li.

 

TEN misericordia de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia, * conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
     Lávame más y más de mi maldad, * y límpiame de mi pecado:
    Porque yo reconozco mis rebeliones; * y mi pecado está siempre delante de mí.
     A ti, a ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; * porque seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.
     He aquí en maldad he sido formado; * y en pecado me concibió mi madre.
     He aquí, Tú amas la verdad en lo íntimo; * y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
     Purifícame con hisopo, y seré limpio; * lávame y seré emblanquecido más que la nieve.
     Hazme oír gozo y alegría; * y se recrearán los huesos que has abatido.
     Esconde tu rostro de mis pecados; * y borra todas mis maldades.
     Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; * y renueva un espíritu recto dentro de mí.
     No me eches de delante de ti; * y no quites de mí tu Santo Espíritu.
     Vuélveme el gozo de tu salvación; * el Espíritu libre me sustente.
     Enseñaré a los prevaricadores tus caminos; * y pecadores se convertirán a ti.
     Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; * cantará mi lengua tu justicia.
     Señor, abre mis labios; * y publicará mi boca tu alabanza.
     Porque no quieres Tú sacrificio, que yo daría; * no quieres holocausto.
     Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; * al corazón contrito y humillado no despreciarás Tú, oh Dios.
     Gloria al Padre, y al Hijo, * y al Espíritu Santo;
     Como era al prinicipio, es ahora, y será siempre; * por los siglos de los siglos. Amén.

¶ Si ya se dijo la Letanía entera, el Oficiante puede pasar al Responsorio, Oh Señor, salva a tus siervos.

Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Penitential Office
for Ash Wednesday

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Amén.

    Oh Señor, salva a tus siervos;
    Que ponen su confianza en ti.
    Envíales ayuda desde lo alto.
    Y defiéndelos siempre con tu poder.
    Ayúdanos, oh Dios, Salvador nuestro.
    Y por la gloria de tu Nombre líbranos; ten misericordia de nosotros pecadores, por el amor de tu Nombre.
    Oh Señor, oye nuestra oración.     Y llegue a ti nuestro clamor.

Oremos.

 

OH Señor, te suplicamos oigas misericordiosamente nuestros ruegos, y perdones a todos los que te confesan sus pecados; para que a quienes la conciencia acusa de pecado, por tu perdón misericordioso sean absueltos; mediante Cristo nuestro Señor. Amén.

 

OH Dios Omnipotente, y Padre misericordioso, que tienes compasión de todos los hombres, y que no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta de su pecado, y sea salvo; Perdónanos misericordiosamente nuestras culpas; acoge y consuela a los que estamos agobiados y cansados con el peso de nuestros pecados. Es propio de ti siempre tener misericordia; sólo a ti pertenece el perdonar los pecados. Perdónanos, por lo tanto, buen Señor, perdona a tu pueblo, que Tú has redimido; no entres en juicio contra tus siervos; mas aparta tu enojo de nosotros, que conocemos humildemente nuestros pecados, y nos arrepentimos verdaderamente de nuestras culpas; apresúrate a ayudarnos en este mundo, y haz que vivamos contigo en el venidero; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

¶ Luego el pueblo dirá, siguiendo al Oficiante, lo que sigue.

 

CONVIERTENOS, buen Señor, y seremos convertidos. Sé propicio, oh Señor, Sé propicio a tu pueblo, Que se vuelve a ti con lágrimas, ayuno y oración. Porque Tú eres Dios misericordioso, Lleno de compasión, Muy paciente, y de gran piedad. Tú perdonas cuando nosotros merecemos castigo, Y aun en tu ira te acuerdas de la misericordia. Perdona a tu pueblo, buen Señor, perdónalo, Y que no sea entregada a confusión tu herencia. Oyenos, oh Señor, porque tu misericordia es grande, Y míranos según la multitud de tus piedades; Mediante los méritos y mediación de tu bendito Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

¶ Después el Oficiante dirá.

 

OH Dios, cuya invariable disposición y naturaleza es ser misericordioso; Recibe nuestras humildes súplicas; y aunque nos hallamos ligados con la cadena de nuestras culpas, haz que tu misericordia y gracia infinitas nos desaten; para honra de Jesucristo, nuestro Mediador y Abogado. Amén.

 

EL SEÑOR nos bendiga, y nos guarde. El SEÑOR haga resplandecer su faz sobre nosotros, y nos sea propicio. El SEÑOR dirija a nosotros su rostro, y nos dé paz, ahora y por siempre. Amén.

 

 

Orden para La Administración de la

Cena del Señor o Santa Comunión

 

¶ Al tiempo de to Comunión la Santa Mesa estará cubierta con un mantel blanco y limpio, y et Presbítero, puesto de pie reverentemente ante la Santa Mesa, dirá el Padre Nuesiro y Ia Colecta que sigue, estando el Pueblo de rodillas; pero el Padre Nuestro puede omitirse a discreción del Presbítero.
 

 

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra, como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas libranos de mal. Amen.
 

Lord's Prayer

Colecta.

DIOS Omnipotente, para quien todos los corazones están manifiestos, todos los deseos conocidos, y ningún secreto encubierto; Purifica Los pensamientos de nuestros corazones con la inspiración de tu Santo Espíritu, para que perfectamente te amemos, y dignamente celebremos tu Santo Nombre; por Cristo nuestro Señor. Amen.

 

¶ Entonces el Presbítero, volviéndose al Pueblo dirá distintamente Los Diez Mandamientos y continuando el Pueblo de rodillas, pedirá perdón a Dios, al fin de cada Mandamiento, por haberlos quebrantado en el pasado, y gracia para guardarlos en lo sucesivo.

¶ Y NÓTESE que al decir Los Diez Mandamientos el Presbítero puede omitir la parte del Mandamiento impresa entre paréntesis.

¶ El Decálogo puede omitirse menos un domingo cada mes. Pero NÓTESE, que cuando se omita, el Presbítero debe decir el Sumario de la Ley, comenzando: Oid lo que dice Jesucristo nuestro Señor.
 

Collect

for Purity

El Decálogo.

 

DIOS habló estas palabras, diciendo:


    Yo soy el SEÑOR tu Dios; No tendrás dioses ajenos delante de mí.
    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra; No te postrarás delante de ellas, ni les darás culto;

(porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me aborrecen; y que hago misericordia en millares a los que me aman y guardan mis mandamientos.)

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    No tomarás el Nombre del SEÑOR tu Dios en vano;

(porque el SEÑOR no tendrá por inocente al que tomare su Nombre en vano.)

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    Acuérdate del día de descanso para santificarlo.

(Seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el séptimo es el día de descanso del SEÑOR tu Dios. En él no harás obra ninguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, yen el día séptimo reposó: por tanto el SEÑOR bendijo el día séptimo y lo santificó.)

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    Honra a tu padre y a tu madre;

(para que tus días se alarguen sobre la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.)

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    No matarás.
    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    No cometerás adulterio.
Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

     No hurtarás.
     Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    No dirás contra tu prójimo falso testimonio.
    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    No codiciarás

(la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su criado, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.)

    Señor, ten misericordia de nosotros, y graba todos estos tus Mandamientos en nuestros corazones, te suplicamos.
  

The Decalogue (Ten

Commandments)

¶ Entonces el Presbítero puede decir,

    Oíd también lo que dice Jesucristo nuestro Señor.

AMARAS al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste; Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.

 

¶ Aquí, si el Decálogo ha sido omitido, se dirá,

 

Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.

 

¶ Entonces el Presbítero puede decir,

OH Señor omnipotente y Dios eterno, suplicámoste te dignes dirigir, santificar y gobernar nuestros corazones y cuerpos en los caminos de tus leyes, y en las obras de tus mandamientos; para que, por tu poderosísima protección, ahora y siempre, seamos preservados en cuerpo y alma; mediante Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Amén.

¶ Entonces se dirá,

 

Resp.

El Señor sea con vosotros.
Y con tu espíritu.

Presbítero.

Oremos.

 

¶ Entonces el Presbítero dirá la Colecta del Día, y después de la Colecta, el Ministro designado leerá la Epístola, diciendo: La Epístola está escrita en el Capítulo — de —, comenzando en el versículo —. Y acabada la Epístola, dirá, Aquí termina la Epístola.

¶ Aquí podrá cantarse un Himno o una Antífona.

 

¶ Entonces, estando el pueblo de pie, el Presbítero designado leerá el Evangelio, diciendo antes, El Santo Evangelio está escrito en el Capítulo — de —, comenzando en el Versículo —.

 

¶ Aquí se dirá,

 

Gloria a ti, oh Señor.

 

¶ Y después del Evangelio puede decirse,

 

Loor a ti, oh Cristo.

 

¶ Entonces se dirá el Credo, llamado comúnmente Niceno, o bien el Credo de los Apóstoles; pero puede omitirse si se ha dicho inmediatamente antes en la Oración Matutina. El Credo de Nicea no debe omitirse el Día de la Natividad, la Domínica de Pascua, el Día de la Ascensión, el Día de Pentecostés, y la Domínica de la Trinidad.
 

 

Summary of the Law

CREO en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, Y de todas las cosas visibles e invisibles: en un solo Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios; Engendrado del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, Verdadero Dios de Verdadero Dios; Engendrado, no hecho; Consubstancial al Padre; Por quien todas las cosas fueron hechas: Quien por los hombres y por nuestra salvación descendió del cielo, Y fué encarnado por el Espíritu Santo de la Virgen María, Y fué hecho hombre: Y también por nosotros fué crucificado bajo Poncio Pilato; Padeció, y fué sepultado: Resucitó al tercer día según las Escrituras: Ascendió a los cielos, Y está sentado a la diestra del Padre: Y vendrá otra vez, con gloria juzgar a los vivos y a los muertos; Cuyo reino no tendrá fin.


    Y creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, Procedente del Padre y del Hijo; Quien con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado; Quien habló por los Profetas: Y creo en la Iglesia Una, Católica y Apostólica: Y reconozco un Bautismo para remisión de pecados: Y espero la Resurrección de los muertos: Y la Vida en los Siglos venideros. Amén.

 

¶ Entonces se anunciará al Pueblo los Días de Fiesta o de Ayuno que deben observarse en la semana siguiente. Asimismo (si la ocasión lo requiere) se dará noticia de la Santa Comunión, de las Amonestaciones de Matrimonio y de otras cosas que deban anunciarse.

 

¶ Aqui, o inmediatamente después del Credo, puede decirse la Exhortación a la Oración o cualquiera otra de las Oraciones o Intercesiones autorizadas.

 

¶ Entonces seguirá el Sermón, y después, el Presbítero, cuando haya Comunión volverá a la Santa Mesa, y comenzará el Ofertorio, diciendo una o más de las Sentencias siguientes, como juzgue más conveniente.
 

Nicene Creed

 

ACORDAOS de las palabras del Señor Jesús, quien dijo; Más bienaventurada cosa es dar, que recibir. Hechos xx. 35.


    Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. S. Mateo v. 16.


    No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. S. Mateo vi. 19, 20.


    No todo el que me dice, Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. S. Mateo vii. 21.


    El que siembre con escasez, con escasez también segará; y el que siembre en bendiciones, en bendiciones también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón; no con tristeza, o por necesidad; porque Dios ama al dador alegre. II Cor. ix. 6, 7.


    Entre tanto que tenemos tiempo, hagamos bien a todos; y mayormente a los que son de la familia de la fe. Gal. vi. 10.


    Dios no es injusto para olvidar vuestra obra, y el tra bajo de amor que habéis mostrado a su nombre, habiendo asistido y asistiendo aún a los santos. Heb. vi. 10.


    De hacer bien, y de la distribución no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. Heb. xiii. 16.


    El que tuviere bienes de este mundo, y viere a su her mano tener necesidad, y le negare su compasión, ¿ cómo está el amor de Dios en él? 1. S. Juan iii. 17.


    Sé caritativo según tus posibles. Si tuvieres mucho, da con abundancia; si poco, procura dar de buena gana, aún de lo poco que tuvieres; pues con eso te atesoras una gran recompensa para el día del apuro. Tob. iv. 8, 9.


    Y, respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis. S. Mateo xxv. 40.


    ¿ Cómo pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿ Y cómo creerán a aquel de quien no han oído? ¿ Y cómo oirán, sin haber quien les predique? ¿ Y cómo predicarán, si no fueren enviados? Rom. x. 14, 15.


    Y les decía Jesús, la mies a la verdad es mucha, mas los obreros son pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. S. Luc. x. 2.


    Y no comparecerás vacío delante del SEÑOR; cada uno con el don de su mano, conforme a la bendición del SEÑOR tu Dios que te hubiere dado. Deut. xvi. 16, 17.


    Tuya, oh SEÑOR, es la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo es el reino, oh SEÑOR, y la altura sobre todos los que están por cabeza. I Cron. xxix. 11.     Todo es tuyo, oh SEÑOR, y de lo tuyo te damos. I Cron. xix. 14.

 

¶ NÓTESE, que estos Versículos pueden usarse en cualquiera otra ocasión durante los Oficios Divinos cuando se reciben las ofrendas del Pueblo.

 

¶ Los Diáconos, Guardianes de la Iglesia u otras personas competentes que sean nombradas, recogerán las Limosnas para los Pobres, y demás Ofrendas del Pueblo, en una Bandeja decente que proveerá la Parroquia para este fin; y las llevará con reverencia al Presbítero, quien las ofrecerá humilde mente, y las pondrá sobre la Santa Mesa.

 

¶ Entonces el Presbítero ofrecerá, y pondrá sobre la Santa Mesa, el Pan y el Vino.

 

¶ Al momento de recibir y presentar las Limosnas y Oblaciones, puede cantarse un Himno o Antífona ya sea de las Santas Escrituras o del Libro de Ora ción Común, bajo la dirección del Presbítero.

 

¶ Aquí el Presbítero puede solicitar las intercesiones secretas de la Congregación en favor de aquellos que desean las oraciones de la Iglesia.

 

¶ Entonces el Presbítero dirá,
 

Offertory sentences

    

Oremos por toda la Iglesia de Cristo.

 

OMNIPOTENTE y eterno Dios, que por tu santo Apóstol nos has enseñado a hacer oraciones y súplicas, y darte gracias por todo el género humano; Pedí oste con toda humildad, que te dignes aceptar nuestras [limosnas y] oblaciones, y recibir estas nuestras oraciones, que ofrecemos a tu Divina Majestad; suplicándote que continuamente inspires a la Iglesia Universal con el espíritu de verdad, unión y concordia: Y que concedas a todos los que confiesan tu Santo Nombre, que convengan en la verdad de tu santa Palabra, y vivan unánimes y en caridad piadosa.
   

Asimismo, te suplicamos, que de tal modo dirijas y dispongas los corazones de todas las Autoridades Cristianas, que puedan hacer justicia con toda imparcialidad y equi dad, para castigo de los vicios y maldades, y exaltación de tu verdadera religión y de la virtud.
   

Da gracia, oh Padre Celestial, a todos los Obispos y otros Ministros, para que puedan, tanto con su vida como con su doctrina, presentar al mundo tu Palabra de verdad y de vida, y administrar recta y debidamente tus santos Sacramentos.
   

 

Y a todo tu pueblo da tu gracia celestial; especialmente a esta congregación aquí presente; a fin de que, con humildad de corazón y debida reverencia, puedan oír y recibir tu santa Palabra; sirviéndote fielmente en santidad y justicia todos los días de su vida.
   

Y te suplicamos muy humildemente, que por tu bondad, oh Señor, te dignes consolar y socorrer a todos aquellos que en esta vida transitoria se hallan angustiados, tristes, necesitados, enfermos o en otra cualquiera adversidad.


    Y asimismo bendecimos tu Santo Nombre por todos tus siervos que han partido de esta vida en tu fe y temor; suplicándote les concedas un crecimiento continuo en tu amor y servicio, y nos des tu gracia para seguir de tal modo sus buenos ejemplos, que con ellos seamos partícipes de tu reino celestial. Concédenos esto, oh Padre, por amor de Jesucristo, nuestro solo Mediador y Abogado. Amén.
 

Prayer for the Church

¶ Entonces el Presbítero dirá a todos los que vienen a recibir la Santa Comunión,

 

 

VOSOTROS, los que os arrepentís sinceramente de vuestros pecados, y estáis en caridad y amor con vuestros prójimos, y hacéis propósito de vivir una vida nueva, siguiendo los mandamientos de Dios, y andando de aquí en adelante en sus santos caminos; Acercáos acá con fe, y tomad este santo Sacramento para vuestro consuelo; y haced vuestra humilde confesión a Dios Omnipotente, devotamente arrodillados.

 

 

Invitation

¶ Entonces se hará esta Confesión General por el Presbítero, y por todos los que desean recibir la Santa Comunión, humildemente arrodillados.

 

OMNIPOTENTE Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Hacedor de todas las cosas, Juez de todos los hombres; Nosotros reconocemos y lamentamos los muchos pecados y maldades, Que en varias ocasiones hemos cometido gravemente, Por pensamiento, palabra y obra, Contra tu Divina Majestad, Provocando muy justa mente tu ira e indignación contra nosotros Sinceramente nos arrepentimos, Y de todo corazón nos dolemos de todas estas nuestras culpas; Su memoria nos aflige; Su peso es intolerable Ten misericordia de nosotros, Ten misericordia de nosotros, Padre misericordiosísimo; Por amor de tu Hijo nuestro Señor Jesucristo, Perdónanos todo lo pasado; concede que podamos en adelante, Servirte y agradarte una vida nueva, Para honra y gloria de tu Nombre; Mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 

 

Confession

¶ Entonces el Presbitero (o el Obispo si esta presente) poniendose de pie y volviéndose al Pueblo dira

 

DIOS Omnipotente, nuestro Padre celestial, que por su gran misericordia ha prometido el perdón de los pecados de todos los que con sincero arrepentimiento y verdadera fe se convierten a El; Tenga misericordia de vosotros; os perdone y os libre de todos vuestros pecados; os confirme y fortalezca en toda virtud; y os conduzca a la vida eterna; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.


 

VENID a mí, todos los que estáis trabajados y agobiados, que yo os haré descansar. S. Mateo xi. 28.


    Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dió a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. S. Juan iii. i6.

 

    Oíd también lo que dice San Pablo:


    Palabra fiel y digna de ser recibida de todos, Que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. 1 Tim. i. 15.

   

Oíd también lo que dice San Juan:


    Si alguno hubiere pecado, Abogado tenemos para...

 

 

Absolution

Entonces dirá el Presbítero,

 

    Oíd qué palabras tan consoladoras dice Cristo nuestro Salvador, a todos los que verdaderamente se convierten a El. con el Padre, a Jesucristo el justo; y El es la propiciación por nuestros pecados. 1 San Juan ii. i, 2.

 

¶ Después de lo cual, el Presbítero proseguirá, diciendo,

 

Resp.

Elevad vuestros corazones.
Los elevamos al Señor.

Presbítero.

Demos gracias a Dios nuestro Señor.

Resp.

Dárselas es digno y justo.

 

 

¶ Entonces el Presbítero, volviéndose hacia la Santa Mesa, dirá,

 

ES verdaderamente digno, justo y de nuestro deber, que en todos tiempos y en todos lugares, te demos gracias, oh Señor, Santo Padre, Omnipotente, Eterno Dios.

¶ Aquí se dirá el Prefacio Propio según el tiempo, si hubiere alguno seña lado; si no, inmediatamente el Presbítero dirá o cantará,

 

POR tanto, con Angeles y Arcángeles, y con toda la compañía del cielo, alabamos y magnificamos tu glo rioso Nombre; ensalzándote siempre y diciendo:

Presbitero y Pueblo.

SANTO, SANTO, SANTO, Señor Dios de los Ejercitos, Llenos estan los cielos y la tierra de tu gloria: Gloria a ti, Oh Señor Altísimo. Amén.

 

 

Comfortable Words

 

PREFACIOS PROPIOS

 

NAVIDAD.

 

¶ En el Día de Navidad, y siete días después.

PORQUE nos diste a tu Hijo único, Jesucristo, para que naciese por nosotros en un tiempo como éste; Quien, por obra del Espíritu Santo, fué hecho verdadero hombre, de la substancia de su bendita madre, la Virgen María; y esto sin mancha de pecado, para que nos limpiase de todo pecado.
   
Por tanto, con Angeles, etc.
 

PROPER PREFACES:

Christmas

 

EPIFANÍA.

 

¶ En la Epifanía, y siete días después.

POR Jesucristo nuestro Señor; Quien, en la substancia de nuestra carne mortal, manifestó su gloria; para poder traernos de las tinieblas a su luz gloriosa.
   
Por tanto, con Angeles, etc.
 

Epiphany

 

PURIFICACIÓN, ANUNCIACIÓN Y TRANSFIGURACIÓN.

 

¶ En las Fiestas de la Purificación, la Anunciación y la

 

Transfiguración.

PORQUE en el Misterio del Verbo hecho carne, creaste nueva luz para iluminar nuestros corazones, y damos el conocimiento de tu gloria en la faz de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.
   
Por tanto, con Angeles, etc.
 

Feasts of the

Purification,

 Annunciation &

Transfiguration

PASCUA DE RESURRECCIÓN

 

Pascual, que se ofreció por nosotros, y ha quitado los pecados del mundo; El que por su muerte ha destruído la muerte, y por su Resurrección nos ha restaurado a la vida eterna.
   

Por tanto, con Angeles, etc.
 .

¶ En el día de Pascua de Resurrección, y siete días después.

 

MAS principalmente estamos obligados a bendecirte por la gloriosa Resurrección de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor: porque El es el verdadero Cordero

Easter

 

ASCENSIÓN.

 

¶ En el día de la Ascensión, y siete días después.

 

POR tu amadísimo Hijo Jesucristo nuestro Señor; Quien, después de su gloriosísima Resurrección, apareció claramente a todos sus Apóstoles, y en su presencia ascendió a los cielos, a preparar un lugar para nosotros; para que podamos también ascender a donde El está, y reinar con El en gloria.
   
Por tanto, con Angeles, etc.
 

Ascension

PENTECOSTÉS.

 

¶ En la Domínica de Pentecostés, y los seis días siguientes.

 

POR Jesucristo nuestro Señor; conforme a cuya fiel promesa, el Espíritu Santo descendió del cielo, en un tiempo como éste, reposando sobre los Discípulos, para enseñarles, y guiarles a toda verdad; dándoles valor para que con ferviente celo predicasen constantemente el Evangelio a todas las naciones; por cuyo medio hemos sido sacados de tinieblas y error a la luz clara y al conocimiento verdadero de ti, y de tu Hijo Jesucristo.
   
Por tanto, con Angeles, etc.
 

Whitsuntide

DOMÍNICA DE LA TRINIDAD.

 

En la Fiesta de la Trinidad solamente.

 

QUE, con tu Unigénito Hijo, y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, un solo Señor, en Trinidad de Personas y en Unidad de Substancia. Porque lo que creemos de tu gloria, oh Padre, lo mismo creemos del Hijo, y del Espíritu Santo, sin ninguna diferencia de desigualdad.
    Por tanto, con Angeles, etc.

 

¶ O éste.

 

POR la preciosa muerte y los méritos de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor, y por la venida a nosotros del Espíritu Santo, el Consolador; que son uno contigo en tu Deidad Eterna.
   
Por tanto, con Angeles, etc.
 

Trinity Sunday

TODOS LOS SANTOS.

 

¶ En el día de Todos los Santos, y siete días después.

 

QUE, en la multitud de tus santos, nos has rodeado con una nube tan grande de testigos para que, regocijándonos en su comunión, podamos correr con paciencia la carrera que nos es propuesta, y, junto con ellos, recibir la inmarcesible corona de gloria.
    Por tanto, con Angeles y Arcángeles, y con toda la compañía del cielo, alabamos y magnificamos tu glorioso Nombre
; ensalzándote siempre y diciendo,

Presbitero y Pueblo.

   

 

SANTO, SANTO, SANTO, Señor Dios de los Ejercitos, Llenos estan los cielos y la tierra de tu gloria: Gloria a ti, Oh Señor Altísimo. Amén

 

All Saints

¶ Cuando el Presbítero, de pie ante la Santa Mesa haya puesto en orden el Pan y el Vino, de tal manera que pueda con más facilidad y decencia partir el Pan ante el pueblo, y tomar el Cáliz en sus manos, dirá la Oración de Consagración, como sigue.

 

GLORIA a Ti, Dios Omnipotente, nuestro Padre celestial, porque Tú, en tu inmensa misericordia, entregaste a tu único Hijo Jesucristo para sufrir muerte en la Cruz por nuestra redención; quien hizo allí (por la oblación de sí mismo una vez ofrecida) un completo, perfecto y suficiente sacrificio, oblación y satisfacción, por los pecados de todo el mundo; e instituyó, y en su santo Evangelio nos mandó continuar, una perpetua memoria de aquella su preciosa muerte y sacrificio, hasta su segunda venida: Porque en la misma noche en que fué entregado, (a) tomó Pan; y habiendo dado gracias, (b) lo partió, y lo dió a sus discípulos, diciendo, Tomad, comed, (c) ésto es mi Cuerpo, que por vosotros es dado; Haced ésto en memoria de mí. Asimismo, después de la cena, (d) tomó el Cáliz; y habiendo dado gracias, lo dió a ellos, diciendo, Bebed vosotros todos de éste; porque (e) ésto es mi Sangre del Nuevo Testamento, que es derramada por vosotros, y por muchos, para remisión de pecados; Haced ésto, cuantas veces lo bebiéreis; en memoria de mí.
 

 

Prayer of Consecration

La Oblación.

POR tanto, oh Señor y Padre celestial, Según la institución de tu amado Hijo, nuestro Salvador Jesucristo, nosotros, tus humildes siervos, celebramos y hacemos aquí ante tu Divina Majestad, con estos tus santos dones, que ahora te ofrecemos, el memorial que tu Hijo nos ha mandado hacer; recordand su bendita pasión y preciosa muerte, su poderosa resurrección y gloriosa ascensión; tributándote las más cordiales gracias por los innumerables beneficios procurados para nosotros por las mismas.
 

The Oblation

La Invocación.

Y SUPLICAMOSTE humildemente, oh Padre misericordioso, nos escuches; y, por tu poderosa bondad, te dignes bendecir y santificar, con tu Verbo y Espíritu Santo, estos tus dones y criaturas de pan y vino; para que recibiéndolos, conforme a la santa institución de tu Hijo, nuestro Salvador Jesucristo, en memoria de su pasión y muerte, seamos partícipes de su muy bendito Cuerpo y Sangre.
 

Y DESEAMOS ardientemente que tu bondad paternal acepte benignamente éste nuestro sacrificio de alabanza y acción de

The Invocation

gracias; suplicándote muy humildemente nos concedas que, por los méritos y la muerte de tu Hijo Jesucristo, y mediante nuestra fe en su Sangre, nosotros, y toda tu Iglesia, obtengamos la remisión de nuestros pecados, y todos los demás beneficios de su pasión. Y aquí, Señor, nos presentamos y hacemos ofrenda de nosotros mismos, nuestras almas y nuestros cuerpos, como un sacrificio razonable, santo y vivo, para ti; rogándote humildemente, que nosotros, y todos los que participemos de esta Santa Comunión, recibamos dignamente el preciosísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo Jesucristo, y seamos llenos de tu gracia y bendición celestial, y hechos un cuerpo con El, para que El habite en nosotros, y nosotros en El. Y aunque, por nuestros muchos pecados, somos indignos de ofrecerte sacrificio alguno; sin embargo te suplicamos aceptes éste nuestro deber y servicio obligatorio; no pesando nuestros méritos, sino perdonando nuestras ofensas, mediante Jesucristo nuestro Señor; por Quien, y con Quien, en la unidad del Espíritu Santo, sea todo honor y gloria a ti, oh Padre omnipotente, por los siglos de los siglos. Amén.
 

 

Y ahora, conforme nuestro Salvador Cristo nos ha enseñado, nos atrevemos a decir:

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre jamás. Amén.
 

Lord's Prayer

¶ Entonces el Presbítero, arrodillándose delante de la Mesa del Señor, dirá en nombre de todos los que han de recibir les Comunión, la Oración siguiente.

NOSOTROS no nos atrevemos a venir a ésta tu Mesa, oh Señor misericordioso, confiados en nuestra rectitud, sino en tus muchas y grandes misericordias. No somos dignos ni aún de recoger las migajas debajo de tu Mesa. Mas Tú eres el mismo Señor, siempre misericordioso por naturaleza: concédenos, por tanto, Señor, por tu clemencia, que de tal modo comamos la Carne de tu amado Hijo Jesucristo, y bebamos su Sangre, que nuestros cuerpos pecadores sean limpios por su Cuerpo, y nuestras almas lavadas por su preciosísima Sangre; y que siempre vivamos en El, y El en nosotros. Amén.

 

¶ Aquí podrá cantarse un himno.

 

¶ Entonces el Presbítero recibirá primero, la Santa Comunión en ambas especies, y luego procederá a darla de igual modo a los Obispos, Presbíteros y Diáconos (si hubiere algunos presentes), y enseguida al Pueblo también en orden, poniéndola en sus manos, devotamente arrodillados. Se dará oportunidad suficiente a todos los presentes para comulgar. Y cuando dé el Pan, dirá,
 

 

Prayer of

Humble Access

EL Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, que fué dado por ti, preserve tu cuerpo y alma para la vida eterna. Toma y come esto en memoria de que Cristo murió por ti, y aliméntate de El en tu corazón por fe, con acción de gracias.

 

¶ Y el Ministro al dar el Cáliz dirá,

 

A Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que fué derramada por ti, preserve tu cuerpo y alma para la vida eterna. Bebe esto en memoria de que la Sangre de Cristo fué derramada por ti, y sé agradecido.

 

¶ Si el Pan o el Vino consagrados se acaban antes de que todos hayan comulgado, el Presbítero consagrará más, según la forma prescrita anteriormente comenzando en el Gloria a Ti, Dios Omnipotente, y acabando con las palabras, partícipes de su muy bendito Cuerpo y Sangre.

 

¶ Cuando todos hayan comulgado, el Presbítero volverá a la Mesa del Señor, y pondrá reverentemente sobre ella lo que hubiere quedado de los Elementos consagrados, cubriéndolos con un lienzo limpio.

 

¶ Entonces el Presbítero dirá,


 Oremos:  OMNIPOTENTE y eterno Dios, te damos cordiales gracias, porque te dignas nutrir a los que hemos recibido

Words of

Administration

debidamente estos santos misterios, con el alimento espiritual del preciosísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo nuestro Salvador Jesucristo; y nos aseguras por ello tu favor y bondad para con nosotros; y que somos verdaderos miembros incorporados al Cuerpo místico de tu Hijo, que es la bendita compañía de todo el pueblo fiel; siendo también, por medio de la esperanza, herederos de tu reino eterno, por los méritos de su preciosísima muerte y pasión. Y te suplicamos, muy humildemente, oh Padre Celestial, que de tal modo nos asistas con tu gracia, que continuemos en tan santa compañía, y hagamos todas las buenas obras que Tú has preparado para que andemos en ellas; mediante Jesucristo nuestro Señor, a quien, contigo y el Espíritu Santo, sea todo honor y gloria, por los siglos de los siglos. Amén.
 

 

Post-Communion Thanksgiving

¶ Estando todos de pie, entonces se dirá el Gloria in excelsis, o cualquier Himno apropiado.

 

GLORIA a Dios en las alturas, y en la tierra paz, a los hombres buena voluntad. Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te damos gracias, por tu grande gloria, Oh Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Omnipotente.
    Oh Señor, Hijo Unigénito, Jesucristo; Oh Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. Tú, que quitas los pecados del mundo, acepta nuestra oración. Tú, que estás sentado a la diestra de Dios Padre, ten misericordia de nosotros.


    Porque Tú sólo eres santo; Tú sólo eres el Señor; Tú sólo eres Altísimo, oh Cristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

 

¶ Entonces, el Pueblo arrodillado, el Presbítero (o el Obispo, si estuviere presente) lo despedirá con esta Bendición.

 

LA Paz de Dios, que excede a todo entendimiento, guarde vuestros corazones y mentes en el conocimiento y amor de Dios, y de su Hijo Jesucristo nuestro Señor: Y la Bendición de Dios Omnipotente, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, sea con vosotros, y more con vosotros eternamente. Amén.
 

 

Gloria in excelsis

RUBRICAS GENERALES.

 

¶ En ausencia del Presbítero, un Diácono puede decir lo que está prescrito, en este oficio, hasta el fin del Evangelio. ¶ En domingo y otros días festivos (aunque no haya sermón, o Comunión), puede decirse lo que está prescrito en la Santa Comunión hasta el fin del Evangelio, terminando con la Bendición.

 

¶ Si sobrare Pan y Vino consagrados, después de la Comunión, no serán llevados fuera de la Iglesia; sino que el Presbítero, con otros comulgantes, deberá inmediatamente después de la Bendición, reverentemente consumirlos.

 

¶ Si entre los que vienen a participar de la Santa Comunión, el Presbítero sabe de alguno que abierta y notoriamente sea de mal vivir, o que haya ocasionado algún daño a su prójimo, por palabras u obra, de manera que la Congregación se halle ofendida; deberá advertirle que no presuma acercarse a la Mesa del Señor, hasta que haya declarado abiertamente su arrepentimiento sincero, y enmendado su mala vida pasada, para que así quede satisfecha la Congregación; y que haya recompensado a los que hubiere agraviado; o cuando menos, declare tener el firme propósito de hacerlo, tan pronto como pueda.

 

¶ Lo mismo observará el Presbítero con aquellos, entre los que sabe que existen odio y malicia; no permitiéndoles participar de la Mesa del Señor, hasta saber que se han reconciliado. Mas si una de las partes en desacuerdo está dispuesta a perdonar, de todo corazón, lo que la otra haya hecho en su contra, o a desagraviarla en lo que la hubiere ofendido; y la otra parte no está dispuesta a tener una piadosa reconciliación, sino que persiste en su desavenencia y malicia; el Presbítero, en ese caso, debe admitir a la Santa Comunión a la persona arrepentida y no al que permanece obstinado. Se advierte a todo Presbítero que cuando rechace a alguien, según queda especificado, está obligado a informar del caso a su Ordinario, dentro de los catorce días siguientes.
 

General Rubrics

EXHORTACIONES.

 

¶ Cuando el Presbítero celebre la Santa Comunión, puede decir la Exhorta ción que sigue. NÓTESE, que esta Exhortación deberá decirse en la Primera Domínica de Adviento, la Primera Domínica de Cuaresma y la Domínica de la Trinidad.

 

MUY amados en el Señor; vosotros, los que tenéis in tención de venir a la Santa Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo nuestro Salvador, debéis considerar la exhortación que San Pablo hace a toda persona a que diligentemente trate de examinarse a si mismo, antes de atreverse a comer de ese Pan, y beber de ese Cáliz. Pues así como es grande el beneficio, si con un corazón penitente y una fe viva recibimos este Santo Sacramento; también es grande el peligro, silo recibimos indignamente. Juzgaos, pues, a vosotros mismos, Hermanos, para que no tengáis que ser juzgados del Señor; arrepentíos verdadera mente de vuestros pecados; tened una fe viva y firme en Cristo nuestro Salvador; enmendad vuestra vida, y estad en perfecta caridad con todos los hombres; y así seréis dignos partícipes de estos santos misterios. Sobre todo, debéis dar muy humildes y cordiales gracias a Dios, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, por la redención del mundo, por la muerte y pasión de Cristo nuestro Salvador, Dios y Hombre; quien se humilló a sí mismo, hasta la muerte en la Cruz, por nosotros, miserables pecadores, que estábamos en tinieblas y sombra de muerte; para hacernos hijos de Dios, y exaltarnos a la vida eterna. Y a fin de que podamos siempre recordar el amor inmenso de nuestro Maestro, y único Salvador, Jesucristo, que así murió por nosotros, y los innumerables beneficios que ha obtenido para nosotros por el derramamiento de su pre ciosa sangre; El ha instituido y ordenado santos misterios, como prendas de su amor, para continua memoria de su muerte, y para nuestro grande y eterno consuelo. A El, pues, con el Padre y el Espíritu Santo, demos como es nuestro deber continuas gracias; sometiéndonos completa mente a su santa voluntad y beneplácito, y estudiando como servirle en verdadera santidad y justicia todos los días de nuestra vida. Amén.

 

¶ Cuando el Presbítero anuncie que va a celebrar la Santa Comunión (lo cual hará siempre en domingo, o en algún día de fiesta inmediato anterior), leerá la Exhortación que sigue, o la parte de ella que juzgue conveniente.

 

MUY amados, el día he determinado, con el favor de Dios, administrar a todos los que devota y religiosamente se hallen.dispuestos, el Sacramento muy consolador del Cuerpo y Sangre de Cristo; para que lo reciban en memoria de su meritoria Cruz y Pasión; por cuyo único medio obtenemos remisión de nuestros pe cados, y somos hechos partícipes del reino de los cielos. Por tanto es nuestro deber dar las gracias más humildes y sinceras a Dios Todopoderoso, nuestro Padre celestial, por habernos dado a su Hijo, nuestro Salvador Jesucristo, no solo para que muriese por nosotros, sino también para ser nuestro alimento y sostén espiritual en este Santo Sacramento. Siendo una cosa tan divina y consoladora para los que dignamente lo reciban, y tan peligrosa para los que se atreven a recibirlo indignamente; es mi obliga ción exhortaros a debido tiempo, a meditar en la dignidad de este santo misterio, y en el gran peligro que hay en recibirlo indignamente; por lo tanto escudriñad y examinad vuestras propias conciencias (no superficialmente, y de la manera que lo hacen los que tratan de engañar a Dios); sino de modo que vengáis santificados y limpios a este celestial banquete, con el vestido nupcial que, conforme a la santa Escritura, Dios requiere para que seáis recibidos como partícipes dignos de la Santa Mesa.


    El modo de lograr esto es: Primero, examinar vuestra vida y conducta, tomando como norma los mandamientos de Dios; confesar delante de Dios Todopoderoso todas las faltas que hallareis haber cometido por pensamiento, palabra y obra, llorando por vuestra iniquidad y proponiéndoos firmemente enmendar vuestra vida. Mas si notareis que habéis pecado no solo contra Dios, sino también contra vuestros prójimos, debéis asimismo reconciliaros con ellos, estando dispuestos a hacer todo lo posible por restituir y dar satisfacción por los daños y agravios que les hayáis causado, y prontos a perdonar a los que os hayan ofendido, así como deseáis vosotros ser perdonados por Dios; porque de otro modo, al recibir la Santa Comunión indignamente solo aumentará vuestra condenación. Por lo tanto, si alguno de vosotros fuere blasfemo contra Dios, enemigo o calumniador de la Palabra divina, adúltero, envidioso, tuviere odio contra su prójimo, o hubiere cometido algún otro grave crimen, arrepiéntase, o de lo contrario no se acerque a la Santa Mesa.


    Y puesto que se requiere para venir a la Santa Comunión, tener entera confianza en la misericordia de Dios, y tranquila la conciencia, si alguno de vosotros no puede sosegar su conciencia y necesita consuelo y consejo, venga a mí, o a algún otro Ministro de la Palabra de Dios, y manifieste su aflicción; para que reciba piadosos consejos y dirección que le sirvan para sosegar su conciencia, y quitarle todo escrúpulo y duda.

 

¶ En caso que observe que el pueblo es negligente para venir a la Santa Comunión, en lugar de la exhortación anterior puede usar la siguiente.

 

MUY amados, el día he determinado, con el favor de Dios, celebrar la Cena del Señor: a la que en el Nombre de Dios, invito a todos cuantos estáis presentes; y os ruego por el amor del Señor Jesucristo que no rehuséis acercaros a ella, puesto que sois tan amo rosamente llamados y convidados por el mismo Dios. Vosotros sabéis cuan duro y penoso sería para un hombre que, habiendo preparado un espléndido banquete y aderezado su mesa con todo género de manjares, no faltando nada sino que los convidados lleguen, con la mayor in gratitud y sin motivo alguno estos se rehusaren a venir no obstante haber sido llamados. ¿Quién de vosotros en igual caso no se indignaría? ¿Quién no hubiera creído que se le hacía una grave injuria y grande daño? Por tanto, carísimos en Cristo, no provoquéis a Dios rehusando venir a esta Santa Cena. Fácilmente se dice, no puedo recibir la Cena del Señor, porque me lo impiden los negocios mundanos. Empero tales excusas no son tan fácilmente admitidas ni aprobadas por Dios. Si alguno dijere, soy un miserable pecador y, por tanto, temo acercarme ¿ por qué entonces no se arrepiente y enmienda? Cuando Dios os llama, ¿ no os avergonzáis de responderle, no vamos? Cuando debierais convertiros a Dios ¿ os excusáis diciendo que todavía no estáis preparados? Vosotros mismos considerad seriamente de cuan poco valor son ante Dios excusas tan fútiles. Los que rehusaron el convite del Evangelio, porque habían comprado una granja, o querían probar una yunta de bueyes, o habían contraído matri monio, no fueron disculpados, sino considerados indignos del banquete celestial. Por lo cual en virtud de mi ministerio, os invito en el Nombre de Dios, os requiero de parte de Jesucristo, y os exhorto a que participéis de esta Santa Comunión si queréis salvar vuestras almas. Así como el Hijo de Dios tuvo a bien dar su vida muriendo en la cruz por salvaros, así también vosotros tenéis el deber de recibir la Comunión en memoria de su sacrificio y muerte, como El mismo os lo ha mandado. Considerad qué enorme ingratitud mostráis para con Dios, y cuán tremendo castigo os amenaza, si despreciáis este mandato; si voluntariamente os apartáis de la Mesa del Señor, y os separáis de vuestros hermanos que vienen a alimentarse en este banquete con ese manjar celestial. Meditad seriamente en todas estas cosas para que la gracia de Dios mueva vuestra voluntad hacia este fin. Para que así sea, no cesaremos de presentar nuestras humildes oraciones a Dios Omnipotente, nuestro Padre celestial.

 

 

Colectas, Epístolas y Evangelios, que se deben usar durante el Año
 

 

Colectas

 

 

¶ La Colecta, la Epístola y el Evangelio, designados para cada Domínica servirán toda la semana, cuando no está ordenado en este libro de otra manera.

 

¶ La Colecta designada para cualquier domingo, u otra fiesta puede usarse en el Oficio Vespertino del día anterior.

 
 

ESTACION DE ADVIENTO.

 

Primera Domínica de Adviento.

 

Colecta.

 

DIOS Todopoderoso, concédenos que echemos de nosotros las obras de las tinieblas, y nos revistamos con las armas de luz en esta vida mortal, a la cual Jesucristo tu Hijo, con grande humildad vino a visitarnos; para que en el día postrero, cuando vuelva con Majestad gloriosa a juzgar a los vivos y a los muertos, resucitemos a la vida inmortal, por el mismo Jesucristo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, ahora y por siempre. Amén.

 

¶ Esta Colecta se repetirá cada día después de las otras Colectas, durante el Adviento hasta la víspera de la Fiesta de la Natividad.

 

Epístola. Rom. xiii. 8.

Evangelio. S. Mat. xxi. i.

 

 

 

Segunda Domínica de Adviento.

 

Colecta.

 

BENDITO Señor, que hiciste que las Santas Escrituras se escribiesen para nuestra enseñanza; Concede que de tal manera las oigamos, las leamos, las consideremos, las aprendamos y las examinemos cuidadosamente, que podamos asimilarlas en nuestro interior, para que por medio de la paciencia, y del consuelo de tu santa Palabra, abracemos y conservemos hasta el fin, la esperanza bendita de lavida eterna, queTú nos has dado enJesucristo nuestro Salvador. Amén.

 

 

Epístola. Rom. xv. 4.

Evangelio. S. Lucas xxi. 25.

 

 

 

Tercera Domínica de Adviento.

 

Colecta.

 

OH Señor Jesucristo, que en tu primera venida enviaste tu mensajero a preparar tu camino delante de ti; Concede que los ministros y dispensadores de tus misterios preparen también, y dispongan tu camino, volviendo los corazones de los desobedientes a la sabiduría de los justos, para que en tu segunda venida a juzgar al mundo encuentres que somos un pueblo agradable a tus ojos; Tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo siempre, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Epístola. 1 Cor. iv. i.

Evangelio. S. Mat. xi. 2.

 

 

 

Cuarta Domínica de Adviento.

 

Colecta.

 

OH Señor, te rogamos que exaltes tu poder, y vengas a socorrernos con tu gran potencia y ya que por nuestros pecados y maldades nos hallamos abrumados e inhábiles para contender en la carrera que se nos propone, que tu gracia y tu misericordia abundantes prontamente nos libren y ayuden; mediante Jesucristo nuestro Señor, a quien, contigo y el Espíritu Santo, sean dadas honra y gloria eternamente. Amén.

 

Epístola. Filip. iv. 4.

Evangelio. S. Juan. i. 19.

 

 

 

ESTACION DE NAVIDAD.

 

El Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo o Fiesta de la Natividad. [25 de diciembre.]

 

Colecta.

 

OMNIPOTENTE Dios, que nos diste a tu unigénito Hijo para que tomase sobre sí nuestra naturaleza, y naciese en un tiempo como éste de una virgen pura; Concede, que siendo regenerados y hechos tus hijos por adopción y gracia, seamos cada día renovados con tu Santo Espíritu; mediante el mismo nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo y el mismo Espíritu siempre, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

¶ Esta Colecta deberá ser repetida diariamente durante la Octava.

Epístola. Heb. i. 1.

 

Evangelio. S. Juan. I.1.
 

 


 

 

¶ Si en una Iglesia se celebra dos veces la Santa Comunión, en el día de la Natividad, la Colecta, Epístola y Evangelio siguientes, pueden usarse en la primera.

 

Colecta.

 

OH Dios, que haces que nos regocijemos con el recuerdo anual del nacimiento de tu Hijo único Jesucristo; Concede que como alegremente lo recibamos por nuestro Redentor, así también lo recibamos con segura confianza cuando venga a ser nuestro Juez, quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Dios, por los siglos, de los siglos. Amén.

 

Epístola. Tito ii. 11.

Evangelio. S. Lucas ii. 1.

 

 

 

 

San Esteban, Diácono y Mártir.


[26 de diciembre.]

 

Colecta.

 

CONCEDE, oh Señor, que, en todos nuestros padecimientos aquí en la tierra por atestiguar tu verdad, fijemos nuestra vista en el Cielo, y por medio de la fe contemplemos la gloria que nos ha de ser revelada; y que, llenos del Espíritu Santo, aprendamos a amar y bendecir a nuestros perseguidores, según el ejemplo de tu primer Mártir San Esteban, quien te rogó por sus verdugos, oh bendito Jesús, Tú que estás a la diestra de Dios para socorrer a todos los que sufren por ti, nuestro solo Mediador y Abogado. Amén.

 

Por Epístola. Hechos. vii. 55.

Evangelio. 5. Mat. xxiii. 34.

 

 

 

San Juan, Apóstol y Evangelista. [27 de diciembre.]

 

 

Colecta.

 

MISERICORDIOSO Señor, te suplicamos que derrames sobre tu Iglesia los brillantes rayos de tu luz, para que, siendo iluminada con la doctrina de tu ben dito Apóstol y Evangelista San Juan, camine de tal modo a la luz de tu verdad, que finalmente alcance la vida ce lestial; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. 1 S. Juan i. 1.

Evangelio. S. Juan xxi. 19.

 

 

 

Los Santos Inocentes. [28 de diciembre.]

 

Colecta.

 

OMNIPOTENTE Dios, que por boca de los pequeñuelos y de los niños de pecho fundaste la fortaleza e hiciste que los parvulitos te glorificaran con su muerte; Mortifica y destruye en nosotros todo género de vicios y fortalécenos con tu gracia, para que por la inocencia de nuestras vidas, y por la constancia de nuestra fe aun hasta la muerte, glorifiquemos tu Santo Nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Por Epístola. Rev. xiv. i.

Evangelio. S. Mat. ii. 13.
 

 


 

 

¶ Si hubiere más días antes de la Domínica después de la Natividad la Epístola, y Evangelio primeros que se indican para el día de la Natividad servirán para ellos.

 

 

Primera Domínica después de la Natividad.

 

Colecta.

 

OMNIPOTENTE Dios, que nos diste a tu unigénito Hijo para que tomase sobre sí nuestra naturaleza, y naciese en un tiempo como éste de una virgen pura; Concede que siendo regenerados y hechos tus hijos por adopción y gracia, seamos cada día renovados con tu Santo Espíritu; mediante el mismo nuestro Señor Jesucristo, que contigo y el mismo Espíritu siempre es un solo Dios, y vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

Epístola. Gal. iv. 1.

Evangelio. S. Mat. i. 18.

 

 

 

Día de la Circuncisión de Cristo [1 de enero.]

 

Colecta.

 

DIOS Todopoderoso, que permitiste que tu bendito Hijo fuese circuncidado, y sujeto a la ley de los hombres; Otórganos la verdadera circuncisión del Espíritu; para que teniendo nuestros corazones y cuerpos mortificados para todo deseo mundano y carnal, te obedezcamos en todo y por todo según tu santa voluntad; mediante el mismo Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Filip. ii. 9.

Evangelio. S. Lucas ii. 15.

 

 

 

Segunda Domínica después de la Natividad.

 

Colecta.

 

DIOS Omnipotente, que has derramado sobre nosotros la nueva luz del Verbo encarnado; Concede que esa misma luz encendida en nuestros corazones pueda también brillar en nuestras vidas; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por Epístola. Isaías. lxi. 1.

Evangelio. S. Mat. ii. 19.

 

 

 

ESTACION DE EPIFANIA. [6 de enero.]

Epifanía, o la Manifestación de Cristo a los Gentiles.

 

 

Colecta.

 

OH Dios, que por medio de una estrella manifestaste tu unigénito Hijo a los Gentiles; Concede por tu misericordia que nosotros que ahora te conocemos por medio de la fe, después de esta vida tengamos la fruición de tu Gloriosa Deidad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

¶ Esta Colecta deberá ser repetida diariamente durante la Octava.

 

Epístola. Efes. iii. 1.

Evangelio. S. Mat. ii. 1.
 

 


 

 

¶ La Epístola, y Evangelio anteriores se usarán cada día, hasta el siguiente domingo.

 

Primera Domínica después de Epifanía.

 

Colecta.

 

OH Señor, suplicámoste que por tu gran clemencia recibas los ruegos de tu pueblo que te invoca; y concedas que conozca y comprenda lo que le es conveniente hacer, y que tu gracia y virtud le muevan a cumplirlo fielmente; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Rom. xii. 1.

Evangelio. S. Lucas ii. 41.

 

 

 

 

Segunda Domínica después de Epifanía.

 

Colecta.

 

OMNIPOTENTE y Eterno Dios, que gobiernas todas las cosas en el cielo y en la tierra; Oye misericordiosamente las súplicas de tu pueblo, y concédenos tu paz todos los días de nuestra vida; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Rom. xii. 6.

Evangelio. S. Marcos. i. 1.

 

 

 

 

Tercera Domínica después de Epifanía.

 

Colecta.

 

OMNIPOTENTE y eterno Dios, mira misericordiosamente nuestra fragilidad, y en todos nuestros peligros y necesidades extiende tu diestra para ayudarnos y defendernos: mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Rom. xii. 16.

Evangelio. S. Juan ii. 1.

 

 

 

Cuarta Domínica después de Epifanía.

 

Colecta.

 

OH Dios, que sabes nos hallamos rodeados de tantos y tan grandes peligros, que a causa de la fragilidad de nuestra naturaleza no podemos estar siempre firmes en lo justo; Concédenos la fortaleza y la protección necesarias para sostenemos en todo peligro, y triunfar de toda tentación; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Rom. xiii. 1.

Evangelio. S. Mat. viii. 1.

 

 

 

Quinta Domínica después de Epifanía.

 

Colecta.

 

OH Señor, te suplicamos guardes continuamente a tu Iglesia y Familia en tu verdadera religión; para que quienes confían solo en la esperanza de tu gracia celestial, sean defendidos siempre por tu gran poder; mediante Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Col. iii. 12.

Evangelio. S. Mat. xiii. 24.

 

 

 

 

Sexta Domínica después de Epifanía.

 

Colecta.

 

OH Dios, cuyo bendito Hijo fué manifestado para que destruyese las obras del diablo, y nos hiciese hijos de Dios, y herederos de vida eterna; Concédenos, te suplicamos, que, teniendo esta esperanza, imitemos su pureza; para que cuando aparezca otra vez con poder y grande gloria, seamos hechos semejantes a El en su eterno y glorioso reino; donde contigo, oh Padre, y contigo, oh Espíritu Santo, El vive y reina siempre, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Epístola. I S. Juan iii. 1.

Evangelio. S. Mat. xxiv. 23.

 

 

 

ESTACION ANTE-CUARESMAL.

 

 

Domínica de Septuagésima o tercera Domínica antes de la Cuaresma.

 

Colecta.

 

SUPLICAMOSTE Señor, oigas benignamente los ruegos de tu pueblo; para que los que justamente somos castigados por nuestras culpas, seamos por tu bondad misericordiosamente librados, para gloria de tu Nombre; mediante Jesucristo nuestro Salvador, quien siendo un solo Dios contigo y el Espíritu Santo, vive y reina, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Epístola. I Cor. ix. 24.

Evangelio. S. Mat. xx. 1.

 

 

Domínica de Sexagésima, o segunda Domínica antes de la Cuaresma.

 

Colecta.

 

SEÑOR Dios, que conoces que no podemos confiar en nada de lo que hacemos; Otorga misericordiosamente, que seamos por tu poder librados de toda adversidad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. II Cor. xi. 19.

Evangelio. S. Lucas viii. 4.

 

 

Domínica de Quincuagésima o Domínica inmediata a la Cuaresma.

 

Colecta.

 

OH Señor, que nos has enseñado que todas nuestras obras sin caridad son de ningún valor; de tal modo que los que viven sin ella están muertos para ti; Auxílianos con tu Espíritu Santo, y derrama en nuestros corazones el don excelentísimo de la caridad, que es el verdadero vínculo de la paz y de todas las virtudes. Haz esto por amor de tu Hijo único Jesucristo. Amén.

 

Epístola. I Cor. xiii. 1.

Evangelio. S. Lucas xviii. 31.

 

 

 

ESTACION DE CUARESMA.

 

Primer Día de Cuaresma, comúnmente llamado Miércoles de Ceniza.

 

Colecta.

 

OMNIPOTENTE y Eterno Dios, que no sientes aversión por nada de lo que has creado, y que perdonas a los que. con verdadera fe se arrepienten; Crea en nos otros contritos corazones, y concédenos perfecto perdón ¡ oh Dios de toda misericordia! a los que lamentamos nuestros pecados y reconocemos nuestra miseria; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

 

¶ Esta Colecta debe decirse durante toda la Cuaresma, después de la Colecta del día, hasla el Domingo de Ramos.

 

Por Epístola. Joel. ii. 12.

Evangelio. S. Mat. vi. 16.
 


 

 

¶ La Colecta, Epístola y Evangelio que anteceden se usarán todos los días, hasta el siguiente domingo, menos en la Fiesta de S. Matías.

 

Primera Domínica de Cuaresma.

Colecta.

 

OH Señor, que por amor nuestro ayunaste cuarenta días y cuarenta noches; Concédenos que vivamos con tal abstinencia, que, estando nuestra carne sujeta al Espíritu, obedezcamos siempre tus divinas inspiraciones en verdadera justicia y santidad, para honra y gloria tuya, que siendo un solo Dios con el Padre y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

Epístola. II Cor. vi. 1.

Evangelio. S. Mat. iv. 1.

 

 

 

Segunda Domínica de Cuaresma.

 

Colecta.

 

DIOS Todopoderoso, que sabes bien que no hay en nosotros poder alguno para defendernos; Guárdanos exteriormente en nuestros cuerpos, e interiormente en nuestras almas; para que seamos librados de todas las adversidades que puedan molestar al cuerpo, y de los malos pensamientos que puedan ofender y dañar al alma; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I Tes. iv. 1.

Evangelio. S. Mat. xv. 21.

 

 

 

Tercera Domínica de Cuaresma.

 

Colecta.

 

TE suplicamos, Omnipotente Dios, que atiendas a los vivos deseos de tus humildes siervos, y extiendas la diestra de tu Majestad, para que sea nuestra defensa contra todos nuestros enemigos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Epístola. Efes. v. 1.

Evangelio. S. Lucas xi. 14.

 

 

Cuarta Domínica de Cuaresma.

 

Colecta.

 

CONCEDE, suplicámoste, Omnipotente Dios, que aunque por nuestras malas obras merecemos, en justicia, ser castigados, por tu gracia misericordiosa obtengamos el perdón; mediante nuestro Señor y Redentor Jesucristo. Amén.

 

Epístola. Gal. iv. 21.

Evangelio. S. Juan. vi. 1.

 

 

 

ESTACION DE PASION.

 

Quinta Domínica de Cuaresma, comúnmente llamada Domingo de Pasión.

 

Colecta.

 

SUPLICAMOSTE, Omnipotente Dios, que mires misericordiosamente a tu pueblo; para que por tu gran bondad sea gobernado y preservado siempre, en cuerpo y alma; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Heb. ix. 11.

Evangelio. S. Juan viii. 46.

 

 

 

Domínica precedente a la de la Pascua, comúnmente llamado Domingo de Ramos.

 

Colecta.

 

DIOS Eterno y Todopoderoso, que, por tu tierno amor al género humano, enviaste a tu Hijo, nuestro Salvador Jesucristo, a revestirse con nuestra carne, y a sufrir muerte en la cruz, para que todo el género humano siguiese el ejemplo de su grande humildad; Concédenos, por tu misericordia, que imitemos el dechado de su paciencia, y seamos partícipes de su resurrección; mediante el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

¶ Esta Colecta se dirá todos los días, después de la Colecta señalada para cada día, hasta el Viernes Santo.

 

 

Epístola. Filip. ii. 5.

Evangelio. S. Mat. xxvii. 1.

 

 

 

Lunes antes de Pascua.

Colecta.

 

DIOS Todopoderoso, cuyo muy querido Hijo tuvo que padecer antes de subir al cielo, y ser crucificado antes de entrar en la gloria; Concede misericordiosamente que nosotros siguiendo la vía de la cruz, comprendamos que ella es la senda de vida y paz; mediante el mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Por Epístola. Isa. lxiii. 1.

Evangelio. S. Marcos xiv. 1.

 

 

Martes antes de Pascua.

 

Colecta.

 

OH Señor Dios, cuyo bendito Hijo, nuestro Salvador, entregó sus espaldas a los sayones y no escondió su rostro ante la ignominia; Concédenos gracia para aceptar resignadamente los sufrimientos de esta vida, en la completa seguridad de la gloria que ha de ser revelada; mediante el mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Por Epístola. Isa. l. 5.

Evangelio. S. Marcos. xv. 1.

 

 

 

Miércoles antes de Pascua.

Colecta.

 

ASISTENOS misericordiosamente con tu ayuda, Oh Señor Dios de nuestra salvación; para que podamos dedicamos con gozo a la meditación de estos grandiosos acontecimientos, por medio de los cuales nos has dado vida e inmortalidad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Heb. ix. 16.

Evangelio. S. Lucas xxii. 1.

 

 

 

Jueves antes de Pascua, comúnmente llamado Jueves Santo.

 

Colecta.

 

PADRE Omnipotente, cuyo querido Hijo, en la noche antes de padecer, instituyó el Sacramento de su Cuerpo y Sangre; Concede misericordiosamente que podamos recibir con gratitud este Sacramento en memoria de El, que en estos santos misterios nos da una prenda de vida eterna; por el mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo es un solo Dios y vive y reina ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Epístola. I Cor. xi. 23.

Evangelio. S. Lucas xxiii. 1.

 

 

 
 

¶ O bien el siguiente.

Evangelio. S. Juan xiii. 1.

 

 

Viernes Santo.

Colectas.

 

DIOS Todopoderoso, te suplicamos que mires con misericordia a ésta tu familia, por la cual nuestro Señor Jesucristo tuvo a bien ser traicionado, y entregado en manos de hombres malvados, y sufrir muerte en la cruz; El que contigo y el Espíritu Santo, es un solo Dios, que vive y reina ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

 

DIOS Todopoderoso y Eterno, que por tu Espíritu riges y santificas todo el cuerpo de la Iglesia; Acepta las súplicas y oraciones, que te ofrecemos por los hombres de todas clases y condiciones en tu Santa Iglesia, para que cada cual en su vocación y ministerio te sirva devota y sinceramente; mediante nuestro Señor y Redentor Jesucristo. Amén.

 

DIOS Misericordioso, Creador del Género Humano, que no sientes aversión por ninguna de tus obras, ni quieres la muerte del pecador, antes bien que se convierta y viva; Compadécete de todos los que no te conocen como te has revelado en el Evangelio de tu Hijo. Aparta de ellos toda ignorancia, dureza de corazón y menosprecio de tu Palabra; y por tu misericordia condúcelos de tal modo a tu redil, que sean un solo rebaño bajo un solo Pastor, Jesucristo nuestro Señor, quien contigo y el Espíritu Santo es un solo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

Epístola. Heb. x. 1.

Evangelio. S. Juan xix. 1.

 

 

 

Vigilia de Pascua.

 

Colecta.

 

CONCEDE, oh Señor, que los que estamos bautizados en la muerte de tu bendito Hijo, nuestro Salvador Jesucristo, podamos ser sepultados con El por la continua mortificación de nuestras malas inclinaciones; para que, después de pasar por el sepulcro y las puertas de la muerte, lleguemos a una resurrección llena de alegría; por los méritos del que murió, fué sepultado y resucitó por nosotros, tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I S. Pedro iii. 17.

Evangelio. S. Mat. xxvii. 57.

 

 

PASCUA DE RESURRECCION.

 

Día de Pascua.

 

¶ En la Oración Matutina, en lugar del Venite, se usarán las siguientes antífonas, que pueden repetirse durante la Octava.

 

CRISTO nuestra pascua ha sido sacrificado por nos otros: * así que hagamos fiesta.


    No en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad; * sino en ázimos de sinceridad y de verdad. I Cor. v. 7, 8.

 

CRISTO habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere; * la muerte no se enseñoreará más de El.
    Porque en cuanto al morir, al pecado murió una vez: * mas en cuanto al vivir, a Dios vive.
    Así también vosotros, juzgad que en verdad estáis muertos al pecado, * mas vivos a Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. Rom. vi. 9-11.

 

MAS ahora, Cristo ha resucitado de entre los muertos, * primicias de los que durmieron es hecho.
    Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, * también por un hombre la resurrección de los muertos.
    Porque así como en Adán todos mueren, * así también en Cristo todos serán vivificados. 1 Cor. xv. 20-22.
    Gloria al Padre, y al Hijo, * y al Espíritu Santo;
    Como era al principio, es ahora, y será siempre, * por los siglos de los siglos. Amén.

Colecta.

 

DIOS Todopoderoso, que por tu unigénito Hijo Jesucristo triunfaste de la muerte, y nos abriste la puerta de la vida eterna; Suplicámoste humildemente que, así como por medio de tu gracia especial, nos inspiras buenos deseos, así también con tu continuo auxilio podamos llevarlos a debido efecto; mediante Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo es siempre un solo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

¶ Esta Colecta será repetida diariamente durante la Semana de Resurrección.

 

Epístola. Col. iii. 1.

Evangelio. S. Juan xx. 1.
 

 


 

 

¶ Si en una Iglesia se celebra dos veces la Santa Comunión el día de Pascua, la Colecta, Epístola y Evangelio siguientes pueden usarse en la primera.

 

Colecta.

 

OH Dios, que por nuestra redención diste a tu unigénito Hijo para sufrir muerte en la cruz, y por su gloriosa resurrección nos salvaste del poder de nuestro enemigo; Concédenos morir diariamente al pecado, para que podamos vivir siempre con El en la alegría de su resurrección; por el mismo tu Hijo Cristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I Cor. v. 6

Evangelio. S. Marcos xvi. 1.

 

 

 

Lunes de Pascua.

 

Colecta.

 

OH Dios, cuyo bendito Hijo se manifestó a sus discípulos al partir el pan; Abre, te suplicamos, los ojos de nuestra fe, para que podamos reconocerte en todas tus obras; mediante el mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Por Epístola. Hechos x. 34.

Evangelio. S. Lucas xxiv. 13.

 

 

 

Martes de Pascua.

 

Colecta.

 

CONCEDE, te suplicamos, Dios Todopoderoso, que los que celebramos con reverencia la fiesta de Pascua, seamos dignos de alcanzar el gozo eterno; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Por Epístola. Hechos. xiii. 26.

Evangelio. S. Lucas xxiv. 36.

 

 

 

Primera Domínica después de Pascua.

 

Colecta.

 

PADRE Omnipotente, que diste a tu Hijo unigénito para morir por nuestros pecados, y resucitar para nuestra justificación; Concede que apartando de nosotros la levadura de malicia e iniquidad, te sirvamos siempre en pureza de vida y verdad; por los méritos del mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I S. Juan v. 4.

Evangelio. S. Juan xx. 19.

 

 

 

Segunda Domínica después de Pascua.

 

Colecta.

 

DIOS Todopoderoso, que nos has dado a tu único Hijo para que sea sacrificio por el pecado, y dechado de santidad de vida; Danos gracia para que recibamos este inestimable beneficio con perpetuo agradecimiento, y que nos esforcemos cada día a seguir los sagrados pasos de su santísima vida; mediante el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I S. Pedro ii. 19.

Evangelio. S. Juan x. 11.

 

 

 

Tercera Domínica después de Pascua.

 

Colecta.

 

DIOS Todopoderoso, que manifiestas la luz de tu verdad a los que se hallan en error, para que puedan volver al camino de la justicia; Concede que todos los que son recibidos en la comunión de la Fe Cristiana, eviten todo lo que es contrario a su profesión, y sigan lo que es conforme a ella; mediante nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Epístola. I S. Pedro ii. 11.

Evangelio. S. Juan xvi. 16.

 

 

 

Cuarta Domínica después de Pascua.

 

Colecta.

 

DIOS Todopoderoso, que eres el único que puede gobernar las voluntades y afectos rebeldes de los pecadores; Concede a tu pueblo la gracia de que ame tus mandatos, y aspire a tus promesas; para que de este modo, en medio de los varios y numerosos acontecimientos y mudanzas de este mundo, nuestras almas miren hacia la sola mansión de la verdadera felicidad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Santiago i. 17.

Evangelio. S. Juan xvi. 5.

 

 

 

Quinta Domínica después de Pascua, comúnmente llamada Domínica de Rogación

 

Colecta.

 

OH Señor, de quien procede todo lo bueno; Concede a tus humildes siervos, que por medio de tu santa inspiración pensemos en lo bueno, y por tu dirección misericordiosa lo ejecutemos; mediante nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

Epístola. Santiago i. 22.

Evangelio. S. Juan xvi. 23.

 

 

 

ESTACION DE LA ASCENSION.

Día de la Ascensión.

 

Colecta.

 

OTORGANOS, suplicámoste, oh Dios Omnipotente, que así como creemos que tu unigénito Hijo Jesucristo nuestro Señor subió a los cielos; así también ascendamos allá con nuestro corazón y nuestra mente, y habitemos siempre con El, quien contigo, y el Espíritu Santo es un solo Dios, y vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

Esta Colecta se dirá durante la Octava.

 

Por Epistola. Hechos i. 1.

Evangelio. S. Lucas xxiv. 49.
 

 


 

La Colecta, Epístola y Evangelio anteriores se dirán cada día después hasta el domingo siguiente, excepto en la Fiesta de San Felipe y Santiago.

 

Domínica después de la Ascensión.

Colecta.

 

OH Dios, Rey de la Gloria, que exaltaste con gran triunfo a Jesucristo tu único Hijo a tu reino celestial; Suplicámoste que no nos dejes desconsolados; antes bien auxílianos con tu Santo Espíritu, para que nos consuele, y dirija al mismo lugar adonde nuestro Salvador Cristo nos ha precedido; quien contigo, y el mismo Espíritu Santo, es un solo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

Epístola. I S. Pedro iv. 7.

Evangelio. S. Juan xv. 26.

 

 

 

PENTECOSTES.

Día de Pentecostés.

 

Colecta.

 

OH Dios, que como en un tiempo como éste instruíste los corazones de tus fieles, enviándoles la luz de tu Espíritu Santo; Concédenos por medio del mismo Espíritu un juicio acertado en todo, y el gozo constante en su santo consuelo; por los méritos de Cristo Jesús nuestro Salvador, que vive y reina, en unidad contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Esta Colecta se dirá diariamente durante la Semana de Pentecostés.

 

 

Por Epístola. Hechos ii. 1.

Evangelio. S. Juan xiv. 15.
 

 


 

 

Si en alguna Iglesia la Santa Comunión es celebrada dos veces el día de Pentecostés, la Colecta, Epístola y Evangelio siguientes pueden usarse en la primera.

 

Colecta.

 

OMNIPOTENTE y muy misericordioso Dios, concede, te suplicamos, que morando en nosotros tu Espíritu Santo, podamos ser iluminados y fortalecidos para tu servicio; mediante Jesucristo nuestro Señor, que en unidad vive y reina contigo y el mismo Espíritu Santo siempre, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Epístola. I Cor. xii. 4.

Evangelio. S. Lucas xi. 9.

 

 

 

Lunes de Pentecostés.

 

Colecta.

 

ENVIA, te suplicamos, Omnipotente Dios, tu Santo Espíritu a nuestros corazones, a fin de que pueda dirigirnos y gobernarnos según tu voluntad, consolarnos en todas nuestras aflicciones, defendernos de todo error, y guiamos a toda verdad; mediante Jesucristo nuestro Señor, quien contigo y el mismo Espíritu Santo es un solo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Por Epístola. Hechos x. 34.

Evangelio. S. Juan iii. 16.

 

 

 

Martes de Pentecostés.

 

Colecta.

 

CONCEDE, te suplicamos, Dios misericordioso, que tu Iglesia, siendo congregada en unidad por tu Santo Espíritu, pueda manifestar tu poder entre todas las naciones, para gloria de tu nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor, quien contigo y el mismo Espíritu es un solo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

Por Epístola. Hechos viii. 14.

Evangelio. S. Juan x. i.

 

 

 

ESTACION DE LA TRINIDAD.

Domínica de la Trinidad.

 

Colecta.

 

DIOS Omnipotente y Eterno, que has concedido a tus siervos la gracia de reconocer, por la confesión de la verdadera fe, la gloria de la Eterna Trinidad, y en el poder de la Majestad Divina adorar la Unidad; Te suplicamos nos conserves firmes en esta fe, y nos defiendas siempre de toda adversidad, Tú que vives y reinas, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Por Epístola. Rev. iv. 1.

Evangelio. S. Juan iii. 1.

 

 

 

Primera Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Dios que eres la fortaleza de cuantos ponen su confianza en ti; Recibe misericordiosamente nuestras súplicas; y puesto que a causa de la fragilidad de nuestra naturaleza mortal nada bueno podemos hacer sin ti, concédenos el auxilio de tu gracia, para que guardando tus mandamientos podamos agradarte tanto de corazón como de obra; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I S. Juan iv. 7.

Evangelio. S. Lucas xvi. 19.

 

 

 

Segunda Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Señor, que nunca dejas de ayudar y dirigir a los que enseñas a amarte y reverenciarte; Consérvanos, suplicámoste, bajo el amparo de tu benigna providencia, y haz que amemos y reverenciemos sin cesar tu Santo Nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I S. Juan iii. 13.

Evangelio. S. Lucas xiv. 16.

 

 

 

Tercera Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Señor, suplicámoste nos oigas misericordiosamente; y concedas a los que nos has dado un ferviente deseo de orar, que por tu poderoso auxilio seamos defendidos y consolados en todos los peligros y adversidades; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I S. Pedro. v. 5.

Evangelio. S. Lucas xv. 1.

 

 

 

Cuarta Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Dios, defensor de los que en ti confían, sin quien nada es fuerte, nada santo; Acrecienta y multiplica tu misericordia para con nosotros; a fin de que siendo Tú nuestro director y guía, pasemos de tal modo por las cosas temporales, que no perdamos finalmente las eternas. Concédenos esto, ¡ oh! Padre celestial, por amor de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Rom. viii. 18.

Evangelio. S. Lucas vi. 36.

 

 

 

Quinta Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

CONCEDE, oh Señor, te suplicamos, que el curso de este mundo sea tan pacíficamente ordenado por tu poder, que tu Iglesia pueda servirte alegremente en completa y piadosa tranquilidad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I S. Pedro iii. 8.

Evangelio. S. Lucas v. 1.

 

 

 

Sexta Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Dios, que has preparado para los que te aman cosas tan buenas que sobrepasan la inteligencia humana; Infunde en nuestros corazones tal amor hacia ti, que amándote sobre todas las cosas logremos tus promesas, que exceden a cuanto podamos desear; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Rom. vi. 3.

Evangelio. S. Mat. v. 20.

 

 

 

Séptima Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Señor de todo poder y fuerza, Autor y Dador de todo bien; Injerta en nuestros corazones el amor a tu Nombre, aumenta en nosotros la verdadera religión, nútrenos de toda bondad, y por tu gran misericordia guárdanos en la misma; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Rom. vi. 19.

Evangelio. S. Marcos viii. 1.

 

 

 

Octava Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Dios, cuya infalible providencia ordena todas las cosas en el cielo y en la tierra; Suplicámoste humildemente, que te dignes apartar de nosotros todas las cosas nocivas, y otorgarnos las que sean provechosas; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Rom. viii. 12.

Evangelio. S. Mat. vii. 15.

 

 

 

Novena Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

SUPLICAMOSTE, Señor, nos concedas, el espíritu de pensar y hacer siempre lo que es justo; para que nosotros, que sin ti nada bueno podemos hacer, seamos por ti capaces de vivir según tu santa voluntad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I Cor. x. 1.

Evangelio. S. Lucas xv. 11.

 

 

 

Décima Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

ESCUCHA, oh Señor, las oraciones de tus humildes siervos; y, para que puedan obtener sus peticiones, haz que pidan las cosas que sean de tu agrado; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I Cor. xii. 1.

Evangelio. S. Lucas xix. 41.

 

 

 

Undécima Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Dios, que manifiestas tu poder supremo principalmente mostrando piedad y misericordia; Concédenos misericordiosamente tu gracia en tal medida que siguiendo el camino de tus mandamientos, logremos tus bondadosas promesas, y seamos partícipes de tu tesoro celestial; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I Cor. xv. 1.

Evangelio. S. Lucas xviii. 9.

 

 

 

Duodécima Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OMNIPOTENTE y eterno Dios, que estás siempre más dispuesto para oírnos que nosotros para pedirte, y que acostumbras darnos más de lo que deseamos y merecemos; Derrama sobre nosotros la abundancia de tu misericordia; perdonándonos todo aquello por lo que nuestras conciencias están temerosas, y dándonos las cosas buenas que no somos dignos de pedirte, sino por los méritos y mediación de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. II Cor. iii. 4.

Evangelio. S. Marcos vii. 31.

 

 

Décimatercera Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

DIOS Omnipotente y misericordioso, de quien solamente proviene el don de que tu pueblo fiel sea capaz de servirte sincera y laudablemente; Suplicámoste nos concedas que podamos servirte tan fielmente en esta vida, que obtengamos al fin tus promesas celestiales; por los méritos de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Gal. iii. 16.

Evangelio. S. Lucas x. 23.

 

 

 

Décimacuarta Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

PODEROSO y Eterno Dios, danos el aumento de la fe, de la esperanza y de la caridad; y, para que obtengamos lo que prometes, haz que amemos lo que mandas; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Gal. v. 16.

Evangelio. S. Lucas xvii. 11.

 

 

 

Décimaquinta Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

SUPLICAMOSTE, oh Señor, que con tu perpetua misericordia guardes a tu Iglesia; y puesto que la fragilidad humana sin ti no puede menos que caer, defiéndenos siempre con tu auxilio de cuanto nos pueda dañar, y dirígenos a cuanto conduzca a nuestra salvación; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Gal. vi. 11.

Evangelio. S. Mat. vi. 24.

 

 

 

Décimasexta Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Señor, te suplicamos, que con tu continua piedad purifiques y defiendas a tu Iglesia; y, por cuanto ella no puede continuar en seguridad sin tu socorro, presérvala siempre con tu ayuda y bondad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Efes. iii. 13.

Evangelio. S. Lucas vii. 11

 

 

 

Décimaséptima Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

SEÑOR, suplicámoste, que tu gracia nos prevenga y acompañe siempre, haciendo que nos empleemos continuamente en buenas obras; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Efes. iv. 1.

Evangelio. S. Lucas xiv. 1.

 

 

 

Décimaoctava Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

SEÑOR, te suplicamos, concedas gracia a tu pueblo para resistir las tentaciones del mundo, de la carne y del diablo, y para seguirte con corazones y ánimos puros, a ti el único Dios; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. I Cor. i. 4.

Evangelio. S. Mat. xxii. 34.

 

 

 

Décimanovena Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Dios, puesto que sin ti no podemos complacerte; Concede misericordiosamente, que tu Santo Espíritu dirija y gobierne nuestros corazones en todas las cosas; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Efes. iv. 17.

Evangelio. S. Mat. ix. 1.

 

 

 

Vigésima Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

DIOS Omnipotente y muy misericordioso, suplicámoste que por tu generosa bondad nos preserves de todas las cosas que puedan hacernos daño; para que, estando dispuestos en cuerpo y alma cumplamos alegremente con todo lo que mandas; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Efes. v. 15.

Evangelio. S. Mat. xxii. 2.

 

 

 

Vigésimaprimera Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

SUPLICAMOSTE, oh misericordioso Señor, que concedas a tus fieles perdón y paz, para que sean limpios de todos sus pecados, y te sirvan con ánimo tranquilo; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Efes. vi. 10.

Evangelio. S. Juan iv. 46.

 

 

 

Vigésimasegunda Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

SEÑOR, te suplicamos, conserves a tu familia, la Iglesia, en continua piedad; para que por tu protección esté libre de todas las adversidades, y se consagre devotamente a servirte con buenas obras, para gloria de tu Nombre; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Filip. i. 3.

Evangelio. S. Mat. xviii. 21.

 

 

Vigésimatercera Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Dios, nuestro refugio y fortaleza, que eres autor de toda piedad; Te suplicamos que estés siempre dispuesto a escuchar los humildes ruegos de tu Iglesia, y a conceder que lo que te pedimos con verdadera fe, lo obtengamos efectivamente; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Filip. iii. 17.

Evangelio. S. Mat. xxii. 15.

 

 

 

 

Vigésimacuarta Domínica después de la Trinidad.

 

Colecta.

 

OH Señor, suplicámoste, que absuelvas a tu pueblo de sus ofensas; para que por tu benignidad seamos libres de las ataduras de los pecados, que por nuestra fragilidad hemos cometido. Concédenos esto, ¡oh Padre Celestial!, por amor de Jesucristo nuestro bendito Señor y Salvador. Amén.

 

Epístola. Col. i. 3.

Evangelio. S. Mat. ix. 18.
 

 


 

Si en cualquier año hubiere veintiséis domingos después de la Trinidad, el Oficio para la Sexta Domínica después de Epifanía se usará la Vigésima quinta Domínica. Si hubiere veintisiete, el Oficio para la Sexta Domínica después de Epifanía se usará en la Vigésimasexta Domínica, y el Oficio para la Quinta Domínica después de Epifanía en la Vigésima quinta. Pero si hubiere menos de veinticinco domingos, serán omitidos los que sobren.

 

Domínica antes de Adviento.

 

Colecta.

 

TE suplicamos, ¡ oh Señor! muevas la voluntad de tu pueblo fiel, y concédele para que produciendo abundantemente los frutos de buenos obras, reciba de ti abundante premio; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por Epístola. Jerem. xxiii. 5.

Evangelio. S. Juan vi. 5.

 

     
 

 

Administración del Santo

Bautismo.
 

El Ministro de cada parroquia debe exhortar con frecuencia al pueblo para que no difieran el bautismo de sus hijos, y que procuren que éste sea administrado los domingos u otros días de fiesta. No obstante (si la necesidad lo exigiere) podrá administrarse el Bautismo en cualquier otro día. También deberá advertirles que solo por causa urgente podrán ser bautizados sus hijos en sus hogares.

 

Para el bautismo de un niño deberá haber, cuando se pueda, que estén presentes dos padrinos y una madrina; y para el de una niña un padrino y dos madrinas; y los padres del niño o de la niña pueden ser los padrinos si así lo desearen.

 

Cuando haya niños para ser bautizados, los padres o tutores deberán dar aviso al Ministro. Y a la hora del Bautismo, que puede administrarse, ya sea inmediatamente después de leída la Segunda Lección de la Oración Matutina o de la Vespertina, o a cualquiera otra hora designada por el Ministro, los padrinos y demás personas se colocarán con los niños junto a Ia Pila Bautismal.

 

Cuando haya que bautizar adultos, se avisará con tiempo al Ministro; para que pueda proceder con toda diligencia a examinarlos y ver si están suficientemente instruidos en los principios de la Religión Cristiana; y pueden ser exhortados a prepararse a Si mismos, con oraciones y ayunos, para la recepción de este Santo Sacramento.

 

¶ NÓTESE, que en ocasión del Bautismo de un adulto, deberán hallarse presentes con él junto a la Pila Bautismal cuando menos dos testigos.
 

El Ministro entonces acercándose a la Pila Bautismal (en la cual se habrá puesto suficiente cantidad de agua pura) estando la congregación de pie, dirá,

 

¿ HA sido este Niño (o Persona) bautizado antes? 

 

Si responden, No, entonces el Ministro procederá en la forma siguiente.

 

MUY amados, puesto que Cristo nuestro Salvador dice: Ninguno puede entrar en el reino de Dios, si no es regenerado y nacido de nuevo de Agua y del Espíritu Santo; Yo os suplico invoquéis a Dios Padre, por medio de nuestro Señor Jesucristo, para que por su benigna misericordia conceda a este Niño (o Persona) lo que por naturaleza no puede tener; que sea bautizado con Agua y el Espíritu Santo, recibido en la Santa Iglesia de Cristo, y hecho miembro vivo de ella.

 

 
Entonces dirá el Ministro,

 

Oremos.

 

DIOS Omnipotente e Inmortal, auxilio de todos los necesitados, amparo de cuantos se acogen a ti por socorro, vida de los que creen, y resurrección de los muertos; Te invocamos en favor de este Niño (o este tu Siervo), para que, al recibir tu Santo Bautismo, pueda obtener la remisión de sus pecados por regeneración espiritual. RecIbelo, oh Señor, como has prometido por tu muy querido Hijo, diciendo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Así pues dános ahora que te pedimos; haz que hallemos ahora que buscamos; y que se abra la puerta, puesto que llamamos; para que este Niño (o este tu Siervo) pueda gozar de la bendición eterna de tu ablución celestial, y alcanzar el reino eterno que Tu has prometido por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

 

El Ministro dirá a continuación.

 

    Oíd las palabras del Evangelio, según San Marcos, escritas en el Capítulo décimo, desde el Versículo décimotercero.

 

Y  PRESENTABAN niños a Cristo para que los tocase; y los discípulos reñían a los que los presentaban. Y viéndolo Jesús se enojó, y les dijo: Dejad a los niños venir a ml, y no se lo estorbeis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.

 

O este.

 

    Oíd las palabras del Evangelio, según San Juan, en el Capítulo tercero, desde el Versículo primero.

 

Y HABIA un hombre de los Fariseos que se llamaba I Nicodemo, príncipe de los Judíos: éste vino a Jesús de noche, y díjole: Rabí, sabemos que has venido de Dios por Maestro: porque nadie puede hacer estos milagros que tú haces, si no fuere Dios con él. Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.


    Dícele Nicodemo: ¿ Cómo puede el hombre nacer, siendo viej o? ¿ puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?


    Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez. El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido, mas ni sabes de dónde viene, ni adónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

 

O este.

 

    Oíd las palabras del Evangelio, según San Mateo, en el Capítulo veintiocho, desde el Versículo dieciocho.

 

Y  LLEGANDO Jesús, les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en Ia tierra. Por tanto id, y doctrinad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándolas que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

 

 

¶ Entonces dirá el Ministro,

 

PERSUADIDOS pues de la buena voluntad de nuestro Padre celestial para con este Niño (o Persona) de clarada por su Hijo Jesucristo; démosle fiel y devotamente gracias, diciendo:

DIOS Omnipotente y Eterno, Padre celestial, Te damos gracias humildemente, Porque te dignaste llamarnos al conocimiento de tu gracia, y fe en ti: Aumenta este conocimiento, Y confirma esta fe en nosotros para siempre. Auxilia con tu Espíritu Santo a este Niño (o este tu Siervo), Para que sea nacido de nuevo, Y hecho heredero de salvación eterna; Mediante nuestro Señor Jesucristo, Que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Ahora y por siempre. Amén.

Cuando el Oficio es usado para Niños el Ministro hablará a los Padrinos de esta manera.

MUY amados, habéis traído aquí a este Niño para que sea bautizado; habéis pedido que nuestro Señor Jesucristo se digne recibirlo, libertarlo de sus pecados, santificarlo con el Espíritu Santo, darle el memo del cielo, y la vida eterna.


    ¿ Renuncias en nombre de este Niño al diablo y todas sus obras, la vana pompa y gloria del mundo, con todas sus concupiscencias, y a los pecaminosos deseos de la carne, de modo que no los seguirás ni serás guiado por ellos?


    Respuesta. Los renuncio todos y con el auxilio de Dios trataré de no seguirlos, ni guiarme por ellos.

 

    Ministro. ¿ Crees en los Artículos de la Fe Cristiana, contenidos en el Credo de los Apóstoles?


    Respuesta. Si, creo.


    Ministro. ¿ Quieres ser bautizado en esta fe?


    Respuesta. Ese es mi deseo.


    Ministro. ¿ Quieres, pues, guardar obedientemente la Santa voluntad y los mandamientos de Dios y caminar en ellos todos los días de tu vida?


    Respuesta. Así deseo hacerlo con el auxilio de Dios.

 

    Ministro. Habiendo hecho ahora estas promesas en el nombre de este Niño, ¿ cuidarás también por tu parte de que aprenda el Credo, el Padre Nuestro, y los Diez Mandamientos y todo lo demás que un Cristiano debe saber y creer para la salud de su alma?


    Respuesta. Así lo haré con el auxilio de Dios.


    Ministro. ¿ Cuidarás de que este Niño sea llevado al Obispo, para sen confirmando por él, tan pronto se halle suficientemente instruído?


    Respuesta. Así lo haré con el auxilio de Dios.

 

Cuando el Oficio tenga que ser usado para Adultos, el Ministro les hablará de la manera siguiente, y las personas que van a ser bautizadas responderán por sí mismas a las preguntas.

 

 

 

MUY amado, has venido aquí deseando recibir el Santo Bautismo. Hemos orado pidiendo que nuestro Señor Jesucristo se digne recibirte, libertarte del pecado, santificarte con el Espíritu Santo y darte el Reino del Cielo y la vida eterna.

 

¿RENUNCIAS al diablo y todas sus obras la vana pompa y gloria del mundo, con todas sus concupiscencias, y a los pecaminosos deseos de la carne de modo que no los seguirás, ni serás guiado por ellos?


    Respuesta. Los renuncio todos y con el auxilio de Dios tataré de no seguirlos, ni guiarme por ellos.

 

    Ministro. ¿ Crees en Jesucristo el Hijo del Dios viviente?


    Respuesta. Si, creo.


    Ministro. ¿ Lo aceptas y deseas seguirlo como tu Salvador y Señor?


    Respuesta. Lo acepto, y ese es mi deseo.


    Ministro. ¿ Crees en los Artículos de la Fe Cristiana, contenidos en el Credo de los Apóstoles?


    Respuesta. Si, creo.

 

    Ministro. Quieres ser bautizado en esta fe?


    Respuesta. Ese es mi deseo.


    Ministro. Guardarás, pues, obedientemente la santa voluntad y los mandamientos de Dios, y caminarás en ellos todos los días de tu vida?


    Respuesta. Así lo haré, con el auxilio de Dios.

 

 

¶ Entonces dirá el Ministro,

 

 

 

 

OH Dios misericordioso, concede que como Cristo murió y se levantó otra vez así también este Niño (o este tu Siervo) pueda morir al pecado y levantarse con vida nueva. Amén.

   

Concede que todos los afectos pecaminosos mueran en él, y que todas las cosas pertenecientes al Espíritu vivan y crezcan en él. Amén.


    Concédele fuerza y poder para que obtenga la victoria, y triunfe del diablo, del mundo y de la carne. Amén.


    Concede que todo el que te sea aquí dedicado por nuestro oficio y ministerio, sea también dotado de virtudes celestiales y eternamente compensado por tu misericordia, oh bendito Señor Dios, que vives y gobiernas todas las cosas por los siglos de los siglos. Amén.


 

Ministro.

El Señor sea con vosotros.

Resp.

Y con tu espíritu.

Ministro.

Elevad vuestros corazones.

Resp.

Los elevamos al Señor.

Ministro.

Demos gracias a Dios nuestro Señor.

Resp.

Dárselas es digno y justo.

 

 

Entonces dirá el Ministro,

 

ES verdaderamente digno, justo y de nuestro deber darte gracias, oh Señor, Santo Padre, Omnipotente, Eterno Dios, por cuanto tu muy amado Hijo Jesucristo, por la remisión de nuestros pecados, derramó de su muy precioso costado agua y sangre; y dió mandamiento a sus discípulos de que fueran por todo el mundo adoctrinando y bautizando, En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; Atiende a las súplicas de tu congregación, te suplicamos; santifica esta Agua para el lavamiento místico del pecado: y concede que este Niño (o este tu Siervo) que ahora va a ser bautizado en ella, reciba la plenitud de tu gracia, y siempre permanezca entre el número de tus fieles hijos; mediante Jesucristo nuestro Señor, a quien contigo, en la unidad del Espíritu Santo, sea todo honor y gloria, ahora y por siempre jamás. Amén.

 

Entonces el Ministro tomará al Niño en sus brazos, y dirá a los Padrinos,

Poned nombre a este Niño.

 

Y entonces nombrándole después de ellos, le sumergirá discretamente en el Agua, o bien derramará Agua sobre él diciendo,

 

N. YO te bautizo En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Si la persona que va a ser bautizada es un Adulto, el Ministro le tomará de la mano, preguntará a los testigos el Nombre; y entonces le sumergirá o le derramará el Agua usando la misma fórmula.


 

Entonces dirá el Ministro,

 

NOSOTROS recibimos a este Niño (o esta Persona) entre la congregación del rebaño de Cristo, y lo signamos con el signo de la Cruz, en señal de que en adelante no se avercado, y peleará varonilmente bajo su bandera contra el pecado, contra el mundo, y contra el diablo, y continuará fiel soldado y siervo de Cristo hasta el fin de su vida. Amén.

 

Y entonces dirá el Ministro,

 

VISTO pues, hermanos muy amados, que este Niño (o Persona) está regenerado e injertado en el cuerpo de la Iglesia de Cristo, demos gracias a Dios Omnipotente por estos beneficios; y de común acuerdo dirijámosle nuestros ruegos, para que este Niño (o Persona) viva el resto de sus días así como ha principiado.

 

Entonces se dirá,

 

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu memo. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas lIbranos de mal. Porque tuyo es el memo, y el poder, y la gloria, por siempre jamás. Amén.

 

Después dirá el Ministro,

 

TE damos cordiales gracias, Padre misericordiosísimo, porque te has dignado regenerar a este Niño (o este tu Siervo) con tu Espíritu Santo, recibirlo como tu propio hijo, e incorporarlo a tu santa Iglesia. Suplicámoste humildemente concedas, que muriendo al pecado, pueda vivir a la justicia, y siendo sepultado con Cristo en su muerte, pueda también participar de su resurrección; de modo que finalmente, con el mesto de tu santa Iglesia, sea heredero de tu reino eterno; mediante Cristo nuestro Señor. Amén.

 

 

Entonces el Ministro añadirá,

 

EL Dios Omnipotente, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por quien es nombrada toda la familia en el cielo y en la tierra; Os conceda el ser fortalecidos con el poder de su Espíritu en el hombre interior; para que morando Cristo en vuestros corazones por fe, podáis sen llenos de la plenitud de Dios. Amén.

 

Es necesario que todo adulto, así bautizado, sea confirmado por el Obispo, tan pronto como sea conveniente; para que pueda ser admitido a Ia Santa Comunión.

 

 

BAUTISMO EN PRIVADO

 

Cuando por causa de grave enfermedad, sea urgente bautizar a alguno, bastará con la fórmula siguiente:

 

Una vez que uno de los presentes Ic haya puesto nombre, el Ministro derramará Agua sobre el Niño (o Persona) enfermo, diciendo estas palabras:

 

N. YO te bautizo En el Nombre del Padre, Y del Hijo, V. y del Espíritu Santo. Amén.

Después de lo cual se dirá el Padre Nuestro, y ia Acción de Gracias de este Oficio, empezando, Tedamos cordiales gracias, etc.

 

Y NÓTESE, que cuando se trata de un Adulto, el Ministro le hará las preguntas prescritas en el Oficio para el bautismo de Adultos.

 

En casos de extrema enfermedad o peligro inminente si no puede hallarse un Ministro, cualquiera persona bautizada puede administrar el Santo Bautismo, usando la forma que precede. Tal bautismo deberá ser pronta mente notificado a las autoridades de ia parroquia.

 

 

RECIBIMIENTO DE UNA PERSONA BAUTIZADA PRIVADAMENTE.

 

Es conveniente que un Niño o Persona así bautizado sea después presentado a la Iglesia. en cuya ocasión se usarán las porciones siguientes del Oficio que precede:


    El Evangelio, las Preguntas (omitiendo la pregunta ¿ Quieres ser bautizado en esta fe? y su respuesta), la Declaración, Recibimos a este Niño (o Persona), etc., y io demás del Oficio.

 

BAUTISMO CONDICIONAL.

 

Si existiere duda racional de que una persona haya sido bautizada con Agua, En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (que son las partes esenciales del Bautismo), hal persona puede ser bautizada de ia manera aquí prescriba; salvo que, al momento de sumersión o verter el Agua, el Ministro usará esta fórmula:

 

SI no estás ya bautizado, N., Yo te bautizo En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

Oficios de Instrucción

PRIMER OFICIO

 

¶ Después de cantar un Himno, arrodillados el Ministro y la Congregación dirán juntamente la Oración siguiente, diciendo primero el Ministro,

 

 

 

El Señor sea con vosotros.

Resp.

Y con tu espíritu.

 

 

Oremos.

 

DIOS de todo poder y fortaleza, Que eres el autor y dador de todo lo bueno; Injerta en nuestros corazones el amor de tu Nombre, Aumenta en nosotros la verdadera religión, Nútrenos de toda bondad, Y por tu gran misericordia guárdanos en la misma; Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

¶ Después, sentada la Congregación, el Ministro les hará las preguntas si guientes, leyendo o repitiendo la Congregación las Respuestas como se indican.

 

    Pregunta. ¿ Cuál es tu Nombre Cristiano?


    Respuesta. Mi Nombre Cristiano es —— .


    Pregunta. ¿ Quién te dió este Nombre?


    Respuesta. Mis Padrinos me dieron este Nombre en el Bautismo; en el cual fui hecho miembro de Cristo, hijo de Dios, y heredero del reino del Cielo.


    Pregunta. ¿ Qué prometieron entonces por ti tus Padrinos?


    Respuesta. Mis Padrinos prometieron e hicieron voto de tres cosas en mi nombre: Primero, que yo renunciaría al diablo y todas sus obras, las pompas y vanidades de este mundo corrompido, y todos los apetitos pecaminosos de la carne; En segundo lugar, que yo creería todos los Artículos de la Fe Cristiana; Y en tercer lugar, que guardaría la santa voluntad de Dios y sus mandamientos, y caminaría en ellos todos los días de mi vida.


    Pregunta. ¿ No crees que estás obligado a hacerlo así?


    Respuesta. Sí, ciertamente; y con el auxilio de Dios, así lo haré. Y de todo corazón doy gracias a nuestro Padre celestial, por haberme llamado a este estado de salvación, mediante Jesucristo nuestro Salvador. Y ruego a Dios me dé su gracia, para que pueda continuar en él hasta el fin de mi vida.

 

¶ Entonces dirá el Ministro,

 

DICES que tus Padrinos prometieron e hicieron voto de que habías de creer en todos los Artículos de la Fe Cristiana. Recita los Artículos de la Fe Cristiana según están contenidos en el Credo de los Apóstoles:

 

¶ Entonces, el Ministro y la Congregación se levantarán y repitirán el Credo de los Apóstoles.

 

CREO en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra:


    Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor: Que fué concebido por el Espíritu Santo, Nació de la Virgen María: Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, Fué crucificado, muerto y sepultado: Descendió a los infiernos; Al tercer día resucitó de entre los muertos: Subió a los cielos, Y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso: De donde ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.


    Creo en el Espíritu Santo: La Santa Iglesia Católica; La Comunión de los Santos: El perdón de los pecados: La Resurrección del cuerpo: Y la Vida perdurable. Amén.


 

¶ Entonces, el Ministro, volviéndose a la Congregación, hará la Pregunta siguiente, respondiendo a ella la Congregación.

 

    Pregunta. ¿ Qué es lo que aprendes principalmente en estos Artículos de tu Fe?
    Respuesta. En primer lugar, aprendo a creer en Dios Padre, que me creó a mí, y a todo el mundo.


    En segundo lugar, en Dios Hijo, que me redimió a mí, y a todo el género humano.
    En tercer lugar, en Dios Espíritu Santo, que me santifica a mí, y a todo el pueblo de Dios.


    Y a esta Santa Trinidad, Un sólo Dios, yo alabo y ensalzo, diciendo,

 

Ministro y Congregación.

GLORIA al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo; 
    Como era al principio, es ahora, y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

¶ Aquí puede cantarse un Himno, después de lo cual el Ministro, volviéndose a la Congregación, dirá,

 

DIJISTE que tus Padrinos prometieron e hicieron voto de que guardarías la santa voluntad de Dios y sus mandamientos. Dime ¿ cuántos Mandamientos hay?


    Respuesta. Hay Diez Mandamientos, dados en los tiempos antiguos por Dios al pueblo de Israel.

 

¶ Entonces dirá el Ministro,

 

Pidamos el auxilio de Dios para conocerlos y guardarlos.

 

 

El Señor sea con vosotros.

Resp.

Y con tu espíritu.

 


 

Oremos.

 

¶ Entonces, el Ministro y la Congregación arrodillados, dirán conjuntamente esta oración.

 

OH Dios Todopoderoso, Que eres el único que puedes gobernar las voluntades y afectos rebeldes de los pecadores; Concede a tu pueblo la gracia de que ame tus mandatos, Y aspire a tus promesas; Para que de este modo, en medio de los varios y numerosos acontecimientos y mudanzas de este mundo, Nuestras almas miren hacia la sola mansión de la verdadera felicidad; Mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¶ A continuación el Ministro repetirá los Diez Mandamientos, y después de cada uno la Congregación dirá la Oración prescrita. Pero se advierte, que cuando es así ordenado, la Congregación podrá repetir los Mandamientos, diciendo el Ministro la Oración. Y NÓTESE además, que la parte del mandamiento impresa en tipo pequeño puede ser omitida.

 

    I. No tendrás dioses ajenos delante de mí.

 

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    II. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No las adorarás, ni las darás culto;

porque yo, el SEÑOR tuyo, soy Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me aborrecen; y que hago misericordia en millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos.

 

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    III. No tomarás el nombre del SEÑOR tu Dios en vano;

 

porque el SEÑOR no tendrá por inocente al que tomare su nombre en vano.

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    IV. Acuérdate del día de descanso para santificarlo.

 

Seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el séptimo es el día de descanso del SEÑOR tu Dios. En él no harás obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó: por tanto el SEÑOR bendijo el día séptimo y lo santificó.

 

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    V. Honra a tu padre y a tu madre;

 

para que tus días se alarguen en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.

 

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    VI. No matarás.

 

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    VII. No cometerás adulterio.

 

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    VIII. No hurtarás.

 

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    IX. No dirás contra tu prójimo falso testimonio.

 

    Señor, ten misericordia de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.

    X. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su criado, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

 

    Señor, ten misericordia de nosotros, y graba todos estos tus mandamientos en nuestros corazones, te suplicamos.


 

¶ Entonces dirá el Ministro,

 

SUPLICAMOSTE, Señor, nos concedas el espíritu de pensar y hacer siempre lo que es justo; para que nosotros, que sin ti nada bueno podemos hacer, seamos por ti capaces de vivir según tu santa voluntad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¶ Después de esto, sentándose la Congregación, el Ministro, hará las siguientes Preguntas, respondiendo la Congregación.

 

    Pregunta. ¿ Qué nos enseña nuestro Señor Jesucristo acerca de estos Mandamientos?
    Respuesta. Nuestro Señor Jesucristo nos enseña que se pueden resumir en dos Mandamientos: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; éste es el primero y el grande Mandamiento. Y el segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.


    Pregunta. ¿ Qué aprendes principalmente de estos Diez Mandamientos?


    Respuesta. Aprendo dos cosas de estos Mandamientos; mi deber para con Dios, y mi deber para con mi Prójimo.


    Pregunta. ¿ Cuál es tu deber para con Dios?


    Respuesta. Mi deber para con Dios es creer en El, temerle y amarle con todo mi corazón, con toda mi mente, con toda mi alma y con todas mis fuerzas:

 

    I y II. Adorarle, darle gracias, Poner toda mi confianza en El e invocarle;


    III. Honrar su santo Nombre y su Palabra;


    IV. Y servirle en verdad todos los días de mi vida.

 

    Pregunta. ¿ Cuál es tu deber para con tu Prójimo?


    Respuesta. Mi deber para con mi Prójimo es Amarle como a mí mismo, y proceder con todos los hombres como yo quisiera que ellos procedieran conmigo:

 

    V. Amar, honrar y socorrer a mi padre y a mi madre: Honrar y obedecer a la autoridad civil: Someterme a todos mis gobernantes, maestros, pastores y superiores espirituales; Y portarme con la humildad y reverencia propias de un siervo de Dios;


    VI. No dañar a nadie por palabra u obra; No guardar rencor ni odio en mi corazón;
    VII. Guardar mi cuerpo en temperancia, moderación y castidad;


    VIII. Guardar mis manos de hurto y latrocinio; Ser verídico y justo en todos mis tratos;


    IX. Guardar mi lengua de maledicencia, mentira y calumnia;


    X. No codiciar ni desear bienes ajenos; Sino aprender y trabajar para ganar honestamente mi sustento, Y cumplir con mi deber en el estado de vida al cual Dios se sir viere llamarme.

 

 

¶ Entonces se cantará un Himno, después de lo cual el Ministro se expresará como sigue.

 

ES preciso que sepas esto; que no eres capaz de hacer ni cumplir todo eso por tus propias fuerzas, ni andar en los Mandamientos de Dios, y servirle sin su gracia especial; la que debes aprender a invocar en todo tiempo con oraciones fervorosas. ¿ Cuál es la oración que nuestro Señor nos enseñó a orar?


    Respuesta. El Padre Nuestro.


    Ministro. Oremos, conforme Cristo nuestro Salvador nos ha enseñado, diciendo,

¶ Entonces el Ministro y la Congregación arrodillados dirán juntos,

 

PADRE nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la Tierra como en los Cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por siempre jamás. Amén.

 

LA gracia de nuestro Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo, sea con todos >nosotros por siempre jamás. Amén.

 

 

SEGUNDO OFICIO.

 

¶ Después de cantar un Himno, el Ministro y la Congregación dirán con juntamente la siguiente sentencia.

 

VENID, y caminemos a la luz del Señor. Y El nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas.

 

Ministro.

Muestra a tus siervos tu obra;

Congregación.

Y a sus hijos tu gloria.

Ministro.

Sea sobre nosotros tu misericordiosa bondad, oh Señor;

Congregación.

Según ponemos nuestra confianza en ti.

Ministro.

No a nosotros, Oh Señor, no a nosotros,

Congregación.

Sino a tu Nombre sea la alabanza.

Ministro.

Señor, oye nuestra oración.

Congregación.

Y llegue a ti nuestro clamor.

Ministro.

El Señor sea con vosotros.

Congregación.

Y con tu espíritu.

Ministro.

Oremos.

 

 

DIOS Todopoderoso, que edificaste tu Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles y Profetas, siendo Jesucristo la principal piedra angular; Concede que estemos tan estrechamente unidos en espíritu por medio de su doctrina, que seamos hechos un templo santo y aceptable a ti; mediante el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

¶ Aquí se podrá cantar un Himno, después del cual, sentándose la Congregación, el Ministro hará las Preguntas que siguen, concernientes a lq Iglesia, respondiendo la Congregación.

 

¿CUANDO fuiste hecho miembro de la Iglesia?


    Respuesta. Fuí hecho miembro de la Iglesia cuando fuí bautizado.


    Pregunta. ¿ Qué es la Iglesia?


    Respuesta. La Iglesia es el Cuerpo del cual Jesucristo es la Cabeza, y todos los bautizados son los miembros.


    Pregunta. ¿ Cómo está descrita la Iglesia en el Credo de los Apóstoles y en el de Nicea?


    Respuesta. La Iglesia está descrita en estos Credos como Una, Santa, Católica y Apostólica.


    Pregunta. ¿ Qué entendemos por estas palabras?


    Respuesta. Entendemos que la Iglesia es


    Una; porque es un Cuerpo bajo una sola Cabeza;


    Santa; porque el Espíritu Santo mora en ella, y santifica a sus miembros;


    Católica; porque es universal, guardando fervorosamente la Fe en todo tiempo, en todos los países y por todas las gentes; y es además enviada a predicar el Evangelio a todo el mundo; y


    Apostólica; porque continúa firme en la doctrina y comunión de los Apostóles.


    Pregunta. ¿ Cuál es tu deber principal como miembro de la Iglesia?


    Respuesta. Mi deber principal es seguir a Cristo, adorar a Dios todos los domingos en su Iglesia; y trabajar, orar y dar para la extensión de su Reino.


    Pregunta. ¿ Qué medios especiales provee la Iglesia para ayudarte a llevar a cabo todas estas cosas?


    Respuesta. La Iglesia provee la Imposición de las Manos, o Confirmación, en la cual, después de renovar las promesas y los votos de mi Bautismo, y declarar mi lealtad y devoción a Cristo como mi Maestro, recibo los dones fortalecedores del Espíritu Santo.


    Pregunta. Después de ser confirmado, ¿ qué gran privilegio provee nuestro Señor para ti?


    Respuesta. Nuestro Señor provee el Sacramento de la Cena del Señor, o la Santa Comunión, para el continuo fortalecimiento y alimentación de mi alma.

 

 

¶ Después de otro Himno, el Ministro procederá con las Preguntas acerca de los Sacramentos como sigue.

 

¿CUANTOS Sacramentos ha ordenado Cristo en su Iglesia?


    Respuesta. Cristo ha ordenado sólo dos Sacramentos, como generalmente necesarios para la Salvación; el Bautismo y la Cena del Señor.


    Pregunta. ¿ Qué entiendes por la palabra Sacramento?


    Respuesta. Entiendo por la palabra Sacramento un signo externo y visible de una gracia interna y espiritual que se nos concede; ordenado por Cristo mismo, como un medio por el cual recibimos esta gracia y una prenda que nos asegura de ella.


    Pregunta. ¿ Cuántas partes hay en un Sacramento?


    Respuesta. Hay dos partes en un Sacramento; el signo externo y visible, y la gracia interna y espiritual.


    Pregunta. ¿ Cuál es el signo externo y visible o forma en el Bautismo?


    Respuesta. El signo externo o forma en el Bautismo es el Agua; con la cual la persona es bautizada, En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.


    Pregunta. ¿ Cuál es la gracia interna y espiritual en el Bautismo?


    Respuesta. La gracia interna y espiritual en el Bautismo es muerte al pecado, y nuevo nacimiento a la justicia; por la cual somos hechos hijos de gracia.


    Pregunta. ¿ Qué se requiere de las personas que han de ser bautizadas?


    Respuesta. Arrepentimiento, por el cual renuncian al pecado; y Fe, por la cual creen firmemente las promesas que Dios les hace en este Sacramento.


    Pregunta. ¿ Por qué pues son bautizados los párvulos, cuando por razón de su tierna edad no pueden cumplir lo que de ellos se exige?


    Respuesta. Porque, por la fe de sus Padrinos, los párvulos son recibidos en la Iglesia de Cristo, son >hechos recipientes de su gracia, y educados en el hogar de la fe.


    Pregunta. ¿ Para qué fué ordenado el Sacramento de la Cena del Señor?


    Respuesta. El Sacramento de la Cena del Señor fué ordenado para memoria perpetua del sacrificio de la muerte de Cristo, y de los beneficios que por él recibimos.


    Pregunta. ¿ Cuál es la parte externa o signo de la Cena del Señor?


    Respuesta. La parte externa de la Cena del Señor es, Pan y Vino, que el Señor ha mandado que recibamos.


    Pregunta. ¿ Cuál es la parte interna, o cosa significada? Respuesta. La parte interna, o cosa significada, es el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que son espiritualmente tomados y recibidos por los fieles en la Cena del Señor.


    Pregunta. ¿ Cuáles son los beneficios de que somos partícipes en la Cena del Señor?
    Respuesta. Los beneficios de que somos partícipes en la Cena del Señor son el fortalecimiento y alimentación de nuestras almas por el Cuerpo y la Sangre de Cristo, así como nuestros cuerpos son fortalecidos y alimentados por el Pan y Vino.


    Pregunta. ¿ Qué se requiere de los que vienen a la Cena del Señor?


    Respuesta. Se requiere de los que vienen a la Cena del Señor que se examinen a sí mismos, y vean si están verdaderamente arrepentidos de sus pecados, proponiéndose firmemente emprender una vida nueva; que tengan una viva fe en la misericordia divina por medio de Cristo, con una memoria agradecida de su muerte; y que estén en caridad con todos los hombres.

 

¶ Aquí puede cantarse un Himno, y después el Ministro hará a la Congregación las Preguntas que siguen concernientes al Ministerio, respondiendo la Congregación.

 

¿QUE órdenes de Ministros hay en la Iglesia?


    Respuesta. Obispos, Presbíteros y Diáconos; Ordenes que han existido en la Iglesia desde los tiempos primitivos.


    Pregunta. ¿ Cuál es el oficio de un Obispo?


    Respuesta. El oficio de un Obispo es, ser un pastor principal en la Iglesia; conferir las Ordenes Sagradas; y administrar la Confirmación.


    Pregunta. ¿ Cuál es el oficio de un Presbítero?


    Respuesta. El oficio de un Presbítero es, ministrar al pueblo confiado a su cuidado; predicar la Palabra de Dios; bautizar; celebrar la Santa Comunión; y pronunciar la Absolución y la Bendición en Nombre de Dios.


    Pregunta. ¿ Cuál es el oficio de un Diácono?


    Respuesta. El oficio de un Diácono es, ayudar al Presbítero en el Oficio Divino, y en sus otros ministerios, bajo la dirección del Obispo.

 

 

¶ Entonces el Ministro añadirá,

 

 

El Señor sea con vosotros.

Resp.

Y con tu espíritu.

 

 

Oremos.

 

CONCEDE, oh Señor, que los que han de renovar las promesas y los votos de su Bautismo, y ser confirmados por el Obispo, reciban de tal manera tu Espíritu Santo, que puedan crecer en tu gracia hasta el fin de su vida; mediante Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

CONCEDE, oh Padre, que cuando recibamos el bendito Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo, acercándonos a esos santos misterios con fe, amor y verdadero arrepentimiento, obtengamos remisión de nuestros pecados, y seamos llenos de tu gracia y bendición celestial; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

LA Gracia de nuestro Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sea con todos nosotros, por siempre jamás. Amén.

 

¶ El Ministro de cada Parroquia instruirá y examinará públicamente en la Iglesia a los jóvenes, los domingos, y los días festivos u otro tiempo que sea conveniente.

 

¶ Y todos los Padres, Tutores y Padrinos traerán a la Iglesia al tiempo señalado, a aquellos de cuya instrucción religiosa son responsables, para que reciban instrucción por el Ministro.

 

¶ Tan pronto como los niños llegan a una edad competente, y pueden decir el Credo, el Padre Nuestro y los Diez Mandamientos, y estén suficientemente instruídos en todo lo demás que contienen estos Oficios, deberán ser presentados al Obispo, para ser confirmados.

 

 

Orden de la Confirmación

 

O Imposición de Manos sobre
Aquellos Bautizados que ya
tengan uso de Razón.

 

 

¶ El día señalado, todos los que deban ser confirmados, colocados de pie y en orden delante del Obispo, que estará sentado en su silla cerca de la Santa Mesa, toda la Congregación estará también de pie hasta el Padre Nuestro. El Ministro entonces dirá,

 

REVERENDO Padre en Dios, os presento a estas personas para que reciban la Imposición de Manos.

 

¶ Luego el Obispo, o cualquier Ministro señalado por él, puede decir,

    Oíd las palabras del Evangelista San Lucas, en el Capítulo octavo del Libro de los Hechos de los Apóstoles:

 

LOS Apóstoles que estaban en Jerusalén habiendo oído que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan: los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo; (porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el Nombre del Señor Jesús). Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.

 

¶ Entonces el Obispo dirá,

 

¿RENOVAIS, aquí, en la presencia de Dios y de esta congregación, la solemne promesa y voto que hicisteis, o fue hecho en vuestro nombre en vuestro Bautismo, ratificándolo y confirmándolo, y reconociendo que estáis obligados a creer y a cumplir con todas aquellas cosas a que vuestros padrinos se obligaron entonces por vosotros?

¶ Y cada uno contestará audiblemente,

 

Resp. Los renuevo.

 
¶ Entonces dirá el Obispo,

 

¿PROMETEIS seguir a Jesucristo como vuestro Señor y Salvador?

 

¶ Y cada uno responderá,

 

Lo prometo.

 

 

Obispo.

Nuestro auxilio está en el Nombre del Señor;

Resp.

Que ha hecho el cielo y la tierra.

Obispo.

Bendito sea el Nombre del Señor;

Resp.

Desde ahora, y para siempre.

Obispo.

Señor, oye nuestra oración.

Resp.

Y llegue a ti nuestro clamor.

 

 

Obispo. Oremos.

 

DIOS Omnipotente y Eterno, que te has dignado regenerar a estos tus siervos por medio del Agua y del Espíritu Santo, y les has concedido perdón de todos sus pecados; Fortalécelos, oh Señor, te suplicamos, con el Espíritu Santo, el Consolador, y aumenta diariamente en ellos tus varios dones de gracia: el espíritu de sabiduría y de entendimiento, el espíritu de consejo y de fortaleza espiritual, el espíritu de conocimiento y de piedad verdadera; y llénalos, Oh Señor, del espíritu de tu temor santo, ahora y siempre. Amén.


 

¶ Entonces, arrodillándose todos en orden delante del Obispo, él pondrá sus manos sobre la cabeza de cada uno en particular, diciendo,

 

DEFIENDE, Oh Señor, a este tu hijo con tu gracia celestial, a fin de que permanezca tuyo para siempre; y de día en día crezca en tu Espíritu Santo más y más, hasta que llegue a tu reino eterno. Amén.

 

¶ Luego el Obispo dirá,

 

 

 

El Señor sea con vosotros.

Resp.

Y con tu espíritu.

 

Obispo. Oremos.

 

 

¶ El Obispo dirá el Padre Nuestro, que repetirá la Congregación arrodillada.

 

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre jamás. Amén.

 

 

¶ Entonces dirá el Obispo,

 

DIOS Omnipotente y eterno, que nos das poder para querer y hacer las cosas que son buenas y agradables a tu Divina Majestad; Te dirigimos nuestras humildes súplicas por estos tus siervos, sobre los que, según el ejemplo de los santos Apóstoles, hemos impuesto nuestras manos, para asegurarles por este signo de tu favor y generosa bondad para con ellos. Que tu mano paternal, te suplicamos, sea siempre sobre ellos; que tu Espíritu Santo sea siempre con ellos, y que de tal modo los guíes en el conocimiento y obediencia de tu Palabra, que al fin obtengan vida eterna; mediante Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el mismo Espíritu Santo es un solo Dios y vive y reina siempre por los siglos de los siglos. Amén.

 

OH Señor Omnipotente y Dios eterno, suplicámoste te dignes dirigir, santificar y gobernar nuestros corazones y cuerpos en los caminos de tus leyes, y en las obras de tus mandamientos; para que por medio de tu poderosísima protección, ahora y siempre, seamos preservados en cuerpo y alma; mediante Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Amén.

 

¶ Entonces el Obispo les dará la Bendición, diciendo así,

 

LA Bendición de Dios Omnipotente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sea sobre vosotros, y more con vosotros eternamente. Amén.

 

¶ El Ministro no omitirá solicitar fervorosamente a los confirmados que vengan sin dilación a la Cena del Señor.

 

¶ Nadie será admitido a la Santa Comunión hasta haber sido confirmado, o esté preparado y deseoso de ser confirmado.

 

Celebración del Matrimonio

 

¶ El día y la hora que se hayan señalado para Solemnizar el Matrimonio, las Personas que han de ser casadas vendrán al cuerpo de la Iglesia, o a alguna casa particular, con sus amigos y vecinos; y estando allí juntos, el Hombre a la mano derecha, y la Mujer a la izquierda, el Ministro dirá,

 

MUY amados, nos hemos reunido aquí en presencia de Dios, y de esta concurrencia, para enlazar a este Hombre y a esta Mujer en Santo Matrimonio; el cual es un estado honorable instituído por Dios, y nos figura la unión mística que hay entre Cristo y su Iglesia. Además, Cristo aprobó y honró este santo estado con su presencia y con el primer milagro que hizo en Caná de Galilea, y San Pablo lo recomienda, diciendo, que es digno de honor entre todos: por tanto no debe ser emprendido inconsiderada o temerariamente sino con reverencia, discreción, peso y cordura, sobriedad y temor de Dios.


    En este santo estado vienen ahora a unirse estas dos personas. Por lo cual, si hay alguien que sepa algún impedimento, por el que no puedan ser unidas lícitamente, dígalo ahora, o de aquí en adelante guarde silencio.

 

¶ Después, hablando con los que vienen a casarse les dirá,

 

YO os requiero, y encargo, que como debéis responder en el terrible día del juicio, cuando los secretos de todos los corazones serán descubiertos, si alguno de vosotros sabe algún impedimento, por el cual no podáis casaros lícitamente, lo confeséis. Porque tened por cierto, que todos los que son unidos en contraposición a la Palabra de Dios, su matrimonio no es lícito.

 

¶ El Ministro, si tiene razón para dudar de la legalidad del propuesto Matrimonio, puede exigir seguridad suficiente para su indemnidad: pero si no existiere, ni sospechare impedimento alguno, el Ministro dirá al Hombre,

 

N. ¿ QUIERES tomar a esta Mujer por tu legítima esposa, y vivir con ella, conforme a la ordenanza de Dios, en el santo estado del Matrimonio? ¿ La amarás, consolarás, honrarás y conservarás en tiempo de enfermedad y de salud; y renunciando a todas las otras, te conservarás para ella sola, mientras los dos vivieren?

 

¶ El Hombre responderá,

 

Sí, quiero.

 

 
¶ Después dirá el Ministro a la Mujer,

 

N. ¿ QUIERES tomar a este Hombre por tu legítimo esposo, para vivir con él conforme a la ordenanza de Dios, en el santo estado del Matrimonio? ¿ Le amarás, consolarás, honrarás y conservarás en tiempo de enfermedad y de salud; y, renunciando a todos los otros, te conservarás para él solo, mientras los dos vivieren?

¶ Y la Mujer responderá,

 

Sí, quiero.

 
¶ Entonces el Ministro dirá,

 

    ¿ Quién entrega a esta Mujer, para que se case con este Hombre?


 

¶ Entonces se darán fe el uno al otro de esta manera. El Ministro, recibiendo a la Mujer de la mano de su padre, o de algún amigo, hará que el Hombre la lome de la mano derecha y que repita con él lo que sigue.

 

YO N. te recibo a ti N. por mi legítima esposa desde hoy en adelante, ora mejore o empeore tu suerte, seas más rica o más pobre, ora sana, ora enferma, para amarte, y cuidarte hasta que la muerte nos separe, según la santa ordenanza de Dios; y de hacerlo así te doy mi palabra y fe.

 

¶ Después soltarán sus manos; y la Mujer tomando con su mano derecha la del Hombre dirá asimismo siguiendo al Ministro,

 

YO N. te recibo a ti N. por mi legítimo esposo desde hoy en adelante, ora mejore o empeore tu suerte, seas más rico o más pobre, ora sano, ora enfermo, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separe, según la santa ordenanza de Dios; y de hacerlo así te doy mi palabra y fe.

 

¶ Después soltarán sus manos otra vez; y el Hombre dará a la Mujer un Anillo. Y el Ministro, tomando el Anillo, lo dará al Hombre para que lo ponga en el cuarto dedo de la mano izquierda de la Mujer. Y el Hombre teniendo allí el Anillo, e instruido por el Ministro, dirá,

 

CON este Anillo te desposo: En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

¶ Y antes de entregar el Anillo al Hombre, el Ministro puede decir,

BENDICE, Oh Señor, este Anillo, para que el que lo da y la que lo lleve moren en tu paz y continúen en tu favor, hasta el fin de su vida; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

¶ Y dejando el Hombre el Anillo en el cuarto dedo de la mano izquierda de la Mujer, el Ministro dirá,

 

Oremos.

 

¶ Entonces el Ministro y la Congregación aún de pie, dirán el Padre Nuestro.

 

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Amén.

 

¶ Y el Ministro añadirá,

 

DIOS eterno, Creador y Conservador del género humano, Dador de toda gracia espiritual, Autor de la vida eterna; Envía tu bendición sobre este hombre y esta mujer, tus siervos, a quienes bendecimos en tu Nombre; que viviendo fielmente juntos, cumplan y guarden el voto y el pacto que se han hecho el uno al otro, (de lo cual este Anillo respectivamente dado y recibido es arras y prenda,) y que siempre permanezcan juntos en perfecto amor y paz, y vivan conforme a tus santos mandamientos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

¶ El Ministro puede añadir una o ambas de las siguientes oraciones.

 

DIOS Todopoderoso, Creador del género humano, que sólo eres el manantial de la vida; Confiere a estos tus siervos, si es tu voluntad, el don y la herencia de hijos; y concede que ellos puedan ver a sus hijos educados en tu fe y temor, para honra y gloria de tu Nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

OH Dios, que has consagrado el estado de Matrimonio hasta tener en él significado y representado el desposorio espiritual y la unidad entre Cristo y su Iglesia; Mira misericordiosamente sobre estos tus siervos, para que puedan amarse, honrarse y cuidarse el uno al otro, y así vivir juntos en fidelidad y paciencia, en sabiduría y verdadera santidad, de manera que su hogar sea un puerto de bendición y de paz; mediante el mismo Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo es siempre, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

¶ Entonces el Ministro juntándoles las manos derechas, dirá,

 

A los que Dios ha unido, ningún hombre los separe.

 

¶ Después el Ministro dirá a la concurrencia.

 

POR cuanto N. y N. consienten en su Santo Matrimonio, y lo han testificado delante de Dios, y de esta concurrencia, y para este fin han dado y empeñado su fe y palabra el uno al otro, y lo han declarado también, así por la unión de las manos, como por la donación y recepción de un Anillo; Yo los declaro Esposo y Esposa, En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

¶ Y el Ministro, arrodillados los Esposos, añadirá esta Bendición.

 

DIOS el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo, os bendiga, conserve y guarde; el Señor por su misericordia vuelva a vosotros los ojos de su favor; y os llene de toda bendición espiritual y gracia para que viváis juntos en este mundo de tal manera que gocéis en el otro de la vida eterna. Amén.

 

¶ Las leyes relativas al Matrimonio, siendo diversas en los diferentes Estados, sea por Publicación en las Iglesias, sea por Licencia, cada Ministro queda sujeto a la dirección de esas leyes, en todo lo que se refiere al contrato civil entre los individuos.

 

¶ Y cuando se publican las Amonestaciones, debe ser en la forma siguiente: Yo publico las Amonestaciones de Matrimonio entre N. de ——, y N. de ——. Si alguno de vosotros supiere causa o justo impedimento, por lo cual estas personas no se puedan unir en Santo Matrimonio, debe declararlo. Esta es la primera [segunda o tercera] amonestación.

 

 

Acción de Gracias después
del Alumbramiento

 

“Comúnmente llamada Purificación de las Mujeres”
 

¶ Este Oficio, o la última Oración sólo, tal como está entre las Oraciones y Acciones de Gracias, puede usarse, según la discreción del Ministro.

 

¶ La Mujer, al tiempo acostumbrado después de su alumbramiento, vendrá a la Iglesia vestida decentemente, y se arrodillará en algún lugar conve niente, como se ha acostumbrado, o como el Ordinario ordenare.

 

¶ El Ministro le dirá,

 

PUESTO que agradó a Dios Omnipotente por su bon dad concederte un feliz alumbramiento, y te ha pre servado en el gran peligro del parto, debes dar cordiales gracias a Dios diciendo:

 

¶ Entonces se dirá por ambos el siguiente Himno, estando la Mujer aún de rodillas.

Dilexi, quoniam. Salmo cxvi.

 

AMO al SEÑOR, pues ha oído mi voz y mis súplicas. Porque ha inclinado a mí su oído: * le invocaré por tanto en todos mis días.


    Angustia y dolor había yo hallado, entonces invoqué el Nombre del SEÑOR: * diciendo: Libra ahora, OH SEÑOR, mi alma.


    Clemente es el SEÑOR y justo: * sí, misericordioso es nuestro Dios.


    ¿ Qué pagaré al SEÑOR: * por todos sus beneficios para conmigo?


    Tomaré la copa de la salvación: * e invocaré el Nombre del SEÑOR.


    Ahora pagaré mis votos al SEÑOR * delante de todo su pueblo;


    En los atrios de la casa del SEÑOR: * en medio de ti, oh Jerusalén. Aleluya.


    Gloria al Padre, y al Hijo: * y al Espíritu Santo;


    Como era al principio, es ahora y será siempre: * por los siglos de los siglos. Amén.

¶ Entonces el Ministro dirá el Padre Nuestro, y lo que sigue: pero el Padre Nuestro puede omitirse, cuando se ha dicho en la Oración Matutina o la Vespertina.

 

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Amén.

 

Ministro.

Oh Señor, salva a esta mujer, tu sierva;

Resp.

Quien pone su confianza en ti.

Ministro.

Que seas Tú, su torre fuerte;

Resp.

Delante de su enemigo.

Ministro.

Señor, oye nuestra oración.

Resp.

Y llegue a ti nuestro clamor.

 

 

Ministro. Oremos.

 

OH Dios Todopoderoso, te damos las más humildes gracias porque benignamente te has dignado preservar, durante el gran dolor y peligro del alumbramiento, a esta mujer, tu sierva, que ahora desea ofrecerte sus alabanzas y acciones de gracias. Concede, te suplicamos, oh Padre misericordioso, que, con tu ayuda, viva fielmente conforme a tu voluntad en esta vida, y que en el mundo venidero sea también partícipe de la gloria eterna; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

¶ Entonces puede decirse,

 

CONCEDE, te suplicamos, Oh Padre Celestial, que el hijo de esta tu sierva pueda crecer diariamente en sabiduría y estatura, y desarrollarse en tu amor y servicio, hasta que llegue a tu gozo eterno; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¶ La Mujer que viene a dar Gracias, debe traer las ofrendas acostumbradas, las cuales serán aplicadas, por el Ministro y los Guardianes, al alivio de las mujeres necesitadas en el parto, y si hay Santa Comunión, conviene que la reciba.

 

 

Visitación a los Enfermos

 

 

¶ El siguiente Oficio, o parle de él, puede ser usado a discreción del Ministro.

¶ Cuando alguna persona esté enferma, será dada noticia de ello al Ministro de la Parroquia, el cual, entrando en la presencia de la persona enferma dirá,

 

PAZ sea a esta casa y a todos los que en ella moran.


 

¶ Después de lo cual dirá la Antífona siguiente, y, según su discreción, uno de los Salmos de Penitencia.

 

    Antífona. Oh Señor, no te acuerdes de nuestros pecados, ni de los de nuestros padres.

¶ Entonces el Ministro dirá,

 

Oremos.

 

 

Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.

 

 

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Amén.

 

 

Ministro.

Oh Señor, salva a tu siervo;

Resp.

Quien pone su confianza en ti.

Ministro.

Envíale socorro desde tu santuario;

Resp.

Y defiéndelo siempre con tu gran poder.

Ministro.

Que no prevalezca el Adversario contra él;

Resp.

Ni se acerque el malvado para dañarlo.

Ministro.

Que seas Tú, oh Señor, su torre fuerte;

Resp.

Delante de su enemigo.

Ministro.

Señor, oye nuestra oración.

Resp.

Y llegue a ti nuestro clamor.

 

 

Ministro.

 

OH Señor, mira desde el cielo, contempla, visita y alivia a este tu siervo. Míralo con los ojos de tu misericordia; dale consuelo y firme confianza en ti, defiéndelo en todo peligro, y guárdalo en perpetua paz y seguridad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

¶ Entonces puede el Ministro decir las Antífonas y los Salmos siguientes con la Colecta a discreción suya.

 

    Antífona. Con mi voz clamé al SEÑOR, y El me respondió desde el monte de su santidad.

 

¿ Domine, quid multiplicati? Salmo iii.

 

OH SEÑOR, cuánto se han multiplicado mis enemigos: muchos se levantan contra mí.


    Muchos dicen de mi alma: No hay para él salvación en Dios.
    Mas tú, SEÑOR, eres escudo alrededor de mí: mi gloria y el que ensalza mi cabeza.
    Con mi voz clamé al SEÑOR: y El me respondió desde el monte de su santidad.
    Yo me acosté, y dormí, y desperté: porque el SEÑOR me sostuvo.
    Del SEÑOR es la salvación: sobre tu pueblo será tu bendición.

 

 

Colecta.

 

 

OYENOS, omnipotente y muy misericordioso Dios y Salvador; extiende tu acostumbrada bondad a este tu siervo que se halla afligido por su enfermedad. Visítalo, Oh Señor, con tu amorosa misericordia, y restáuralo a su salud anterior, para que te pueda dar gracias en tu Santa Iglesia; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

    Antífona. Entraré al altar de Dios, al Dios alegría de mi gozo.
 

Judica me, Deus. Salmo xliii.

 

JUZGAME, oh Dios, y aboga mi causa; líbrame de gente impía, del hombre de engaño e iniquidad.


    Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿ por qué me has desechado? ¿ por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo?


    Envía tu luz y tu verdad, éstas me guiarán: me conducirán al monte de tu santidad, y a tus tabernáculos.


    Y entraré al altar de Dios, al Dios alegría de mi gozo: y te alabaré con harpa, oh Dios, Dios mío.


    ¿ Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí?
     Espera a Dios: porque aún le tengo de alabar; El es salvación delante de mí, y el Dios mío.

 

 

Colecta.

 

SANTIFICA, te suplicamos, oh Señor, la enfermedad de este tu siervo; para que la sensación de su debilidad pueda añadir fuerza a su fe, y seriedad a su arrepentimiento; y concede que pueda morar contigo en la vida eterna; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

    Antífona. Consideraba los días desde el principio; los años de los siglos.

Voce mea ad Dominum. Salmo lxxvii.

 

CON mi voz clamé a Dios: a Dios clamé, y El me escuchará.


    Al Señor busqué en el día de mi angustia: mi mal corría de noche, y no se cesaba; mi alma rehusaba consuelo.


    Acordábame de Dios y gritaba: quejábame y desmayaba mi espíritu.


    Tenías los párpados de mis ojos: estaba yo quebrantado, y no hablaba.


    Consideraba los días desde el principio: los años de los siglos.


    Acordábame de mis canciones de noche; meditaba con mi corazón y mi espíritu inquiría.


    ¿ Desechará el Señor para siempre: y no volverá más a amar?


    ¿ Hase acabado para siempre su misericordia?: ¿ Hase acabado la palabra suya para generación y generación?


    ¿ Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿ Ha encerrado con ira sus piedades?


    Y dije, Enfermedad mía es ésta: traeré pues a la memoria los años de la diestra del Altísimo.

 

 

Colecta.

 

OYE, oh Dios, te suplicamos, estas nuestras oraciones, que te dirigimos a favor de este tu siervo; y concédele el auxilio de tu misericordioso consuelo; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

    Antífona. Si anduviere yo en medio de la angustia, Tú me vivificarás.

Confitebor tibi. Salmo cxxxviii.

 

ALABARTE he, oh Señor, con todo mi corazón: delante de los dioses te cantaré salmos.


    Me postraré al templo de tu santuario, y alabaré tu Nombre, por tu misericordia y tu verdad: porque has hecho magnífico tu Nombre, y tu dicho sobre todas las cosas.
    En el día que clamé, me respondiste: esforzásteme con fortaleza en mi alma.
    Si anduviere yo en medio de la angustia, Tú me vivificarás: contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano y salvaráme tu diestra.


    El SEÑOR cumplirá por mí: tu misericordia, OH SEÑOR es para siempre; no dejarás la obra de tus manos.


 

Colecta.

 

OH Dios, la fuerza del débil y el consuelo de los que sufren; Misericordiosamente acepta nuestras oraciones, y concede a tu siervo la ayuda de tu poder, para que su enfermedad sea cambiada en salud, y nuestra tristeza en gozo; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

    Antífona. El SEÑOR salva de la destrucción tu vida, y te corona de favores y misericordia.

 

Benedic, anima mea. Salmo ciii.

 

BENDICE, alma mía, al SEÑOR: y bendigan todas mis entrañas su Santo Nombre.


    Bendice, alma mía, al SEÑOR: y no olvides ninguno de sus beneficios.


    El es quien perdona todas tus iniquidades: el que sana todas tus dolencias;


    El que rescata de la destrucción tu vida: el que te corona de favores y misericordias.


    Bendecid al SEÑOR, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza: que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto.


    Bendecid al SEÑOR, vosotros todos sus ejércitos: ministros suyos, que hacéis su voluntad.


    Bendecid al SEÑOR, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío: Bendice alma mía al SEÑOR.

 

Colecta.

 

ACEPTA, te suplicamos, Señor misericordioso, la devota alabanza de tu humilde siervo; y concédele un sentimiento permanente de tu amorosa bondad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¶ Los siguientes Salmos son a propósito, y a discreción del Ministro pueden ser sustituidos por cualquiera de los arriba citados: 20, 27, 42, 91, 121, 146.

¶ Añadiendo esto,

OH Salvador del mundo, que por tu Cruz y preciosa Sangre nos has redimido; Sálvanos, y ayúdanos, humildemente te suplicamos, oh Señor.

¶ Conforme lo requiera la ocasión, el Ministro deberá adoctrinar a la per sona enferma acerca del significado y uso del tiempo de enfermedad, y de la oportunidad que proporciona para espiritual provecho.

 

¶ Entonces puede inquirir el Ministro de la persona enferma acerca de su aceptación de la fe Cristiana y si se arrepiente verdaderamente de todos sus pecados, y se halla en caridad con todo el mundo; exhortándole a que perdone de todo corazón, a todas las personas que le hayan ofendido, y si él hubiere ofendido a alguien, pedir que le perdonen: y donde él hubiera hecho agravio o causado perjuicio a cualquiera, repare el daño en todo cuanto esté en su poder hacerlo.

 

¶ Entonces la persona enferma será exhortada a hacer una confesión especial de sus pecados, si siente preocupación de conciencia; después de tal con fesión, y con la evidencia de su arrepentimiento, el Ministro le dará se guridad de la misericordia y perdón de Dios.


 

¶ Entonces el Ministro dirá,

Oremos.

 

MUY misericordioso Dios, que, según la multitud de tus bondades, borras de tal manera los pecados de los que con verdadera fe se arrepienten, que no te acuerdas más de ellos; Abre los ojos de tu clemencia sobre este tu siervo, que desea con todo fervor el perdón y remisión de sus pecados. Renueva en él, amorosísimo Padre, todo lo que ha sido depravado, por la astucia y malicia del diablo, o por su voluntad carnal y fragilidad; preserva y haz que continúe este miembro enfermo en la unidad de la Iglesia; considera su contrición, acepta sus lágrimas, y alivia sus dolores, como creas le es más conveniente y saludable. Y por cuanto pone toda su confianza en tu misericordia, no le imputes sus pecados pasados, antes bien fortalécelo con tu Espíritu Santo; y, cuando te plugiere llamarlo a tu presencia, tómalo bajo tu protección; por los méritos de tu muy amado Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¶ Luego dirá el Ministro,

 

EL Señor Omnipotente que es torre fuerte para todos los que ponen su confianza en El, y a quien todas las cosas en el cielo, en la tierra, y debajo de la tierra se inclinan y obedecen; Sea ahora y siempre tu defensa; y te haga conocer y sentir que no hay otro Nombre debajo del cielo dado al hombre, en quien y por quien tú puedas recibir salud y salvación, sino solamente el Nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

¶ Aquí el Ministro puede usar cualquiera parte de este Libro que, según su juicio, le pareciere conveniente en aquella ocasión, y entonces dirá,

 

ALA bondadosa misericordia y protección de Dios te encomendamos. El SEÑOR te bendiga y te guarde. El SEÑOR haga resplandecer su faz sobre ti, y te sea propicio. El SEÑOR dirija a ti su rostro, y te dé paz ahora y por siempre. Amén.

 

ORACIONES.

 

¶ Oraciones que pueden decirse con el Oficio que precede, o con cualquiera parte de él, a discreción del Ministro.

Oración por el Restablecimiento de la Salud.

 

DIOS de celestiales poderes, que, por la fuerza de tu mandato, ahuyentas del cuerpo humano toda dolencia y enfermedad; Asiste con tu bondad a este tu siervo, para que su debilidad sea desvanecida y a él su fuerza vuelva; y que siéndole restaurada la salud, pueda bendecir tu Santo Nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por Salud.

 

DIOS Todopoderoso, que eres Dador de toda salud, y auxilio de los que a ti acuden por socorro; Pedimos tu fuerza y tu bondad en favor de este tu siervo, para que pueda ser sanado de todas sus enfermedades, para honor y gloria tuya; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Acción de Gracias por el Principio de una Mejoría.

 

DIOS grande y poderoso, que abates a los hombres hasta el sepulcro, y los levantas otra vez; Bendecimos tu bondad maravillosa, porque cambiaste nuestra pesadumbre en alegría y nuestro dolor en regocijo, restableciendo a este nuestro hermano a cierto grado de su salud anterior. Bendito sea tu Nombre, porque no lo abandonaste en su enfermedad; mas lo visitaste con tu consuelo; lo sostuviste en paciencia y sumisión a tu voluntad; y, por último, le enviaste el auxilio oportuno. Continúa, te suplicamos, esta tu misericordia para con él; y haz que los medios que se apliquen para su curación sean eficaces: a fin de que, siendo restablecido a la salud del cuerpo, al vigor de ánimo y a la alegría del espíritu, pueda ir a tu casa para ofrecerte una oblación con regocijo; y para bendecir tu Santo Nombre por todas tus bondades; por medio de Jesucristo nuestro Salvador, a quien contigo y el Espíritu Santo, sea todo honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Oración por una Persona, cuando hay poca esperanza de su Alivio.

 

OH Padre de misericordias, y Dios de todo consuelo, nuestro único amparo en tiempo de necesidad; Volamos a ti por el necesario socorro en favor de este tu siervo que yace aquí en gran debilidad corporal. Míralo bondadosamente, oh Señor; y cuanto más decae el hombre exterior, fortalécelo, te suplicamos, con tu gracia y Santo Espíritu en el hombre interior. Dale verdadero arrepentimiento de todos los errores de su vida pasada, y fe firme en tu Hijo Jesús; para que sus pecados puedan ser borrados por tu misericordia, y su perdón sellado en los cielos; mediante tu mismo Hijo, nuestro Señor y Salvador. Amén.

 

Oración por los Desalentados.

 

CONSUELA, te suplicamos, misericordiosísimo Dios, a este tu siervo, que se encuentra abatido y descora zonado en medio de las tristezas y dificultades de este mundo; y concede que, por el poder de tu Santo Espíritu, pueda ser capaz de proseguir con gozo su camino, y darte contínuas gracias por tu sustentadora providencia; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Oración que el Ministro puede ofrecer por todos los presentes.

 

OH Dios, cuyos días son infinitos, y cuyas misericordias son innumerables; Suplicámoste nos convenzas de la brevedad e incertidumbre de la vida humana; y concede que tu Espíritu Santo nos guíe en santidad y rectitud, todos los días de nuestra vida: a fin de que, cuando te hayamos servido en nuestra generación, seamos reunidos con nuestros padres, teniendo el testimonio de una buena conciencia; en la comunión de la Iglesia Católica; en la confianza de una fe cierta; en el consuelo de una razonable, piadosa y santa esperanza; en tu favor, oh nuestro Dios, y en perfecta caridad con todo el género humano. Te pedimos todo esto mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración Comendatoria por un Agonizante.

 

DIOS Todopoderoso, con quien viven los espíritus de los justos ya hechos perfectos, después que son librados de sus prisiones terrenales; Nosotros encomendamos humildemente, en tus manos, como en las manos de un Creador fiel, y Salvador muy misericordioso, el alma de este tu siervo nuestro hermano amado; suplicándote, que sea preciosa en tu presencia. Lávala, te rogamos, en la sangre de aquel Cordero inmaculado, que fué muerto para quitar los pecados del mundo; para que, quitadas las manchas que hubiere contraído, por las concupiscencias de la carne o asechanzas de Satanás, sea purificada y limpia, y pueda ser presentada pura y sin mancha delante de ti; mediante los méritos de Jesucristo, tu único Hijo nuestro Señor. Amén.

 

 

LETANIA POR LOS AGONIZANTES.

 

OH Dios Padre;
   Ten misericordia del alma de tu siervo.
    Oh Dios Hijo;
    Ten misericordia del alma de tu siervo.
    Oh Dios Espíritu Santo;
    Ten misericordia del alma de tu siervo.
    Oh Santísima Trinidad, Un solo Dios;
    Ten misericordia del alma de tu siervo.

    De todo mal, de todo pecado, de toda tribulación;
    Líbrale, buen Señor.
    Por tu santa Encarnación, por tu Cruz y Pasión, por tu preciosa Muerte y Sepultura;
    Líbrale, buen Señor.
    Por tu gloriosa Resurrección y Ascensión, y por la venida del Espíritu Santo.
    Líbrale, buen Señor.
    Nosotros pecadores te suplicamos nos oigas, oh Señor Dios; Que te dignes librar el alma de tu siervo del poder del maligno, y de muerte eterna;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
    Que te dignes en tu misericordia perdonar todos sus pecados;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
    Que te dignes concederle un lugar de refrigerio y felicidad eterna;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
    Que te dignes concederle gozo y alegría en tu reino, con tus santos en luz;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.

    Oh Cordero de Dios, que quitas los pecades del mundo;
    Ten misericordia de él.
    Oh Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo;
    Ten misericordia de él.
    Oh Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo;
    Concédele tu paz.

Señor, ten misericordia.
Cristo, ten misericordia.
Señor, ten misericordia.

 

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los Cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Amén.

Oremos.

 

OH Señor Soberano, que no deseas la muerte de un pecador; Te suplicamos que desates el espíritu de este tu siervo de toda ligadura, y lo libres de todo mal; a fin de que pueda descansar con todos tus santos en las moradas eternas; mediante Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo, es un solo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Una Absolución que dirá el Presbítero.

 

EL Todopoderoso y misericordioso Señor te conceda perdón y remisión de todos tus pecados, y la gracia y consuelo del Espíritu Santo. Amén.

Comendatoria.

 

MARCHA, Oh alma Cristiana de este mundo, En el Nombre de Dios el Padre Omnipotente que te ha creado, En el Nombre de Jesucristo que te ha redimido, y En el Nombre del Espíritu Santo que te santifica. Que tu descanso sea en paz, y tu morada en el Paraíso de Dios.

Oración Comendatoria por el Alma del que ya Expiró.

 

EN tus manos, Oh misericordioso Salvador, encomendamos el alma de tu siervo que acaba de abandonar el cuerpo. Reconoce, te suplicamos humildemente, a una oveja de tu redil, a un cordero de tu propio rebaño, a un pecador que se acoge a tu propia redención. Recíbelo en los brazos de tu misericordia, en el bendito descanso de tu paz eterna, y en la comunión gloriosa de tus santos en luz. Amén.

 

UNCION DE LOS ENFERMOS.

 

 

¶ Cuando alguna persona enferma llegue a desear en humilde fe el ministerio de curación mediante la Unción o la Imposición de Manos, el Ministro puede usar tal porción del oficio que precede como él lo crea conveniente, y también la forma siguiente:

 

OH Bendito Redentor, alivia, te suplicamos, por tu poder, la angustia de este tu siervo; líbralo del pecado, y ahuyenta de él todo dolor de cuerpo y alma, a fin de que siendo restaurado al vigor de su salud, pueda ofrecerte alabanzas y acción de gracias; Tú que siendo un solo Dios, con el Padre y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

TE unjo con óleo (o impongo mi mano sobre ti), En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; suplicando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, a fin de que siendo desvanecidos de tu cuerpo todo dolor y toda enfermedad, la bendición de la salud te sea restituída. Amén.

 

¶ Es incumbencia del Ministro, el aconsejar al pueblo, mientras están en salud, el hacer Testamentos ordenando la disposición de sus bienes temporales, y cuando está en su poder, el dejar Donativos para usos religiosos o caritativos.

 

Comunión de los Enfermos

 

¶ Por cuanto todos los mortales están sujetos a muchos y súbitos peligros, males y enfermedades, e inciertos siempre de cuando han de partir de esta vida; y a fin de que estén preparados a morir cuando quiera Dios llamarles, los Ministros de tiempo en tiempo (más principalmente en tiempo de pestilencia, u otras enfermedades contagiosas) exhortarán diligentemente a sus parroquianos a recibir muchas veces la Santa Comunión del Cuerpo y Sangre de nuestro Salvador Cristo, cuando se administra públicamente en la Iglesia: para que así, en caso de una visitación súbita, tengan menos causa de inquietud por falta de este paso. Mas si la persona enferma no es capaz de venir a la Iglesia, y se halla deseosa de recibir la Comunión en su casa, dará noticia con tiempo al Presbítero, significando asimismo cuantos hay que comulguen con ella; y habiendo preparado todas las cosas necesarias, el Presbítero celebrará allí la Santa Comunión, comenzando con la Colecta, Epístola y Evangelio siguientes.

 

Colecta.

 

DIOS omnipotente y eterno, Creador del género humano, que reprendes a los que amas, y castigas a los que tú recibes; Te suplicamos tengas misericordia de este tu siervo visitado por tu mano; concédele que sufra con paciencia esta enfermedad, y recobre su salud corporal, si es de tu beneplácito; y que, cuando su alma se aparte de su cuerpo, haz que comparezca delante de ti sin mancha; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. Heb. xii. 5.

 

HIJO mío, no menosprecies el castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de El reprendido; porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo.

 

Evangelio. S. Juan v. 24.

 

DE cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida.

 

¶ O la Colecta, Epístola y Evangelio siguientes pueden usarse.

 

Colecta.

 

OH Dios, Santo Padre, por cuya amorosa bondad son renovados nuestros cuerpos y nuestras almas; Mira misericordiosamente a este tu siervo, para que, habiendo desaparecido toda causa de enfermedad, pueda ser restaurado a su salud completa; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Epístola. 1 S. Juan v. 13.

 

ESTAS cosas he escrito a vosotros que creéis en el Nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el Nombre del Hijo de Dios. Y esta es la confianza que tenemos en El, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, El nos oye. Y si sabemos que El nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado.

Evangelio. S. Juan vi. 47.

 

JESUS dijo, De cierto, de cierto, os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y son muertos. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera. Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre: y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

 

¶ Después de lo cual, el Ministro, procederá según la forma arriba señalada para la Santa Comunión, comenzando con las palabras, Vosotros los que os arrepentís sinceramente, etc.

 

¶ Al tiempo de distribuir el Santo Sacramento, el Ministro lo recibirá primero, y después lo administrará a los que han de comulgar con el enfermo, y últimamente al enfermo.

 

¶ Cuando las circunstancias requieren el acortar el Servicio, la forma que sigue será suficiente:


    La Confesión y Absolución; Elevad vuestros corazones, etc., hasta el fin del Sanctus; La Oración de Consagración, terminando con estas palabras, participantes de su muy bendito Cuerpo y Sangre; el Padre Nuestro; la Oración de Humilde Acceso; la Comunión; la Bendición. Y NÓTESE, que para la Confesión y la Absolución pueden ser usadas las que siguen.

 

Confesión.

 

PADRE Omnipotente, Señor del cielo y de la tierra, confesamos que hemos pecado contra ti en pensamiento, palabra y obra. Ten misericordia de nosotros, oh Dios conforme a tu gran bondad; según la multitud de tus misericordias, borra nuestras ofensas y límpianos de nuestros pecados; por amor de Jesucristo. Amén.

Absolución.

 

EL Omnipotente y misericordioso Señor, te conceda Absolución y Remisión de todos tus pecados, verdadero arrepentimiento, enmienda de vida, y la gracia y consuelo de su Espíritu Santo. Amén.

 

¶ Mas si alguno, por estar en extremis, no recibe el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, o por no haber avisado al Presbítero en tiempo conveniente, o por otro cualquier impedimento legítimo; el Presbítero instruirá al enfermo, y le dará a entender, que si se arrepiente sinceramente de sus pecados y cree firmemente que Jesucristo sufrió la muerte en la Cruz por él, y derramó su Sangre por su redención, trayendo diligentemente a su memoria los beneficios que ha recibido por ésta, y dándole gracias de todo su corazón, come y bebe el Cuerpo y la Sangre de Cristo, para provecho y salud de su alma, aunque no reciba el Sacramento con la boca.

¶ Este Oficio puede ser usado con personas ancianas o postradas en cama, o las que no pueden atender la Administración Pública en la Iglesia, sustituyendo la Colecta, Epístola y Evangelio del Día, en lugar de los indicados arriba.

 

Oficio de Entierros

 

¶ El Oficiante recibiendo el cadáver, y caminando delante de él, a la Iglesia, o hacia el sepulcro, dirá o cantará.

YO soy la resurrección, y la vida, dice el Señor: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y todo aquel que vive, y cree en mí no morirá eternamente.


    Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo: y después de deshecho este mi cuerpo, aún he de ver a Dios: al cual yo tengo de ver por mí, y mis ojos lo verán, y no otro.


    Nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. El SEÑOR dió, y el SEÑOR quitó; bendito sea el Nombre del SEÑOR.

 

¶ Después que llegaren a la Iglesia, será dicha o cantada una o todas las Selecciones siguientes tomadas de los Salmos. El Gloria Patri puede ser omitido excepto al fin de la porción entera o selección del Salterio.

 

Dixi, custodiam. Salmo xxxix.

 

HAZME saber, OH SEÑOR, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; * sepa yo cuánto tengo de ser del mundo.


    He aquí diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti: * ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive.


    Ciertamente en tinieblas anda el hombre; * ciertamente en vano se inquieta: junta y no sabe quién lo allegará.


    Y ahora, Señor, ¿ qué esperaré? * Mi esperanza está enti.


    Líbrame de todas mis rebeliones; * no me pongas por escarnio del insensato.
    Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces consumirse como de polilla su grandeza: * ciertamente vanidad es todo hombre.


    Oye mi oración, OH SEÑOR, y escucha mi clamor; * no calles a mis lágrimas; porque peregrino soy para contigo, y advenedizo como todos mis padres.


    Déjame, y tomaré fuerzas, * antes que vaya y perezca.

 

Domine, refugium. Salmo xc.

 

SEÑOR, tú nos has sido refugio * en generación y en generación.
    Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, * y desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.


    Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, * Y dices: Convertíos, hijos de los hombres.


    Porque mil años delante de tus ojos, son como el día de ayer, que pasó, * y como una de las vigilias de la noche.


    Háceslos pasar como avenida de aguas; son como sueño; * como la hierba que crece en la mañana:


    En la mañana florece y crece; * a la tarde es cortada, y se seca.


    Porque con tu furor somos consumidos, * y con tu ira somos conturbados.


    Pusiste nuestras maldades delante de ti, * nuestros yerros a la luz de tu rostro.


    Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; * acabamos nuestros años como un pensamiento.


    Los días de nuestra edad son setenta años; que si en los más robustos son ochenta años, * con todo su fortaleza es molestia y trabajo; porque es cortado presto, y volamos.
    Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, * que traigamos al corazón sabiduría.

Dominus illuminatio. Salmo xxvii.

 

EL SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿ de quién temeré?: * el SEÑOR es la fortaleza de mi vida; ¿ de quién he de atemorizarme?


    Una cosa he demandado al SEÑOR; ésta buscaré: * Que esté yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para inquirir en su templo.


    Porque El me esconderá en su tabernáculo en el día del mal: * ocultaráme en lo reservado de su pabellón; pondráme en alto sobre una roca.
    Y luego ensalzará mi cabeza: * sobre mis enemigos en derredor de mí.
    Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo: * cantaré y salmearé al SEÑOR.
    Oye, OH SEÑOR, mi voz con que a ti clamo: * y ten misericordia de mí, respóndeme.
    Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro: * tu rostro buscaré, OH SEÑOR.
    No escondas tu rostro de mí: * no apartes con ira a tu siervo.
    Mi ayuda has sido: * no me dejes, y no me desampares, Dios de mi salvación.
    Hubiera yo desmayado: * si no creyese que tengo de ver la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes.
    Aguarda al SEÑOR: * esfuérzate, y aliéntese tu corazón: sí, espera al SEÑOR.
 

Deus noster refugium. Salmo xlvi.

DIOS es nuestro amparo y fortaleza: * nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
    Por tanto no temeremos aunque la tierra sea removida: * aunque se traspasen los montes al corazón de la mar;
    Bramarán, turbaránse sus aguas: * temblarán los montes a causa de su braveza.
    Del río sus conductos alegrarán la ciudad de Dios: * el santuario de las tiendas del Altísimo.
    Dios está en medio de ella, no será conmovida: * Dios la ayudará al clarear la mañana.
    Estad quietos, y conoced que yo soy Dios: * ensalzado he de ser entre las gentes, ensalzado seré en la tierra.
    El SEÑOR de los ejércitos es con nosotros: * nuestro refugio es el Dios de Jacob.

Levavi oculos. Salmo cxxi.

ALZARE mis ojos a los montes; * ¿ de dónde vendrá mi socorro?
    Mi socorro viene del SEÑOR; * que hizo los cielos y la tierra.
    No dará tu pie al resbaladero; * ni se dormirá el que te guarda.
    He aquí, no se adormecerá ni dormirá * el que guarda a Israel.
    El SEÑOR es tu guardador; * El SEÑOR es tu sombra a tu mano derecha.
    El sol no te fatigará de día, * ni la luna de noche. El SEÑOR te guardará de todo mal: * El guardará tu alma.
    El SEÑOR guardará tu salida y tu entrada, * desde ahora y para siempre.

De profundis. Salmo cxxx.

DE los profundos, OH SEÑOR, a ti clamo: * Señor, oye mi voz.
    Estén atentos tus oídos; * a la voz de mi súplica. SEÑOR, si Tú mirares a los pecados; * ¿ quién, oh Señor, podrá mantenerse?
    Empero hay perdón cerca de ti; * para que seas temido. Esperé yo al SEÑOR; esperó mi alma: * en su palabra he esperado.
    Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la mañana, * más que los vigilantes a la mañana.
    Espere Israel, al SEÑOR, porque en el SEÑOR hay misericordia; * y abundante redención con El.
    Y El redimirá a Israel * de todos sus pecados.

¶ Entonces seguirá la Lección, tomada del Capítulo quince de la primera Epístola de San Pablo a los Corintios.

1 Cor. xv. 20.

 

MAS ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin; cuando entregará el reino a Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad. Porque es menester que El reine, hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será deshecho, será la muerte. Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas a él, claro está exceptuado aquel que sujetó a El todas las cosas. Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó a El todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos. Mas dirá alguno: ¿ Cómo resucitarán los muertos? ¿ Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muriere antes. Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, o de otro grano: Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y a cada simiente su propio cuerpo. Toda carne no es la misma carne; mas una carne ciertamente es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves. Y cuerpos hay celestiales, y cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres. Otra es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas: porque una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, se levantará en incorrupción; se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia; se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fué hecho el primer hombre Adán en ánima viviente; el postrer Adán en espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre, es de la tierra, terreno: el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial. Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados, en un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuará la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria. ¿ Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿ dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley. Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.
 

¶ O ésta.

Rom. viii. 14.

PORQUE todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba, Padre. Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con El, para que juntamente con El seamos glorificados. Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios. Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, es a saber, a los que conforme al propósito son llamados. ¿ Pues qué diremos a esto? Si Dios por nosotros, ¿ quién contra nosotros? El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿ cómo no nos dará también con El todas las cosas? ¿ Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿ Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? o angustia? o persecución? o hambre? o desnudez? o peligro? o cuchillo? Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

¶ O éste.

S. Juan xiv. i.

JESUS dijo: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; de otra manera os lo hubiera dicho. Voy pues a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo; para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis adónde yo voy; y sabéis el camino. Dícele Tomás: Señor, no sabemos adónde vas: ¿ cómo pues podemos saber el camino? Jesús le dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí.

¶ Aquí puede ser cantado un Himno o Antífona; y a discreción del Ministro, se dirá el Credo, el Padre Nuestro, la Oración que sigue y tales Oraciones propias que se encuentran en este Libro, terminando con la Bendición; diciendo el Ministro, antes de las Oraciones,

 

El Señor sea con vosotros.

Resp.

Y con tu espíritu.

 

Oremos.

ACUERDATE de tu siervo, oh Señor, según el favor que muestras hacia tu pueblo, y concede que, creciendo en conocimiento y amor a ti, pueda ir ascendiendo de fortaleza en fortaleza, en la vida de perfecto servicio, en tu reino celestial; mediante Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo, es siempre un solo Dios y vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

ALA bondadosa misericordia y protección de Dios os encomendamos. El SEÑOR os bendiga y os guarde. El SEÑOR haga resplandecer su faz sobre vosotros, y os sea propicio. El SEÑOR dirija su rostro a vosotros, y os dé paz, ahora y por siempre. Amén.

 

JUNTO AL SEPULCRO.

 

¶ Cuando llegan al Sepulcro, mientras el cadáver es preparado para ser enterrado, se dirá o cantará,

EL hombre nacido de mujer, corto de días, y harto de sinsabores: que sale como una flor y es cortado; y huye como la sombra, y no permanece.
    En medio de la vida estamos en muerte; ¿ a quién acudiremos por socorro, sino a ti, oh Señor, que estás indignado justamente por nuestros pecados?
    Con todo eso, oh Señor Dios Santísimo, oh Poderosísimo Señor, oh santo y muy misericordioso Salvador, no nos entregues a las amargas penas de la muerte eterna.
    Tú conoces, Señor, los secretos de nuestros corazones; no cierres tus misericordiosos oídos a nuestro ruego; mas perdónanos, oh Señor Santísimo, Dios todopoderoso, santo y misericordioso Salvador, dignísimo y eterno Juez, y no permitas nos apartemos de ti en la hora extrema por muchos que sean los dolores de la muerte.

¶ O éste.

TODO lo que el Padre me da, vendrá a mí: y al que a mí viene, no le echo fuera.
    El que levantó a Jesús de entre los muertos: vivificará también nuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en nosotros.
    Alegróse por tanto mi corazón, y se gozó mi gloria: también mi carne reposará segura.
    Me mostrarás la senda de la vida; hartura de alegrías hay con tu rostro; deleites en tu diestra para siempre.

¶ Entonces, mientras cae la tierra sobre el cadáver, el Ministro dirá,

AL Dios Todopoderoso encomendamos el alma de nuestro difunto hermano, y entregamos su cuerpo a la tierra; tierra a tierra, ceniza a ceniza, polvo a polvo; en esperanza segura y cierta de la resurrección a la vida eterna, mediante nuestro Señor Jesucristo; a cuya venida en gloriosa majestad, para juzgar el mundo, la tierra y el mar darán sus muertos; y los cuerpos corruptibles de los que duermen en El, serán transformados y hechos semejantes a su glorioso cuerpo, según la obra poderosa por la cual puede sujetar a sí mismo todas las cosas.

¶ Después se dirá o cantará,

OI una voz del cielo, que me decía: Escribe: Bienaventurados los muertos, que de aquí adelante mueren en el Señor: Sí, dice el Espíritu, que descansarán de sus trabajos.

¶ Luego el Ministro dirá,

 

El Señor sea con vosotros.

Resp.

Y con tu espíritu.

 

Oremos.

Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Amén.
 

¶ Entonces el Ministro dirá una o más de las Oraciones siguientes, según le pareciere.

OH Dios, cuyas misericordias no pueden ser enumeradas; Acepta nuestras plegarias en favor del alma de nuestro difunto hermano, y concédele entrada en la mansión de luz y gozo en la comunión de tus santos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

DIOS Todopoderoso, con quien viven los espíritus de los que mueren en el Señor, y con quien las almas de los fieles, después que son libradas del peso de la carne, están en gozo y felicidad; Te damos cordiales gracias por los buenos ejemplos de todos tus siervos, que, habiendo terminado en la fe su vida en la tierra, descansan ahora de sus trabajos. Y te suplicamos, que nosotros, con todos los que han partido en la fe verdadera de tu Santo Nombre, obtengamos nuestra perfecta consumación y felicidad en cuerpo y alma, en tu eterna y sempiterna gloria; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

DIOS misericordioso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es la Resurrección y la Vida; en quien cualquiera que cree, vivirá, aunque muera; y cualquiera que vive, y cree en El, no morirá eternamente; quien asimismo nos ha enseñado, por su santo Apóstol San Pablo, que no nos contristemos, como hombres sin esperanza, por los que duermen en El; Nosotros humildemente te suplicamos, oh Padre, nos resucites a todos nosotros de la muerte del pecado a la vida de la justicia; de modo que cuando partamos de esta vida, reposemos en El; y que en la Resurrección general, el último día, nos encontremos aceptables a tus ojos; y recibamos aquella bendición, que tu amado Hijo dirigirá entonces a todos los que te aman y temen: Venid, hijos benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde el principio del mundo. Concede esto, suplicámoste, oh Padre misericordioso, por Jesucristo, nuestro Mediador y Redentor. Amén.

EL Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre del eterno pacto; Os haga perfectos en toda buena obra para hacer su voluntad, efectuando en vosotros 'lo que es agradable en su presencia; mediante Jesucristo, a quien sea dada gloria por siempre jamás. Amén.

¶ El Ministro, según le pareciere, puede también usar cualquiera de las Oraciones siguientes antes de la Bendición final.

OMNIPOTENTE Dios, Dios de los espíritus que moran en la carne, que por medio de una voz del cielo proclamaste: Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor; Multiplica, suplicámoste, para aquellos que descansan en Jesús, las muchas bendiciones de tu amor, a fin de que la buena obra que Tú empezaste en ellos sea perfeccionada para el día de Jesucristo. Y por tu misericordia, concede, oh Padre celestial, que nosotros, que ahora te servimos aquí en la tierra, podamos al fin, juntos con ellos, ser hallados dignos de participar de la herencia de los santos en luz; por amor del mismo tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

PADRE misericordiosísimo, que te has dignado llevarte el alma de este tu siervo (o este niño); Otorga a los que aún estamos en nuestra peregrinación, y que aún caminamos por fe, que habiéndote servido con perseverancia en la tierra, nos reunamos después con tus benditos Santos en la gloria eterna; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

OH Señor Jesucristo, que por tu muerte quitaste el aguijón de la muerte; Concede que nosotros tus siervos sigamos con fe el camino que nos has enseñado, para que al fin durmamos apaciblemente en ti, y despertemos a tu semejanza; por medio de tu misericordia, que siendo un solo Dios, con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

DIOS Todopoderoso y eterno, te damos las más cordiales gracias y te alabamos de corazón, por la admirable gracia y virtud declarada en todos tus santos, que han sido los vasos escogidos de tu gracia, y las luces del mundo en sus varias generaciones; suplicándote humildemente nos des tu gracia para seguir el ejemplo de su firmeza en tu fe, y obediencia a tus santos mandamientos, para que el día de la Resurrección general, nosotros, con todos aquellos que son del cuerpo místico de tu Hijo, podamos sentarnos a su diestra, y escuchar su muy gozosa voz: Venid, vosotros benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Concédenos esto, oh Padre; por amor de Jesucristo, nuestro único Mediador y Abogado. Amén.

¶ En consideración a que algunas veces puede ser expedito el decir dentro de la Iglesia el todo o parte del servicio designado para ser dicho en la Fosa, se permite esto por causas mayores.

¶ NÓTESE que este Oficio es propio para ser usado solamente para con los fieles muertos en Cristo, con tal que en cualquiera otra circunstancia el Ministro pueda, a discreción suya, usar parte de este Oficio, o tales devociones tomadas de otras partes de este Libro, que fueran del caso.

 

 

Para Sepelios en el Mar.

 

¶ El mismo Oficio puede ser usado, pero en la Sentencia al sumergir el cadáver, el Ministro dirá,

AL Dios Todopoderoso encomendamos el alma de nuestro difunto hermano, y entregamos su cuerpo a las, profundidades, en esperanza segura y cierta de la Resurrección a la vida eterna, mediante nuestro Señor Jesucristo; a cuya venida en gloriosa majestad para juzgar al mundo, el mar dará sus muertos y los cuerpos corruptibles de los que duermen en El, serán transformados y hechos semej antes a su glorioso cuerpo; según la obra poderosa por la cual puede sujetar a si mismo todas las cosas.

 

ENTIERRO DE UN NIÑO.

 

¶ El Ministro recibe el cadáver, y caminando delante de él, entra en la Iglesia o se dirige hacia el Sepulcro diciendo,

YO soy la resurrección y la vida, dice el Señor: el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá: y todo aquel que vive, y cree en mí, no morirá eternamente.

JESUS los llamó hacía sí y dijo, Dejad a los niños y no les impidáis de venir a mí: porque de los tales es el reino de los cielos.

COMO pastor apacentará su rebaño: en su brazo cogerá a los corderos, y en su seno los llevará.

¶ Cuando han llegado a la Iglesia se dirán los Salmos siguientes; y al fin de cada Salmo se dirá el Gloria Patri.

Dominus regit me. Salmo xxiii.

EL SEÑOR es mi pastor; * nada me faltará.
    En lugares de delicados pastos me hará yacer: * junto a aguas de reposo me pastoreará.
    Confortará mi alma; * guiaráme por sendas de justicia por amor de su Nombre.
    Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; * porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
    Aderezarás mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores: * ungiste mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
    Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: * y en la casa del SEÑOR moraré por largos días.

Levavi oculos. Salmo cxxi.

ALZARE mis ojos a los montes, * ¿ de dónde vendrá mi socorro?
    Mi socorro viene del SEÑOR, * que hizo los cielos y la tierra.
    No dará tu pie al resbaladero: * ni se dormirá el que te guarda.
    He aquí no se adormecerá ni dormirá, * el que guarda a Israel.
    El SEÑOR es tu guardador: * el SEÑOR es tu sombra a tu mano derecha.
    El sol no te fatigará de día, * ni la luna de noche.
    El SEÑOR te guardará de todo mal: * El guardará tu alma.
    El SEÑOR guardará tu salida y tu entrada, * desde ahora y para siempre.

¶ Entonces seguirá la Lección de S. Mat. xviii.

EN aquel tiempo se llegaron los discípulos a Jesús diciendo: ¿ Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, le puso en medio de ellos, y dijo, De cierto os digo, que si no os volviereis y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que recibiere a un tal niño en mi Nombre a mí recibe. Mirad no tengáis en poco a alguno de estos pequeños; porque os digo, que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos.

¶ Aquí puede cantarse un Himno o Antífona; y el Ministro dirá,

 

El Señor sea con vosotros.

Resp.

Y con tu espíritu.

 

Oremos.

Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.
 

¶ Entonces será dicho por el Ministro y demás personas,

PADRE nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra, como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Amén.

Ministro.

Bienaventurados los de limpio corazón;

Resp.

Porque ellos verán a Dios.

Ministro.

Bendito sea el Nombre del Señor;

Resp.

Desde ahora y para siempre.

Ministro.

Señor, oye nuestra oración.

Resp.

Y llegue a ti nuestro clamor.

 

¶ Aquí se dirán las Oraciones que siguen, o cualquiera de las Oraciones propias de este Libro.

PADRE Misericordiosísimo, cuya faz los ángeles de los pequeñuelos constantemente contemplan en el cielo; Concede que creamos firmemente que este tu hijo ha sido recogido en la santa custodia de tu eterno amor; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

PADRE Omnipotente y misericordioso, que concedes a los niños amplia entrada en tu reino; Concédenos gracia para conformar nuestras vidas a su inocencia y perfecta fe, de manera que al fin, unidos con ellos, podamos estar en tu presencia en gozo perfecto; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

LA gracia de nuestro Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo, sea con todos nosotros por siempre jamás. Amén.

¶ Cuando han llegado al sepulcro deberá decirse o cantarse,

JESUS dijo a sus discípulos, También, pues, vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza: mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo.

¶ Mientras echan tierra sobre el cadáver, el Ministro dirá,

EN esperanza segura y cierta de la Resurrección a la vida eterna mediante nuestro Señor Jesucristo, nosotros entregamos el cuerpo de este niño a la tierra. El SEÑOR lo bendiga y lo guarde, el SEÑOR haga resplandecer su faz sobre él y le sea propicio, el SEÑOR dirija a él su rostro, y le dé paz, ahora y por siempre.

¶ Entonces se dirá o cantará,

POR esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellón sobre ellos.
    No tendrán más hambre, ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni otro ningún calor. Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes vivas de aguas: y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.

¶ Entonces dirá el Ministro,

 

El Señor sea con vosotros.

Resp.

Y con tu espíritu.

 

Oremos.

OH Dios, cuyo muy querido Hijo tomó niños en sus brazos y los bendijo; Dános gracia, te suplicamos, para confiar el alma de este niño a tu perenne cuidado y amor, y condúcenos a tu reino celestial; mediante tu mismo Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

DIOS Omnipotente, Padre de misericordias y dador de todo consuelo; Atiende con clemencia, te suplicamos, a todos los dolientes, para que, confiando sus pesares a ti, puedan comprender la consolación de tu amor; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

QUE el Dios Omnipotente, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, os bendiga y os guarde, ahora y por siempre. Amén.

Fórmulas para Ordenar
Diáconos y Presbíteros
y para Consagrar
Obispos
Según el Orden de la Iglesia Protestante Episcopal
en los Estados Unidos de América,
establecido por los Obispos, y Diputados
Clérigos y Laicos
de la mencionada Iglesia, en Convención General,
en el mes de septiembre, A. D. 1792.

 
PREFACIO.

Es evidente que cuantos han leído diligentemente las Santas Escrituras y los Autores antiguos saben que desde el tiempo de los Apóstoles han existido estas Ordenes de Ministros en la Iglesia de Cristo, Obispos, Presbíteros y Diáconos: Oficios que han estado siempre en tan respetable estima, que nadie se atrevió jamás a desempeñarlos sin ser antes llamado, examinado, aprobado y reconocido como poseedor de aquellas dotes y requisitos necesarios para su cabal desempeño; y además, con la aprobación y admisión de la Autoridad legítima, la Oración pública y con la Imposición de Manos. V por tanto, para que estas Ordenes puedan continuar y usarse reverentemente y estimarse en esta Iglesia, ninguno será reputado por legítimo Obispo, Presbítero o Diácono, ni le será permitido ejercer cualquiera de sus funciones respectivas en esta Iglesia, sino únicamente aquél que para esto hubiese antes sido llamado, examinado, aprobado y admitido según la formula siguiente, o que haya recibido anteriormente la Ordenación o Consagración Episcopal.
    Y ninguno será admitido para Diácono, Presbítero u Obispo si no tiene ha edad que exige el Canon que trata de este asunto.
    Y el Obispo, conociendo por sí mismo, o mediante suficiente testimonio sobre alguna persona cuya vida y conducta haya sido virtuosa y sin delito alguno; y que después de examinado y aprobado lo hallare suficientemente versado en el estudio de las Santas Escrituras, e instruído además según lo requieren los Cánones, puede, en los tiempos señalados, o en circunstancias urgentes en cualquier otro día, admitirle al Diaconado, en presencia de ha Iglesia, según el modo y formula siguiente.

 

Fórmula para Ordenar Diáconos

 

Llegado el día señalado por el Obispo para este objeto, se predicará un Sermón o Exhortación, en que se declararán el Oficio y Obligaciones de los que van a ser admitidos al Diaconado; y cuan necesaria es esa Orden en la Iglesia de Cristo, y en cuanta estimación también debe tener el Pueblo a estas personas en su Oficio.

Acabado el Sermón un Presbítero presentará al Obispo, que deberá estar sentado en su silla cerca de la Santa Mesa, aquellos que desean ser ordenados Diáconos todos adecuadamente revestidos diciendo al mismo tiempo estas palabras,

REVERENDO Padre en Dios, os presento a estas personas, para que sean admitidas al Diaconado.

El Obispo.

ADVIERTE que las personas que nos presentas sean idóneas y dignas por sus conocimientos y buenas costumbres, de ejercer debidamente su Ministerio para honra de Dios, y edificación de su Iglesia.

El Presbítero responderá,

HE investigado cuanto a ellos se refiere, los he examinado además, y así los considero.

Entonces el Obispo dirá al Pueblo,

HERMANOS, si alguno de vosotros sabe de algún impedimento, o crimen notorio de alguno de estos varones, que nos son presentados para que les ordenemos Diáconos, por el que no debe ser admitido a este Oficio, preséntese en Nombre de Dios, y declare cuál es el impedimento o crimen.

Y si se objetare algún crimen o impedimento notorio, el Obispo suspenderá la Ordenación de la persona acusada, hasta que haya sido demostrada su inculpabilidad.

Luego el Obispo (encomendando a las oraciones de la Congregación los que han sido juzgados dignos de ser ordenados) rezará, con el Clero y el Pueblo allí presentes, la Letanía.

Y NÓTESE, que después del Sufragio, Que te dignes iluminar a todos los Obispos, etc., se dirá el siguiente:

QUE te dignes bendecir a estos tus siervos, que ahora van a ser admitidos a la Orden de Diáconos, y derramar tu gracia sobre ellos; para que puedan ejercer debidamente, su Oficio, para la edificación de tu Iglesia, y gloria de tu Santo Nombre;

Y NÓTESE, además que a discreción del Obispo, en lugar de la Letanía señalada, puede ser dicha la Letanía para las Ordenaciones.

Después se celebrará el Oficio de la Santa Comunión, con la Colecta, Epístola y Evangelio siguientes.
 

Colecta.

OMNIPOTENTE Dios, que por tu divina providencia has establecido diversas Ordenes de Ministros en tu Iglesia, y que inspiraste a tus Apóstoles para que eligiesen al Protomártir San Esteban y a los demás, para la Orden de Diáconos; Mira misericordiosamente a estos tus siervos llamados ahora al mismo Oficio y Ministerio: cólmalos de tal manera de la verdad de tu Doctrina, y adórnalos con inocencia de vida, que, por medio de palabra y buen ejemplo, puedan servirte fielmente en este Oficio, a la gloria de tu Nombre, y para edificación de tu Iglesia; por los méritos de nuestro Salvador Jesucristo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, ahora y por siempre. Amén.

Epístola. I Tim. iii. 8.

LOS Diáconos asimismo deben ser honestos, no dobles en palabras, no dados a mucho vino, no amadores de torpes ganancias: que tengan el misterio de la fe con limpia conciencia. Y éstos también sean antes probados; y así ministren, si fueren sin crimen. Las mujeres asimismo honestas, no detractoras, templadas, fieles en todo. Los. Diáconos sean maridos de una mujer; que gobiernen bien. sus hijos y sus casas. Porque los que bien ministraren, ganan para sí buen grado, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.

O ésta.

Por Epístola. Hechos vi. 2.

ASI que, los doce convocaron la multitud de los discípulos y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos a las mesas. Buscad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos en esta obra. Y nosotros persistiremos en la oración, y en el ministerio de la palabra. Y plugo el parecer a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, y a Prócoro, y a Nicanor, y a Timón, y a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía. A éstos presentaron delante de los apóstoles: los cuales orando, les pusieron las manos encima. Y crecía la palabra del Señor; y el número de los discípulos se multiplicaba mucho en Jerusalén; también una gran multitud de los sacerdotes obedecía a la fe.

Entonces el Obispo examinará, en presencia del pueblo, a cada uno de los Ordenandos del modo siguiente.

¿CREEIS que os halláis interiormente movido por el Espíritu Santo para tomar sobre vos este Oficio y Ministerio, dedicándoos al servicio de Dios, para promover su gloria, y la edificación de su pueblo?
    Respuesta. Así lo creo.
    El Obispo. ¿Creéis que estáis verdaderamente llamado, según la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, y de acuerdo con los Cánones de esta Iglesia, al Ministerio de la misma?
    Respuesta. Así lo creo.
    El Obispo. ¿Estáis persuadido de que las Santas Escrituras contienen toda la Doctrina que se requiere como necesaria para la salvación eterna por la fe en Jesucristo?
    Respuesta. Estoy persuadido.
    El Obispo. ¿Leeréis diligentemente las Santas Escrituras al pueblo congregado en la Iglesia a la que seáis designado para servir?
    Respuesta. Así lo haré.
    El Obispo. Pertenece al Oficio de Diácono, en la Iglesia que se le asigne para servir, asistir al Presbítero en el Oficio Divino, y particularmente cuando éste administre la Santa Comunión, ayudarle a distribuirla; leer las Santas Escrituras y las Homilías en la Iglesia; instruir a la juventud en el Catecismo; en ausencia del Presbítero bautizar a los párvulos, y predicar, si fuere autorizado por el Obispo. Es propio también de su Oficio, informarse de los enfermos, pobres y desamparados de la Parroquia, para que cuando haya medios, se les proporcione alivio, mediante las limosnas de los feligreses, o de otros. ¿Cumpliréis todo esto con alegría y de corazón?
    Respuesta. Así lo haré, con el auxilio de Dios.
    El Obispo. ¿Os aplicaréis con todo esmero a modelar y conformar vuestra vida y la de vuestras familias con la Doctrina de Cristo, para que tanto vosotros como vuestras familias, déis en cuanto os sea posible, al rebaño de Cristo los más saludables ejemplos?
    Respuesta. Así lo haré, con el auxilio del Señor.
    El Obispo. ¿Obedeceréis con respeto a vuestro Obispo, y a los otros Ministros principales, que, de acuerdo con los Cánones de la Iglesia, tuvieren autoridad y gobierno sobre vosotros; siguiendo sus amonestaciones piadosas con alegría y buena voluntad?
    Respuesta. Me esforzaré en hacerlo, con el auxilio del Señor.
 

Entonces el pueblo de pie, el Obispo, poniendo sus Manos sobre la Cabezo de cada uno de ellos, que estarán humildemente arrodillados delante de él, dirá,

RECIBID la facultad de ejercer en la Iglesia de Dios, el Oficio de Diácono, que se os confiere, En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Después el Obispo entregará a cada uno de ellos el Nuevo Testamento, diciendo,

RECIBID la facultad de leer el Evangelio en la Iglesia de Dios, y de predicarlo, si para este fin fueres autorizado por el Obispo.

Entonces uno de ellos, que señalará el Obispo, leerá el Evangelio.

S. Luc. xii. 35.

ESTEN ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas; y vosotros, semejantes a hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere y llamare, luego le abran. Bienaventurados aquellos siervos, a los cuales, cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y pasando les servirá. Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos.

Luego el Obispo procederá en el Oficio de la Santa Comunión, y todos los Ordenados permanecerán, y recibirán en aquel mismo día la Santa Comunión, con el Obispo.

Concluída la Comunión, después de la última Colecta, y antes de la Bendición, se dirá la Colecta siguiente.

OMNIPOTENTE Dios, Dador de toda buena dádiva, que por tu gran benignidad, te has dignado aceptar y admitir a estos tus siervos al Oficio de Diáconos en tu Iglesia; Haz que sean, te suplicamos, oh Señor, modestos, humildes y constantes en el desempeño de su Ministerio, que estén dispuestos a observar toda disciplina espiritual; para que teniendo siempre el testimonio de una buena conciencia, y continuando siempre firmes y fortalecidos en Cristo tu Hijo, procedan de tal manera en este Oficio menor, que sean dignos de ser admitidos a los Ministerios mayores en tu Iglesia; por el mismo Jesucristo tu Hijo, nuestro Salvador, a quien sea gloria y honra por los siglos de los siglos. Amén.

LA Paz de Dios, que excede a todo entendimiento, guarde vuestros corazones y mentes en el conocimiento y amor de Dios, y de su Hijo Jesucristo nuestro Señor: Y la Bendición de Dios Omnipotente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sea con vosotros, y more con vosotros eternamente. Amén.

Aquí pues, deberá advertirse al Diácono su obligación de permanecer por espacio de un año entero en el Diaconado (si el Obispo por causas razonables no juzgare de otro modo) para que pueda adquirir un conocimiento perfecto, y una experiencia suficiente en lo concerniente a la Administración Eclesiástica: y si en el desempeño de la Administración se portare con fidelidad y diligencia, podrá ser admitido por su Diocesano a la Orden del Presbiterado, en los tiempos señalados en el Canon, o si así lo exigieren circunstancias urgentes, en algún otro día, en presencia de la Iglesia en el modo y forma siguiente.

 

 

Fórmula para Ordenar Presbíteros

 

Llegado el día señalado por el Obispo para este objeto, se predicará un Sermón o Exhortación, en que se declararán el Oficio y Obligaciones de los que van a ser admitidos al Presbiterado; y cuan necesaria es esa Orden en la Iglesia de Cristo, y en cuanta estimación también debe tener el Pueblo a estas personas en su Oficio.

Un Presbítero presentará al Obispo que estará sentado en su silla cerca de la Santa Mesa los que van a ser ordenados Presbíteros, todos adecuadamente revestidos, y dirá,

REVERENDO Padre en Dios, os presento a estas personas, para que sean admitidas a la Orden del Presbiterado.

El Obispo.

ADVIERTE que las personas que nos presentas, sean idóneas y dignas por su conocimiento y buenas costumbres, de ejercer debidamente su Ministerio para honra de Dios y edificación de su Iglesia.

El Presbítero responderá,

HE investigado cuanto a ellos se refiere, los he examinado además, y así los considero.

Entonces el Obispo dirá al Pueblo,

AMADOS oyentes, éstos son los que, con el divino beneplácito, nos proponemos admitir este día al sagrado Oficio del Presbiterado; porque, después del debido examen, nada hemos hallado que se oponga; antes bien, los tenemos por legalmente llamados al desempeño de sus Funciones y Ministerio, y los consideramos capaces para los mismos. Empero si alguien sabe de algún impedimento o crimen notorio de alguno de ellos, por el que no sea lícito admitirlo a este sagrado ministerio, preséntese en Nombre de Dios, y declare cual es el impedimento o crimen.

Y si se objetare algún crimen o impedimento notorio, el Obispo suspenderá la Ordenación de la persona acusada, hasta que haya sido demostrada su inculpabilidad.

Luego el Obispo (encomendando a las oraciones de la Congregación, a los que han sido juzgados dignos de ser ordenados) rezará, con el Clero y el Pueblo allí presentes, la Letanía.

Y NÓTESE, que después del Sufragio, Que te dignes iluminar a todos los Obispos, etc., se dirá el siguiente:

QUE te dignes bendecir a estos tus siervos, que ahora van a ser admitidos a la Orden de Presbíteros, y derramar tu gracia sobre ellos; a fin de que puedan ejercer debidamente su Oficio, para la edificación de tu Iglesia, y gloria de tu Santo Nombre.

Y NÓTESE que a discreción del Obispo, en lugar de la Letanía señalada, puede decirse la Letanía para las Ordenaciones.

Después se celebrará el Oficio de la Santa Comunión, con la Colecta, Epístola y Evangelio siguientes.
 

Colecta.

OMNIPOTENTE Dios, Dador de toda buena dádiva, que por tu Espíritu Santo has establecido diversas Ordenes de Ministros en tu Iglesia; Mira con misericordia a estos tus siervos, llamados ahora al Oficio del Presbiterado; y cólmalos de tal manera de la verdad de tu Doctrina, y adórnalos con inocencia de vida, que, por medio de palabra y buen ejemplo, puedan servirte fielmente en este Oficio, a la gloria de tu Santo Nombre y la edificación de tu Iglesia; por los méritos de Jesucristo nuestro Salvador, que vive y reina contigo y el mismo Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Epístola. Efes. iv. 7.

A  CADA uno de nosotros es dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto llevó cautiva la cautividad, y dió dones a los hombres. (Y el que subió, ¿ qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, el mismo es el que también subió sobre todos los cielos, para cumplir todas las cosas.) Y El mismo dió unos, apóstoles; y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores, y doctores, para perfección de los santos, para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo: hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Evangelio. S. Mat. ix. 36.

Y  VIENDO Jesús las multitudes, tuvo misericordia de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha; mas los obreros, pocos. Rogad pues al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

O éste.

Evangelio. S. Juan x. 1.

DE cierto, de cierto os digo, que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal ladrón es y robador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen; porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él; porque no conocen la voz de los extraños; Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no entendieron que era lo que les decía. Volvióles pues Jesús a decir: De cierto, de cierto os digo, Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y robadores, mas no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye; y el lobo las arrebata, y dispersa las ovejas. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil: aquellas también me conviene traer, y oirán mi voz, y habrá un rebaño, y un pastor.
 

Luego sentada la Congregación el Obispo dirá lo siguiente a los que van a ser ordenados Presbíteros.

YA oísteis, Hermanos, en vuestro examen particular, como en la exhortación que ahora os hicimos, y en las santas Lecciones tomadas del Evangelio y de los escritos de los Apóstoles, de cuanta dignidad y grande importancia es este Ministerio a que sois llamados. Y ahora os exhortamos de nuevo en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis presente, a cuan alta dignidad, y a qué importante Oficio y Ministerio sois llamados; pues que seréis Mensajeros, Centinelas y Mayordomos del Señor, instruyendo, amonestando y proveyendo a la familia del Señor, buscando a los ovejas de Cristo dispersas por doquier, y a sus hijos que se hallen en medio de este mundo perverso, para que por Cristo puedan obtener su eterna salvación.
    Tened, por lo tanto, siempre fijo en vuestra mente cuan gran tesoro se os ha encomendado. Son ovejas de Cristo, que El mismo compró con su muerte, y por las que derramó su sangre. La Iglesia y la Congregación a las que debéis servir, es su Esposa y su Cuerpo; y si llegare a suceder que esta Iglesia o alguno de sus miembros padeciere daño o detrimento por vuestra negligencia, bien conocéis la magnitud de semejante falta, y también el horrible castigo que os sobrevendrá. Por lo tanto, considerad atentamente el propósito de vuestro Ministerio con respecto a los hijos de Dios y a la Esposa y Cuerpo de Cristo; y procurad que vuestra obra, vuestro cuidado y diligencia sean incesantes, haciendo cuanto os sea posible, de acuerdo con vuestra obligación, hasta traer a todos los que están o fueren puestos a vuestro cuidado, a tal unidad de la fe y del conocimiento de Dios, y a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, para que no haya entre vosotros ningún error en religión, ni depravación de vida.
    Puesto que vuestro Oficio es de tanta excelencia, pero de tan grande dificultad, considerad con cuánto cuidado y estudio debéis dedicaros a su desempeño, para mostraros obedientes y agradecidos al Señor que os ha elevado a tan alta dignidad, así como también, debéis procurar que ni vosotros ofendáis, ni seáis causa de que otros ofendan. Sin embargo de vosotros mismos no podéis tener tal mente y voluntad, porque dicha voluntad y capacidad provienen de Dios solamente; por lo tanto, debéis y tenéis necesidad de rogar fervorosamente por su Santo Espíritu. Y conscientes de que no podréis efectuar tan ardua labor respecto a la salvación del hombre, sino con la doctrina y exhortación obtenidas de las Santas Escrituras, y con una vida acorde a las mismas, considerad cuan asiduos debéis ser en estudiar y aprender las Escrituras y en conformar vuestras costumbres y las de los que especialmente pertenecen a vosotros, de acuerdo con los preceptos de las mismas Escrituras, y por esta misma causa debéis abandonar y desechar, cuanto podáis, todos los cuidados y afanes del mundo.
    Confiamos en que ya habréis recapacitado con anterioridad en todas estas cosas, y que estáis firmemente decididos, por la gracia de Dios, a entregaros por completo a este Oficio, al que Dios se ha dignado llamaros; así que, en cuanto más podáis, os dedicaréis enteramente a esto, y pondréis toda vuestra atención y cuidado a este propósito, y pediréis continuamente a Dios el Padre, mediante nuestro único Salvador Jesucristo, que os envíe el celestial auxilio del Espíritu Santo, para que por la diaria lectura y meditación de las Escrituras podáis acrecentar vuestra experiencia y fuerza en el Ministerio y esforzaros a santificar vuestra vida y la de los vuestros, modelándolas según los preceptos y doctrina de Cristo, para que lleguéis a ser saludables y piadosos ejemplos y modelos que el pueblo pueda seguir.
    Ahora pues, para que esta Congregación Cristiana aquí reunida, pueda conocer también vuestras intenciones y voluntad respecto de estas cosas, y para que vuestra misma promesa os estimule más al cumplimiento de vuestros deberes, debéis vosotros mismos responder claramente a las preguntas que en Nombre de Dios y de su Iglesia os vamos a hacer tocante a lo mismo.
 

¿OS creéis sincera y verdaderamente llamados según la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, y de acuerdo con los Cánones de esta Iglesia, a la Orden y Ministerio del Presbiterado?
    Respuesta. Así lo creo.
    El Obispo. ¿ Estáis persuadidos de que las Santas Escrituras contienen toda la Doctrina que se requiere como necesaria para la salvación eterna, por la fe en Jesucristo? ¿ Y estáis resueltos a instruir según las mismas Escrituras al pueblo encomendado a vuestro cuidado; y a no enseñar, como necesaria para la salvación eterna, sino aquello de que no estéis bien persuadido, que puede deducirse y probarse por las Escrituras?
    Respuesta. Estoy persuadido y resuelto, mediante la gracia de Dios.
    El Obispo. ¿Os dedicaréis siempre con toda fidelidad y diligencia a administrar la Doctrina y los Sacramentos, y la Disciplina de Cristo, como el Señor ha mandado, y esta Iglesia los ha recibido de acuerdo con los mandamientos de Dios; de manera que podáis enseñar al pueblo encomendado a vuestro cuidado pastoral y guardarlos y observarlos con toda diligencia?
    Respuesta. Así lo haré, con el auxilio del Señor.
    El Obispo. ¿Y estaréis dispuestos a desterrar y rechazar de la Iglesia, con toda fidelidad y diligencia, todas las doctrinas erróneas y extrañas contrarias a la Palabra de Dios; amonestar y exhortar pública y privadamente, tanto a los enfermos como a los sanos, en vuestras Congregaciones, cuando lo exija la necesidad, y la ocasión lo requiera?
    Respuesta. Así lo haré, con el auxilio del Señor.
    El Obispo. ¿Seréis asiduos en la Oración, y en la lectura de las Santas Escrituras, así como en otros estudios que contribuyen al conocimiento de las mismas, dejando a un lado las vanidades del mundo y de la carne?
    Respuesta. Procuraré hacerlo, con el auxilio del Señor.
    El Obispo. ¿Os dedicaréis con todo cuidado a modelar y conformar vuestra vida y la de vuestras familias de acuerdo con la Doctrina de Cristo, para que tanto vosotros corno ellos, déis en cuanto os sea posible, los más saludables ejemplos y modelos al rebaño de Cristo?
    Respuesta. Trataré de hacerlo, con el auxilio del Señor.
    El Obispo. ¿Mantendréis y promoveréis en cuanto os sea posible, la tranquilidad, la paz y la caridad entre todos los Cristianos, y especialmente entre aquellos que están o fueren encomendados a vuestro cuidado?
    Respuesta. Así lo haré, con el auxilio del Señor.
    El Obispo. ¿Obedeceréis, con todo respeto a vuestro Obispo, y a los otros Ministros principales que, de acuerdo con los Cánones de la Iglesia tuvieren autoridad y gobierno sobre vosotros; siguiendo sus amonestaciones piadosas con alegría y buena voluntad, sometiéndoos a sus juicios piadosos?
    Respuesta. Así lo haré, con el auxilio del Señor.

Entonces el Obispo, todos levantándose, dirá,

EL Dios Omnipotente que os ha dado esta voluntad de hacer todas estas cosas; Os conceda también la fuerza y el poder para cumplirlas, para que pueda realizar su obra que ha comenzado en vosotros; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Después de esto, se pedirá a la Congregación, a que dirija en secreto sus oraciones a Dios, suplicándole humildemente todas estas cosas: y para dar lugar a estas súplicas, se guardará silencio por un corto espacio de tiempo.

Después, estando arrodillados todos los que han de ser ordenados Presbíteros, los demás de pie, el Obispo cantará o rezará el Veni, Creator Spiritus: comenzando el Obispo al que responderán alternadamente los Presbíteros, y los demás que estuvieren presentes, las siguientes estrofas.
 

Veni, Creator Spiritus.

VEN, Santo Espíritu Creador,
Inflama el alma en santo amor.
Tú que eres celestial unción
E impartes septiforme don.

Con tu bendita unción nos das
Consuelo, vida, amor y paz.
Arde en perpetua claridad
Que alumbre nuestra ceguedad.

Aviva y vierte en nuestro ser
Tu gracia y celestial poder.
Ahuyenta al malo, y a nuestro hogar
Resguarda en paz y bienestar.

El Padre, el Hijo y de los dos,
Tú el procedente, al Trino Dios;
Haz que podamos comprender
Y un canto eterno así ofrecer:
    Gloria al Padre, al Hijo honor,
    Y al Santo Espíritu loor. Amén.


O éste.

OH, tú precioso Espíritu divino
Santo Consolador,
Dios, con el Padre e Hijo, Uno y Trino,
Dios de Paz y de Amor.

Eres la Fuente y Manantial constante
De gozo bienhechor:
El amor dulce, el fuego deslumbrante,
La espiritual Unción.

De la Iglesia de Cristo tus mil dones
Sostén y apoyo son:
La Ley trazas en fieles corazones
Cual dedo del Señor.

En la aflicción, en el pesar y el duelo,
Eres consolación.
Inestimable don que desde el cielo
Nos concede el Señor.

Y pues que nuestro jefe eres amado,
Haz que en toda ocasión
Escapemos las redes del pecado
Y huyamos del error.

Oh, loor al Padre tributad mortales
También al Hijo loor,
Y al Espíritu Santo, que coiguales
Los Tres en Uno son.
Amén.
 

Hecho esto, el Obispo orará de esta manera, diciendo,

Oremos.

DIOS Todopoderoso, y Padre Celestial, que, por tu inmenso amor y bondad para con nosotros, nos diste a tu único y muy amado Hijo Jesucristo, para que fuese nuestro Redentor, y el Autor de la vida eterna; quien, después de perfeccionar nuestra redención con su muerte, y de ascender a los cielos, envió por todo el mundo a sus Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Doctores y Pastores; por cuya obra y ministerio El reunió un rebaño numeroso en todas partes del mundo, para proclamar sempiternas alabanzas a tu Santo Nombre: Te rendimos las más cordiales gracias, te alabamos, te adoramos: por estos tan grandes beneficios de tu eterna bondad, y porque te has dignado llamar a estos tus siervos aquí presentes al mismo Oficio y Ministerio para la salvación del linaje humano, y te suplicamos humildemente por tu mismo bendito Hijo, que concedas a cuantos aquí, o en cualquier otro lugar invocaren tu Santo Nombre, que continuemos mostrando nuestra gratitud a ti por estos y todos tus otros beneficios; y que podamos diariamente crecer más y más en el conocimiento y fe en ti y en tu Hijo, por el Espíritu Santo; para que no sólo por medio de estos tus Ministros, sino también por aquellos sobre los cuales estos tus Ministros fueren constituídos, sea eternamente glorificado tu Santo Nombre, y se extienda tu reino bendito; mediante el mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del mismo Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Acabada esta Oración, el Obispo, y los Presbíteros presentes, impondrán las Manos sobre la Cabeza de cada uno de los Ordenandos al Presbiterado, que estarán humildemente arrodillados, y el Obispo dirá,

RECIBID el Espíritu Santo para el Oficio y Obra de Presbítero en la Iglesia de Dios, que ahora se os confiere por la Imposición de nuestras manos. A los que perdonareis sus pecados, les son perdonados, y a los que retuviereis les son retenidos. Y sé un fiel Dispensador de la Palabra de Dios y de sus Santos Sacramentos; En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

O ésta.

RECIBID la facultad de ejercer el Oficio de Presbítero en la Iglesia de Dios, que ahora se os confiere por la Imposición de nuestras manos. Y sé un fiel Dispensador de la Palabra de Dios y de sus Santos Sacramentos; En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Después el Obispo pondrá la Biblia en las manos de cada uno de ellos, que permanecerán arrodillados, diciendo,

RECIBID la facultad de predicar la Palabra de Dios y de administrar los Santos Sacramentos en la Congregación a la que fueres legítimamente designado.

Concluido esto, se rezará el Credo Niceno, y el Obispo continuará el Oficio de la Santa Comunión, la cual recibirán todos los Ordenados, permaneciendo en el mismo lugar en que les fueron impuestas las Manos, hasta que hayan participado de la Comunión.

Concluida ésta, después de la última Colecto, e inmediatamente antes de la Bendición, se dirá esta Colecta.

MISERICORDIOSISIMO Padre, te suplicamos derrames tu celestial bendición sobre estos tus siervos; para que sean revestidos de justicia, y para que tu Palabra proferida por sus labios tenga tanto éxito, que jamás sea hablada en vano. Concédenos también gracia para escuchar y recibir, como medios para nuestra salvación, todo cuanto nos prediquen tomado de tu santísima Palabra o de acuerdo con ella; para que en todas nuestras palabras y obras busquemos tu gloria, y el engrandecimiento de tu reino; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

LA Paz de Dios, que excede a todo entendimiento, guarde vuestros corazones y mentes en el conocimiento y amor de Dios, y de su Hijo Jesucristo nuestro Señor: Y la Bendición de Dios Omnipotente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sea con vosotros, y more con vosotros eternamente. Amén.

Si en un mismo día han de ser unos Ordenados Diáconos y otros Presbíteros, se presentarán primero los Diáconos y después los Presbíteros, y bastará que una vez se rece para ambos la Letanía; se hará uso de ambas Colectas, primero la perteneciente a los Diáconos, y después la de los Presbíteros. La Epístola será Efes. iv. 7—13, como queda dicho en este Oficio. Inmediatamente después los Ordenandos al Diaconado serán examinados y Ordenados, como queda antes indicado. En seguida, leído el Evangelio por alguno de ellos (que o bien se tomará de San Mateo ix. 36, como se ha dicho en este Oficio, o de San Lucas xii. 35—38, según queda mencionado en la Fórmula de la Ordenación de los Diáconos), los Ordenandos al Presbiterado serán también examinados y Ordenados, como antes indicado en este mismo Oficio. La Colecta será como sigue.

Colecta.

OMNIPOTENTE Dios, Dador de toda buena dádiva, que por tu Santo Espíritu, has establecido diversas Ordenes de Ministros en tu Iglesia; Mira misericordiosamente a estos tus siervos llamados ahora al Oficio de Diácono y a estos tus siervos ahora llamados al Oficio de Presbítero; y cólmalos de tal manera de la verdad de tu Doctrina, y adórnalos con inocencia de vida, que por medio de la palabra y buen ejemplo, puedan fielmente servirte en su Ministerio, a la gloria de tu Nombre y edificación de tu Iglesia; por los méritos de nuestro Salvador Jesucristo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Fórmula para la Consagración

de un Obispo

 

Dispuesto todo y en buen orden la Iglesia, el Obispo Presidente o algún otro Obispo designado por los Obispos presentes, empezará el Oficio de la Santa Comunión; en el cual ésta será

La Colecta.

DIOS Omnipotente, que por tu Hijo Jesucristo concediste a tus Santos Apóstoles muchos excelentes dones, y les encomendaste que apacentasen tu rebaño; Da tu gracia, te suplicamos, a todos los Obispos, los Pastores de tu Iglesia, para que prediquen con esmero tu Palabra, y administren debidamente su piadosa Disciplina; y concede al pueblo el que obedientemente la guarde; para que todos reciban la corona de gloria eterna; por el mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Y otro Obispo leerá la Epístola.

Epístola. I Tim. iii. 1.

PALABRA fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Conviene, pues, que el Obispo sea irreprensible, marido de una mujer, solícito, templado, compuesto, hospedador, apto para enseñar; no amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias, sino moderado, no litigioso, ajeno de avaricia; que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad; (porque el que no sabe gobernar su casa, ¿ cómo cuidara de la Iglesia de Dios?) no un neófito para que no suceda que, hinchado de soberbia caiga en la condenación del diablo. También conviene que tenga buen testimonio de los extraños, porque no caiga en afrenta y en lazo del diablo.

O ésta.

Por Epístola. Hechos xx. 17.

Y  ENVIANDO desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. Y cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo, desde el primer día que entré en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los Judíos: como nada que fuese útil he rehuído de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a los Judíos y a los Gentiles arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo. Y ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer: mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan. Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo; solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. Por tanto, yo os protesto el día de hoy, que yo soy limpio de la sangre de todos: porque no he rehuído de anunciaros todo el consejo de Dios. Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por Obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño; y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para llevar discípulos tras sí. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia: el cual es poderoso para sobreedificar, y daros heredad con todos los santificados. La plata, o el oro, o el vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario sobrellevar a los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurada cosa es dar que recibir.

¶ Después otro Obispo leerá el Evangelio.

Evangelio. S. Juan xxi. 15.

JESUS dijo a Simón Pedro: ¿Simón, hijo de Jonás, me amas más que éstos? Dícele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos. Vuélvele a decir La segunda vez: ¿Simón, hijo de Jonás, me amas? Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas. Dícele la tercera vez: ¿Simón, hijo de Jonás, me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y le dice: Señor, tú sabes todas las cosas: tú sabes que te amo. Dícele Jesús: Apacienta mis ovejas.

O éste.

Evangelio. S. Juan. xx. 19.

COMO fué tarde aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas, donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús, y púsose en medio, y les dijo: Paz a vosotros. Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los discípulos se gozaron viendo al Señor. Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz a vosotros: como me envió el Padre, así también yo os envío. Y como hubo dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A los que perdonareis los pecados, les son perdonados; y a los que los retuviereis, les son retenidos.

O éste.

Evangelio. S. Mat. xxviii. 18.

LLEGANDO Jesús, les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id, y doctrinad a todas las naciones, bautizándolas En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
 

Después se dirá el Credo Niceno, y en seguida el Sermón, que una vez terminado, el Obispo Electo revestido con su roquete, será presentado por dos Obispos de esta Iglesia al Obispo Presidente, o a otro Obispo designado para este fin, el cual estará sentado en su silla cerca de la Santa Mesa, y los Obispos que le presentan, dirán,

REVERENDO Padre en Dios, os presentamos a este hombre piadoso y erudito, para que sea Ordenado y Consagrado Obispo.

Mandará el Obispo Presidente, que se exhiban los Testimoniales de la persona presentada para la Consagración, y hará que se lean.

Después le exigirá la siguiente Promesa de Conformidad con la Doctrina. Disciplina y Culto de la Iglesia Protestante Episcopal.

EN el Nombre de Dios, Amén. Yo N. electo Obispo de la Iglesia Protestante Episcopal, en N. prometo conformidad y obediencia a la Doctrina, Disciplina y Culto de la Iglesia Protestante Episcopal en los Estados Unidos de América. Así me auxilie Dios mediante Jesucristo.

Entonces el Obispo Presidente exhortará a la Congregación a orar, diciendo.

HERMANOS, escrito está en el Evangelio según San Lucas, que Cristo nuestro Salvador pasó en oración toda la noche antes de elegir y enviar a sus doce Apóstoles. También está escrito que los santos Apóstoles oraron antes de ordenar a Matías para que fuese uno de los Doce. Por lo tanto siguiendo el ejemplo de Cristo nuestro Salvador, y de sus Apóstoles, elevemos nuestras oraciones a Dios Todopoderoso antes de admitir y enviar a este hombre que nos ha sido presentado, a la obra para la que confiamos ha sido llamado por el Espíritu Santo.

Entonces se dirá la Letanía salvo que después de la súplica Que te dignes iluminar a todos los Obispos etc., el Sufragio propio será,

QUE te dignes bendecir a este nuestro Hermano electo, y enviar sobre él tu gracia, para que pueda desempeñar debidamente el Oficio a que ha sido llamado, para edificación de tu Iglesia, y para honra, alabanza y gloria de tu Nombre; Resp. Suplicámoste nos oigas, buen Señor.

Y NÓTESE, Que a discreción del Obispo Presidente, en lugar de la Letanía podrá decirse la Letanía para las Ordenaciones.

Después se dirá la siguiente Oración.

OMNIPOTENTE Dios, Dador de toda buena dádiva, que por tu Espíritu Santo has establecido diversas Ordenes de Ministros en tu Iglesia; Mira misericordiosamente a este tu siervo, llamado ahora a la Obra y Ministerio de Obispo; y cólmalo de tal manera de la verdad de tu Doctrina, y adórnalo con inocencia de vida, que por medio de palabra y buen ejemplo, pueda servirte fielmente en este Oficio, a la gloria de tu Nombre, y edificación y buen gobierno de tu Iglesia; por los méritos de nuestro Salvador Jesucristo, que vive y reina contigo y el mismo Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Luego sentado el pueblo, el Obispo Presidente, sentado en su silla, dirá al que va a ser Consagrado,

HERMANO, puesto que en la Santa Escritura y en los antiguos Cánones, se nos manda que no procedamos apresuradamente a imponer las manos y admitir persona alguna al Gobierno en la Iglesia de Cristo, la que adquirió a no menos costo que la efusión de su propia sangre; antes de admitiros a esta Administración, os examinaremos sobre ciertos Artículos, para que la Congregación que está presente sepa y pueda atestiguar, de qué modo habéis resuelto conduciros en la Iglesia de Dios.
 

¿ESTAIS persuadido de que verdaderamente sois llamado a este Ministerio, según la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, y lo ordenado por esta Iglesia?
    Respuesta. Estoy persuadido.
    El Obispo. ¿Estáis persuadido de que las Santas Escrituras contienen toda la Doctrina que se requiere como necesaria para la salvación eterna, por la fe en Jesucristo? ¿ Y estáis resuelto a instruir en las mismas Santas Escrituras al pueblo encomendado a vuestro cuidado; y a no enseñar ni sostener, como necesaria para la salvación eterna, ninguna cosa de que no estéis bien persuadido, que pueda deducirse y probarse por las mismas?
    Respuesta. Estoy persuadido y resuelto por la gracia de Dios.
    El Obispo. ¿Os dedicaréis entonces con fidelidad al estudio de las Santas Escrituras y pediréis a Dios en oración que os conceda un verdadero entendimiento de las mismas, a fin de que por medio de ellas seáis apto para enseñar y exhortar con saludable doctrina, y para refutar y convencer a los contradictores?
    Respuesta. Así lo haré, con el auxilio de Dios.
    El Obispo. ¿Y estáis dispuesto a desterrar y rechazar de la Iglesia, con toda fidelidad y diligencia, toda doctrina errónea y extraña contraria a la Palabra de Dios, y tanto en privado como en público a exhortar y estimular a los demás a que hagan lo mismo?
    Respuesta. Estoy dispuesto, con el auxilio del Señor.
    El Obispo. ¿Renunciaréis a toda impiedad, y a todos los deseos profanos, viviendo en este mundo, sobria, justa, y piadosamente; de modo que seáis en todo un dechado de buenas obras para los demás, para que el adversario confundido, no tenga nada que decir en contra vuestra?
    Respuesta. Así lo haré, con el auxilio del Señor.
    El Obispo. ¿Conservaréis y promoveréis en cuanto os sea posible, la tranquilidad, amor y paz entre todos los hombres; y aplicaréis con diligencia tal disciplina por autoridad de la Palabra de Dios y las ordenanzas de esta Iglesia?
    Respuesta. Así lo haré, con el auxilio de Dios.
    El Obispo. ¿Seréis fiel en ordenar, enviar o imponer las manos a otros?
    Respuesta. Así seré, con el auxilio de Dios.
    El Obispo. ¿Os mostraréis benévolo y misericordioso por amor de Cristo para con los pobres y necesitados, y para con todos los extraños destituídos de todo auxilio?
    Respuesta. Así me mostraré, con el auxilio de Dios.

Entonces poniéndose todos de pie, el Obispo Presidente dirá,

EL Dios Omnipotente, nuestro Padre celestial, que os ha dado esa buena voluntad de hacer todas estas cosas; Os conceda también la fuerza y el poder para cumplirlas; de modo que El pueda realizar en vos la buena obra que ha comenzado, y podáis ser hallado perfecto e irreprensible en el último día, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ahora el Obispo electo se revestirá con los demás hábitos episcopales y se arrodillará, y entonces se cantará o rezará el Veni, Creator Spiritus, empezando el Obispo Presidente, y alternando con él los Obispos y otras personas que estuvieren presentes, puestos de pie.
 

Veni, Creator Spiritus.

VEN, Santo Espíritu Creador,
Inflama el alma en santo amor.
Tú que eres celestial unción
E impartes septiforme don.

Con tu bendita unción nos das
Consuelo, vida, amor y paz.
Arde en perpetua claridad
Que alumbre nuestra ceguedad.

Aviva y vierte en nuestro ser
Tu gracia y celestial poder.
Ahuyenta al malo, y a nuestro hogar
Resguarda en paz y bienestar.

El Padre, el Hijo y de los dos
Tú el procedente, al Trino Dios;
Haz que podamos comprender,
Y un canto eterno así ofrecer:
    Gloria al Padre, al Hijo honor,
    Y al Santo Espíritu loor. Amén.

O éste.

OH, tú precioso Espíritu divino
Santo Consolador,
Dios, con el Padre e Hijo, Uno y Trino,
Dios de Paz y de Amor.

Eres la Fuente y Manantial constante
De gozo bienhechor:
El amor dulce, el fuego deslumbrante,
La espiritual Unción.

De la Iglesia de Cristo tus mil dones
Sostén y apoyo son:
La Ley trazas en fieles corazones
Cual dedo del Señor.

En la aflicción, en el pesar y el duelo,
Eres consolación.
Inestimable don que desde el cielo
Nos concede el Señor.

Y pues que nuestro Jefe eres amado,
Haz que en toda ocasión
Escapemos las redes del pecado
Y huyamos del error. Amén.

Terminado esto, el Obispo Presidente dirá,

        Señor, oye nuestra oración.
Resp. Y llegue a ti nuestro clamor.

Oremos.

DIOS Todopoderoso, y Padre misericordiosísimo, que, por tu infinita bondad, nos diste a tu único y muy amado Hijo Jesucristo, para que fuese nuestro Redentor, y el Autor de la vida eterna; quien, habiendo consumado nuestra redención por su muerte, y después de su ascensión a los cielos, derramó abundantemente sus dones sobre los hombres, constituyendo a unos, Apóstoles; a otros, Profetas; a otros, Evangelistas; a otros, Pastores y Doctores, para la edificación y perfección de su Iglesia; Concede, te suplicamos, a este tu siervo, tal gracia, para que siempre esté dispuesto a proclamar tu Evangelio, las buenas nuevas de nuestra reconciliación contigo, por doquiera, y para que use la autoridad que se le concede, no para destrucción, sino para salvación; no para dañar, sino para socorrer: de modo que, cual siervo fiel y prudente dé a su debido tiempo a tu familia lo que le corresponde, y que obtenga al fin el gozo sempiterno; mediante Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo es un solo Dios que vive y reina, por los siglos de los siglos. Amén.

Después el Obispo Presidente, y los otros Obispos presentes, impondrán las Manos sobre la Cabeza del Obispo Electo, que estará arrodillado delante de ellos, y el Obispo Presidente dirá,

 

RECIBID el Espíritu Santo, para el Oficio y Obra de Obispo en la Iglesia de Dios, que ahora se os confiere por la Imposición de nuestras manos; En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Y recordad que tenéis que despertar la gracia de Dios que os es dada por esta Imposición de nuestras manos; porque Dios no nos ha dado el espíritu de temor, sino el de poder, y de amor, y de cordura.

 

Entonces el Obispo Presidente le entregará la Biblia, diciendo,

 

DAD atención a la lectura, exhortación y doctrina. Meditad en lo que este Libro contiene. Procurad con esmero que vuestros progresos en ella sean manifiestos a todos los hombres: pues que haciendo esto, os salvaréis a vos mismo y a los que os escucharen. Sed pastor del rebaño de Cristo, no lobo, apacentad sus ovejas, y no las devoréis. Sostened a las débiles, curad a las enfermas, vendad a las quebrantadas, atraed a las desvalidas, buscad a las extraviadas. Sed misericordioso a fin de que no seáis remiso: administrad disciplina, sin olvidar la misericordia, para que cuando vuelva el gran Pastor recibáis la corona inmarcesible de gloria; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Entonces el Obispo Presidente continuará el Oficio de la Santa Comunión, y tanto él como el Obispo nuevamente consagrado, y los otros Obispos comulgarán.

 

Inmediatamente antes de la Bendición, se dirá la siguiente Oración.

 

PADRE misericordiosísimo, suplicámoste que derrames sobre este tu siervo tu bendición celestial; y de tal modo llénalo de tu Espíritu Santo, que al predicar tu Palabra, no solamente sea diligente para amonestar, suplicar y reprender, con toda paciencia y doctrina; sino que sea también un ejemplo saludable para los fieles, en palabra, en conducta, en caridad, en fe, en castidad y en pureza; para que terminada felizmente su carrera, reciba en el último día la corona de justicia preparada por el Señor Jesús, el Juez justo, que contigo y el mismo Espíritu Santo es un solo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

LA Paz de Dios, que excede a todo entendimiento, guarde vuestros corazones y mentes en el conocimiento y amor de Dios, y de su Hijo Jesucristo nuestro Señor: Y la Bendición de Dios Omnipotente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sea con vosotros, y more con vosotros eternamente. Amén.

 

 

Letanía para las Ordenaciones

OH Dios Padre,
    Ten misericordia de nosotros.
Oh Dios Hijo,
    Ten misericordia de nosotros.
Oh Dios Espíritu Santo,
    Ten misericordia de nosotros.
Oh Santa Trinidad, un Dios,
    Ten misericordia de nosotros.

TE suplicamos nos oigas, buen Señor; y que te dignes conceder paz a todo el mundo, y a tu Iglesia;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
    Que te dignes santificar y bendecir a tu Iglesia por todo el mundo;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
    Que te dignes inspirar en todos los Obispos, Presbíteros y Diáconos, amor hacia ti y tu verdad;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
    Que te dignes dotar a todos los Ministros de tu Iglesia con devoción a tu gloria y a la salvación de las almas;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.

Aquí, en la Ordenación de Diáconos o de Presbíteros se dirá,

    Que te dignes bendecir a estos tus siervos, que ahora van a ser admitidos a la Orden de Diáconos (o Presbíteros), y derramar tu gracia sobre ellos; para que puedan debidamente ejercer su Oficio para la edificación de tu Iglesia y la gloria de tu Santo Nombre;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.

Aquí, en la Consagración de un Obispo se dirá,

    Que te dignes bendecir a este nuestro hermano electo, y enviar sobre él tu gracia, para que pueda debidamente ejercer el Oficio al cual es llamado, para la edificación de tu Iglesia, y honor, alabanza y gloria de tu Nombre;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
    Que te dignes guiar, por medio de tu Espíritu morando en ellos, a todos los que llamas al Ministerio de tu Iglesia; para que puedan seguir adelante con valor, y perseverar hasta el fin;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
    Que te dignes aumentar el número de Ministros en tu Iglesia, para que el Evangelio sea predicado a todos los pueblos;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
    Que te dignes apresurar el cumplimiento de tu propósito, para que tu Iglesia sea una;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.
    Que te dignes conceder que nosotros, con todos tus santos, seamos partícipes de tu reino eterno;
    Suplicámoste nos oigas, buen Señor.

Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Amén.

    Ministro. Oye nuestra voz, oh Señor, cuando clamamos a ti;
    Resp. Ten misericordia de nosotros y óyenos.
    Ministro. Oh Señor, levántate, auxílianos;
    Resp. Y líbranos por amor de tu Nombre.
    Ministro. Sean tus Sacerdotes revestidos de justicia;
    Resp. Y canten tus santos con alegría.
    Ministro. Señor, oye nuestra oración.
    Resp. Y llegue a ti nuestro clamor.

Oremos.

OH Dios, que siempre santificas y protejes a tu Iglesia; Levanta en ella, mediante tu Espíritu, buenos y fieles mayordomos de los misterios de Cristo, para que por su ministerio y ejemplo tu pueblo pueda permanecer en tu favor y ser guiado en el camino de la verdad; mediante Jesucristo nuestro Señor, que en unidad vive y reina contigo y el mismo Espíritu siempre, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Fórmula para la Consagración
de una Iglesia o Capilla

El Oficio siguiente puede usarse con el Orden para la Santa Comunión, o con la Oración Matutina o la Vespertina o separadamente.

El Obispo será recibido a la entrada de la Iglesia, o Capilla, por los Guardianes y la Junta Parroquial, o por algunas otras personas designadas para este objeto. El Obispo y los Clérigos que estén presentes, procederán por la nave de la Iglesia, o Capilla, a la Santa Mesa, rezando el Salmo que sigue, un versículo por el Obispo, y otro por los Clérigos.

Domini esi terra. Salmo xxiv.

DEL SEÑOR es la tierra y su plenitud: * el mundo y los que en él habitan.
    2 Porque El la fundó sobre los mares: * y afirmóla sobre los ríos.
    3 ¿Quién subirá al monte del SEÑOR?: * ¿y quién estará en el lugar de su santidad?
    4 El limpio de manos y puro de corazón: * el que no ha elevado su alma a la vanidad, ni jurado con engaño.
    5 El recibirá bendición del SEÑOR: * y justicia del Dios de su salvación.
    6 Tal es la generación de los que le buscan: * de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob.
    7 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas: * y entrará el Rey de Gloria.
    8 ¿Quién es este Rey de Gloria?: * El SEÑOR el fuerte y valiente, el SEÑOR poderoso en batalla.
    9 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras puertas eternas: * y entrará el Rey de Gloria.
    10 ¿Quién es este Rey de Gloria? * El SEÑOR de los ejércitos, El es el Rey de la Gloria.
    Gloria al Padre, y al Hijo: * y al Espíritu Santo;
    Como era al principio, es ahora y será siempre: * por los siglos de los siglos. Amén.

El Obispo se colocará dentro del comulgatorio, con todos los Clérigos que puedan acomodarse allí. El Obispo, sentado en su silla, tendrá ante él todos los instrumentos de Donación, y Dotación cuando los hubiere; y entonces poniéndose de pie, y volviéndose hacia la Congregación, dirá,

 

MUY amados en el Señor: Puesto que hombres de votos y piadosos, lo mismo bajo la Ley que bajo el Evangelio, movidos por expreso mandato divino o por la secreta inspiración del Bendito Espíritu, o bien por su propio deseo y sentimiento de orden y decencia, han erigido Casas para el culto público de Dios y las han separado de todo uso profano, indigno y común, con el objeto de infundir en el ánimo de los hombres mayor reverencia a su gloriosa Majestad, e influir en sus corazones más profunda devoción y humildad en su servicio, obras piadosas que han sido aprobadas y benignamente aceptadas por nuestro Padre celestial: no dudemos que El aprobará favorablemente nuestra piadosa intención de separar solemnemente este lugar para los diversos oficios del culto religioso; e imploremos fiel y devotamente su bendición sobre este nuestro propósito.

Entonces el Obispo, arrodillado, dirá la siguiente Oración.

 

OH Eterno Dios, de poder infinito, y de Majestad incomprensible, a quien el cielo de los cielos no puede contener, y mucho menos las paredes de templos hechos por manos de los hombres; y que aun te has dignado benignamente prometer tu presencia especial dondequiera que dos o tres de tus fieles siervos estuvieren congregados en tu Nombre, para ofrecerte sus alabanzas y súplicas; Dígnate, oh Señor, estar presente con nosotros, que estamos aquí reunidos con toda humildad y sinceridad de corazón, para consagrar este lugar al honor de tu excelso Nombre; separándolo desde ahora de todos los usos profanos, indignos y comunes; y dedicándolo a tu servicio, para la lectura de tu Santa Palabra, para la celebración de tus Santos Sacramentos, para ofrecer a tu gloriosa Majestad los sacrificios de oración y acciones de gracia, para bendecir a tu pueblo en tu Santo Nombre, y para todos los otros Oficios sagrados: acepta, oh Señor, esta obra de nuestras propias manos, y bendícela de tal manera que sea para el engrandecimiento de tu gloria, y la promoción de nuestra felicidad temporal y espiritual; por Jesucristo nuestro bendito Señor y Salvador. Amén.
 

Después el Obispo poniéndose de pie, y volviéndose hacia la Congregación, dirá,

 

ATIENDE, oh Señor, las súplicas de tus siervos y concede que cualquiera que fuere recibido en la congregación del rebaño de Cristo, por medio del Santo Bautismo, sea santificado por el Espíritu Santo, y pueda continuar fiel soldado y siervo de Cristo hasta el fin de su vida. Amén.

 

CONCEDE, oh Señor, a los que en este lugar renuevan por sí mismos las promesas y votos de su Santo Bautismo, y sean confirmados por el Obispo, reciban en tal grado tu Espíritu Santo, que puedan crecer en gracia hasta el fin de sus vidas. Amén.

 

CONCEDE, oh Señor, que cualquiera que reciba en este lugar el Bendito Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo, se acerque a esta santa ordenanza con fe, caridad y verdadero arrepentimiento; y que siendo lleno de tu gracia y bendición celestial, obtenga para su grande y eterno consuelo, la remisión de sus pecados, y todos los demás beneficios de su pasión. Amén.

 

CONCEDE, oh Señor, que por tu Santa Palabra que será leída y predicada en este lugar, e injertada por tu Santo Espíritu en el corazón, perciban y conozcan los que la escuchen las cosas que deben hacer, y tengan poder y fortaleza para cumplirlas. Amén.

 

CONCEDE, oh Señor, que todos los que en este lugar se unieren en el santo estado del Matrimonio, puedan cumplir y guardar fielmente el voto y el pacto hechos entre ellos, y que uno y otro continúen en perfecto amor hasta el fin de sus vidas. Amén.

 

CONCEDE, te suplicamos Bendito Señor, que todo el que se acerque a ti en este lugar, para darte gracias por los beneficios que hubieren recibido de tus manos, para manifestar tu dignísima alabanza, para confesar sus pecados delante de ti, y para pedir las cosas necesarias, tanto para el cuerpo como para el alma, lo hagan con tal sinceridad, afecto y devoción de espíritu que aceptes Tú sus deberes y servicios obligatorios y te dignes concederles cuanto en tu sabiduría infinita te pareciere les sea más conveniente. Todo esto te pedimos por amor de Jesucristo, nuestro benditísimo Señor y Salvador. Amén.

 

Luego estando sentado el Obispo, se leerá la Sentencia de la Consagración por alguna persona por él designada, y se pondrá sobre la Santa Mesa; y después el Obispo dirá,

 

BENDITO sea tu Nombre, oh Señor, porque te has dignado mover los corazones de tus siervos para apropiar y dedicar este edificio a tu honor y culto; y concede que todos los que disfruten del beneficio de esta obra piadosa, manifiesten su gratitud, sirviéndose de ella de una manera propia, para gloria de tu Bendito Nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Cuando se celebra la Santa Comunión, la Colecta, Epístola y Evangelio serán los siguientes.

 

Colecta.

 

OH Gloriosísimo Dios, a quien el cielo de los cielos no puede contener; Misericordiosamente, acepta la dedicación de este lugar para tu servicio; y concede que todos los que a ti acudan en este lugar te adoren en espíritu y en verdad, y que manifiesten en sus vidas tu alabanza; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Por Epístola. Rev. xxi. 2.

 

Y  YO Juan vi la santa ciudad, Jerusalén nueva, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos. Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

 

Evangelio. S. Juan ii. 13.

 

Y ESTABA cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesús a Jerusalén. Y halló en el templo a los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y a los cambiadores sentados. Y hecho un azote de cuerdas, echólos a todos del templo y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas; y a los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercado. Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me ha consumido.

 

 

Inmediatamente antes de la Bendición final, el Obispo dirá la Oración siguiente.

 

BENDITO sea tu Nombre, oh Señor Dios, por haberte dignado tener tu habitación entre los hijos de los hombres, y morar en medio de la asamblea de los santos sobre la tierra; Concede, te suplicamos, que en este lugar consagrado a tu servicio, se adore tu Santo Nombre en verdad y pureza por todas las generaciones; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

LA Paz de Dios que excede a todo entendimiento, guarde vuestros corazones y mentes en el conocimiento y amor de Dios, y de su Hijo Jesucristo nuestro Señor: Y la Bendición de Dios Omnipotente, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, sea con vosotros y more con vosotros eternamente. Amén.

 

 

Oficio de Institución de Ministros

 

El Obispo, después de haber recibido el debido Informe de la Elección, de un Ministro en una Parroquia o Iglesia, según prescribe el Canon, y convencido de que «la persona elegida es un Ministro idóneo de esta Iglesia,» puede proceder a instituirle en la Parroquia.

 

El siguiente Oficio puede ser usado con el de la Santa Comunión, o con la Oración Matutina o la Vespertina o separadamente.

 

En cualquiera Diócesis, podrá omitirse el Párrafo final de la Carta de Institución, cuando no sea conforme con las Costumbres, Leyes o Privilegios de la Iglesia en la misma.


A nuestro muy amado en Cristo, N. N., Presbítero, Salud.

NOS, por las Presentes, damos y concedemos a vos, en cuya ciencia, diligencia, sana doctrina y prudencia confiamos enteramente, nuestra licencia y autoridad para ejercer el Cargo de lum. Presbítero, en la Parroquia (o Iglesia) de N., y además os instituímos en dicha Parroquia, (o Iglesia) con pleno poder para desempeñar todo Acto de función sacerdotal entre el Pueblo de la misma; continuando en comunión con nosotros, y en conformidad con las rúbricas y cánones de la Iglesia, y con las direcciones legales que en cualquier tiempo recibiréis de nosotros.
    Y como Presbítero canónicamente instituído en el Oficio de Rector de la Parroquia (o Iglesia) de —— debéis apacentar fielmente la parte del rebaño de Cristo que se os confía ahora; no como un contemporizador para halagar, sino teniendo siempre presente que sois responsable a nos, y al Obispo Supremo y Juez Soberano de todos en lo venidero.
    Y como el Señor ha ordenado que los que sirven al altar deban vivir de las cosas que pertenecen al altar; así os autorizamos para demandar y disfrutar de todos los emolumentos acostumbrados pertenecientes a vuestra parroquia, hasta que alguna razón urgente o razones aconsejen a vos o a la congregación confiada a vuestro cuidado, efectuar una separación y disolución de toda relación sacerdotal entre vos y ella: de todo lo cual nos daréis debida información, y en el caso de cualquiera diferencia entre vos y vuestra congregación, respecto a una separación y disolución de toda conexión sacerdotal entre vos y ella, nos, vuestro Obispo, con el consejo de nuestros Presbíteros, seremos el último árbitro y juez.

    En testimonio de lo cual, hemos unido a esto nuestro sello episcopal y firma, en—— el día ——de , de —— A.D. y —— año de nuestra Consagración.

Señalado el día para la Institución del nuevo Beneficiado, el Obispo o el Institutor designado por él, acompañado por aquel y por los otros Clérigos presentes entrarán en el Presbiterio. Entonces todos los Clérigos presentes estarán de pie en el Presbiterio o Coro, menos el Obispo o el Presbítero que actúe como Institutor, quien irá dentro del comulgatorio; los Guardianes (o, en caso de ausencia justificada, dos miembros de la Junta Parroquial) colocados a la derecha y a la izquierda del Altar, fuera del comulgatorio; el Guardián Mayor (o el miembro de la Junta Parroquial que le sustituya), teniendo en su mano las llaves de la Iglesia y a la vista de todos, el Obispo o el Presbítero oficiante dirá,

MUY amados en el Señor, estamos reunidos para instituir al Reverendo N.N. en esta Parroquia (o Iglesia) como Presbítero y Rector de la misma; teniendo en nuestro poder vuestra votación,por el que ha sido elegido; y la Carta prescripta de Institución. Pero si alguno de vosotros puedemostrar una causa justa por la que no deba ser instituído, no proseguiremos, pues no queremos que una persona indigna ministre entre vosotros.

Si se presentare alguna objeción, el Obispo o el Presbítero que actúe como Institutor, juzgará si hay o no justa causa para suspender el Oficio.

Si no hay objeción alguna, o el Institutor ha resuelto continuar el Oficio, se leerá la Carta de Institución.

Y después, el Guardián Mayor (o el miembro de la Junta Parroquial que le sustituya) presentará las llaves de la Iglesia al nuevo Beneficiado, diciendo,

EN el nombre y en favor de esta Parroquia (o Iglesia) de——, Yo os recibo y reconozco, Reverendo N. N., como Presbítero y Rector de la misma: y en señal de esto pongo en vuestras manos las llaves de esta Iglesia.
 

Luego el nuevo Beneficiado dirá,

YO N. N. recibo estas llaves de la Casa de Dios de vuestras manos, como prendas de mi Institución, de vuestro reconocimiento parroquial, y de la promesa de ser un fiel pastor para con vosotros. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

¶ Entonces el Institutor comenzará el Oficio.

Ministro. El Señor sea con vosotros.
Resp.       Y con tu espíritu.

Oremos.

DIRIGENOS, oh Señor, en todas nuestras acciones, con tu benignísimo favor, y auxílianos con tu continua ayuda; para que en todas nuestras obras principiadas, continuadas y terminadas en ti, glorifiquemos tu Santo Nombre, y finalmente, por tu misericordia, obtengamos la vida eterna; por Jesucristo nuestro Señor, que nos ha enseñado a orar delante de ti, oh Padre Omnipotente, en su poderoso Nombre y palabras,

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre jamás. Amén.

Entonces el Institutor admitirá al Beneficiado dentro del comulgatorio, y le presentará la Biblia, el Libro de Oración Común, y los Libros de los Cánones de la Convención General y Diocesana, diciendo lo que sigue.

RECIBID estos Libros, y haced que sean la regla de tu conducta en la dispensación de la divina Palabra, en la dirección de las devociones del pueblo, y en el ejercicio de la disciplina de la Iglesia; y sed vos en todo como un modelo para el rebaño confiado a tu cuidado.

Después se dirá o cantará Salmo lxviii., Exsurgat Deus, o Salmo xxvi., Judica me, Domine.

    Ministro. La Ley fué dada por Moisés;
    Pueblo. Mas la Gracia y la Verdad emanaron de Jesucristo:
    Ministro y Pueblo. Que es Dios sobre todo, bendito para siempre jamás. Amén.

Oremos.

DIOS Bondadoso, dador de todos los dones buenos y perfectos,. que en tu sabia providencia has establecido diversas Ordenes en tu Iglesia; Suplicámoste concedas tu gracia a tu siervo a quien se ha confiado ahora el cargo de esta Congregación; y cólmalo de tal manera de la verdad de tu Doctrina, y adórnalo con inocencia de vida, para que pueda servirte fielmente a gloria de tu gran Nombre, y beneficio de tu Santa Iglesia; mediante Jesucristo, nuestro único Mediador y Redentor. Amén.

OH Santo Jesús, que has adquirido para ti una Iglesia universal, y has prometido estar con los Ministros de la Sucesión Apostólica hasta el fin del mundo; Dígnate misericordiosamente bendecir el ministerio y servicio del que ha sido elegido ahora para ofrecerte los sacrificios de oración y de alabanza en esta casa llamada por tu Nombre. Que sean gratos los dichos de su boca, y la meditación de su corazón delante de ti, oh Señor, roca nuestra y Redentor nuestro. Amén.

OH Dios, Santo Espíritu, Santificador de los fieles, visita, suplicámoste, a esta Congregación con tu amor y favor; ilumina sus espíritus más y más, con la luz de tu Evangelio eterno; injerta en sus corazones el amor a la verdad; acrecienta en ellos la verdadera religión; nútreles de toda virtud; y por tu gran misericordia guárdales en la misma, oh bendito Espíritu, a quien con el Padre y el Hijo juntos, adoramos y glorificamos, un Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
 

La Bendición.

EL Dios de paz, que resucitó de entre los muertos, a nuestro Señor Jesucristo, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre del eterno pacto; Os haga perfectos en toda buena obra para hacer su voluntad, efectuando en vosotros lo que es agradable en su presencia; mediante Jesucristo, a quien sea dada gloria por siempre jamás. Amén.

Entonces el Ministro Instituido se arrodillará junto al Altar para presentar sus propias súplicas, en esta forma.

OH Señor mi Dios, no soy digno de que entres debajo de mi techumbre; sin embargo, has honrado a tu siervo designándole para estar en tu Casa y servir a tu santo Altar. A ti, y a tu servicio, me consagro, cuerpo, alma y espíritu y con todas mis fuerzas y facultades. Llena mi memoria con las palabras de tu Ley; ilumina mi entendimiento con la luz del Espíritu Santo; y concede quetodos los anhelos y deseos de mi voluntad se reconcentren en lo que tú has mandado. Y, para hacerme instrumento para promover la salvación del pueblo confiado ahora a mi cargo, concede que yo dispense fielmente tus Santos Sacramentos, y que por mi vida y por mi doctrina manifieste tu Palabra viva y verdadera. Sé conmigo siempre en el cumplimiento de todos los deberes de mi ministerio: en la oración, para vivificar mis devociones; en las alabanzas, para aumentar mi amor y gratitud; y en la predicación, para dar prontitud de pensamiento y la expresión correspondiente a la claridad y excelencia de tu Santa Palabra. Concede todo esto por Jesucristo tu Hijo nuestro Salvador.

El Ministro Instituído, estando de pie, dirá,

           El Señor sea con vosotros.
Resp. Y con tu espíritu.

Oremos.

OH Dios Omnipotente, que has edificado tu Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles y Profetas, siendo Jesucristo mismo la principal piedra fundamental; Concede que, por la obra del Espíritu Santo, todos los Cristianos estén de tal manera juntos en unidad del espíritu, y en el vínculo de paz, que sean un santo templo aceptable a ti. Y especialmente a esta Congregación concede la abundancia de tu gracia; para que con un solo corazón anhele por la prosperidad de tu Santa Iglesia Apostólica, y con una sola boca profese la fe una vez dada a los Santos. Defiéndela contra los pecados de herejía y de cisma; no permitas que el pie del orgullo se aproxime para dañarla, ni la mano del impío para destruirla. Y concede que el curso de este mundo sea tan apaciblemente dirigido por tu gobierno, que tu Iglesia te sirva alegremente en toda quietud santa; a fin de que caminen por los senderos de verdad y de paz, y finalmente que sean contados entre el número de tus Santos en la gloria eterna; por los méritos del mismo tu bendito Hijo Jesucristo, bondadoso Obispo y Pastor de nuestras almas, quien vive y reina contigo y el mismo Espíritu Santo, un Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Luego seguirá el Sermón; y si ha de haber la Santa Comunión, el Ministro Instituido procederá con aquel Oficio, y a administrar la Santa Eucaristía a su Congregación; y después de la Bendición (que debe pronunciar él siempre), los Guardianes, la Junta Parroquial y todos los demás le saludarán y le darán la bienvenida, deseándole buen éxito en su cargo, Dios mediante.

Cuando el Obispo de la Diócesis está presente a la Institución de un Ministro, él le hará el discurso señalado en este Oficio en forma de carta.

 

Catecismo

o Instrucción que Cada Persona

debe Aprender, antes de ser presentada al Obispo

para ser Confirmada.

 
PREGUNTA. ¿ Cómo te llamas?
    Respuesta. N. o N. N.
    Pregunta. ¿ Quién te dió ese Nombre?
    Respuesta. Mis Padrinos en el Bautismo; en el cual fuí hecho miembro de Cristo, hijo de Dios y heredero del reino del cielo.
    Pregunta. ¿ Qué hicieron entonces por ti tus Padrinos?
    Respuesta. Prometieron e hicieron voto de tres cosas en mi nombre. Primero, que yo renunciaría al diablo y todas sus obras, las pompas y vanidades de este mundo corrompido, y todos los apetitos pecaminosos de la carne. En segundo lugar, que yo creería todos los Artículos de la Fe Cristiana. Y en tercer lugar, que guardaría la santa voluntad de Dios y sus mandamientos, y caminaría en ellos todos los días de mi vida.
    Pregunta. ¿ Piensas que estás obligado a creer y proceder como prometieron por ti?
    Respuesta. Ciertamente; y con el auxilio de Dios, así lo haré. Y de todo corazón doy gracias a nuestro Padre celestial, por haberme llamado a este estado de salvación, mediante Jesucristo, nuestro Salvador. Y ruego a Dios me dé su gracia, para que continúe en él hasta el fin de mi vida.
    Catequista. Di los Artículos de tu Fe.
    Respuesta. Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra:
    Y en Jesucristo su único Hijo nuestro Señor: Que fué concebido por el Espíritu Santo, Nació de la Virgen María: Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, Fué crucificado, muerto y sepultado: Descendió a los infiernos; Al tercer día resucitó de entre los muertos: Subió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso: De donde ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
    Creo en el Espíritu Santo: La Santa Iglesia Católica; La Comunión de los Santos: El Perdón de los pecados: La Resurrección del cuerpo: Y la Vida perdurable. Amén.
    Pregunta. ¿ Qué es lo que aprendes principalmente en estos Artículos de tu Fe?
    Respuesta. En primer lugar aprendo que debo creer en Dios Padre, que me ha creado a mí, y a todo el mundo.
    En segundo lugar, en Dios Hijo, que me ha redimido a mí, y a todo el género humano.
    En tercer lugar, en Dios Espíritu Santo, que me santifica a mí, y a todo el pueblo de Dios.
    Pregunta. Dices que tus Padrinos prometieron por ti que guardarías los Mandamientos de Dios. ¿ Dime cuán tos son?
    Respuesta. Diez.
    Pregunta. ¿ Cuáles son?
    Respuesta. Los mismos que Dios dió en el Capítulo veinte del Exodo, diciendo: Yo soy el Señor tu Dios, que te he sacado de la tierra de Egipto, de la casa de la es clavitud.
    I. No tendrás dioses ajenos delante de mí.
    II. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No las adorarás, ni las darás culto: porque yo, el Señor tuyo, soy Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me aborrecen; y que hago misericordia en millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos.
    III. No tomarás el Nombre del Señor tu Dios en vano: porque el Señor no tendrá por inocente al que tomare su Nombre en vano.
    IV. Acuérdate del día de descanso para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra; pero el séptimo. es el día de descanso del Señor tu Dios. En él no harás obra ninguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro. de tus puertas. Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó: por tanto el Señor bendijo el día séptimo y lo santificó.
    V. Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra, que el Señor tu Dios te da.
    VI. No matarás.
    VII. No cometerás adulterio.
    VIII. No hurtarás.
    IX. No dirás contra tu prójimo falso testimonio.
    X. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su criado, ni su criada, ni su. buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

    Pregunta. ¿ Qué aprendes principalmente de estos Mandamientos?
    Respuesta. Aprendo dos cosas; mi deber para con Dios, y mi deber para con mi Prójimo.
    Pregunta. ¿ Cuál es tu deber para con Dios?
    Respuesta. Mi deber para con Dios, es creer en El, temerle, y amarle con todo mi corazón, con toda mi mente, con toda mi alma y con todas mis fuerzas; adorarle, darle gracias, poner toda mi confianza en El, invocarle, honrar su Santo Nombre y su Palabra; y servirle en verdad todos los días de mi vida.
    Pregunta. ¿ Cuál es tu deber para con tu Prójimo?
    Respuesta. Mi deber para con mi Prójimo, es amarle como a mí mismo, y proceder con todos como yo quisiera que procedieran conmigo: Amar, honrar y socorrer a mi padre y a mi madre: Honrar y obedecer a la autoridad civil: Someterme a todos mis gobernantes, maestros, pastores y superiores espirituales: Portarme humilde y reverentemente con todos mis superiores: No dañar a nadie por palabra u obra: Ser verídico y justo en todos mis tratos: No guardar rencor, ni odio en mi corazón: Guardar mis manos de hurto, y latrocinio, mi lengua de maledicencia, mentira y calumnia: Guardar mi cuerpo en templanza, sobriedad y castidad: No codiciar ni desear bienes ajenos: sino aprender y trabajar, para ganar honestamente mi sustento: y cumplir con mi deber en el estado de vida a que plugiere a Dios llamarme.
    Catequista. Hijo mío, es preciso que sepas que no eres capaz de hacer todo eso por tus propias fuerzas, ni guardar los Mandamientos de Dios, y servirle, sin su gracia especial; la que debes aprender a pedir continuamente con oraciones fervorosas. Veamos, pues, si sabes el Padre Nuestro.
    Respuesta. Padre nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Amén.
    Pregunta. ¿ Qué pides a Dios en esta Oración?
    Respuesta. Pido a Dios nuestro Señor y Padre celestial, que es el dador de todo lo bueno, que nos dé su gracia a mí y a todos; para que le adoremos, sirvamos y obedezcamos como debemos. Y ruego a Dios que quiera enviarnos todo cuanto necesitamos para nuestras almas y cuerpos; y que tenga misericordia de nosotros, y perdonamos nuestros pecados; y que tenga a bien salvarnos y defendernos en todos peligros espirituales y corporales; y que nos libre de todo pecado y maldad, y de nuestro enemigo espiritual, y de la muerte eterna. Y confío que hará todo esto por su misericordia y bondad, mediante nuestro Señor Jesucristo. Y por tanto digo, Amén, Así sea.
    Pregunta. ¿ Cuántos Sacramentos ha ordenado Cristo en su Iglesia?
    Respuesta. Dos solamente, como generalmente necesarios a la salvación; es decir, el Bautismo y la Cena del Señor.
    Pregunta. ¿ Qué entiendes por esta palabra Sacramento?
    Respuesta. Entiendo un signo externo y visible de una gracia interna y espiritual que se nos concede; ordenado por Cristo mismo, como un medio por el cual recibimos esta gracia, y prenda que nos asegura de ella.
    Pregunta. ¿ Cuántas partes hay en un Sacramento? Respuesta. Dos; el signo externo y visible, y la gracia interna y espiritual.
    Pregunta. ¿ Cuál es el siguo externo y visible o forma en el Bautismo?
    Respuesta. El Agua; con la cual la persona es bautizada, En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
    Pregunta. ¿ Cuál es la gracia interna y espiritual? Respuesta. Muerte al pecado, y nuevo nacimiento a la justicia: porque siendo por naturaleza nacidos en pecado, e hijos de ira, somos por él hechos hijos de gracia.
    Pregunta. ¿ Qué se requiere de los que han de ser bautizados?
    Respuesta. Arrepentimiento, por el cual renuncian al pecado; y Fe, por la cual creen firmemente las promesas que Dios les hace en este Sacramento.
    Pregunta. ¿ Por qué pues son bautizados los Párvulos, cuando por razón de su tierna edad no pueden cumplir lo que de ellos se exige?
    Respuesta. Porque prometen ambas cosas por medio de sus Padrinos; la cual promesa deben ellos mismos cumplir cuando lleguen a la edad de discreción.
    Pregunta. ¿ Para qué fué ordenado el Sacramento de la Cena del Señor?
    Respuesta. Para memoria perpetua del sacrificio de la muerte de Cristo, y de los beneficios que por él recibimos.
    Pregunta. ¿ Cuál es la parte externa o signo de la Cena del Señor?
    Respuesta. Pan y Vino, que el Señor ha mandado que recibamos.
    Pregunta. ¿ Cuál es la parte interna o cosa significada? Respuesta. El Cuerpo y la Sangre de Cristo, que son espiritualmente tomados y recibidos por los fieles en la Cena del Señor.
    Pregunta. ¿ Cuáles son los, beneficios de que somos partícipes por este medio?
    Respuesta. Nuestras almas son fortalecidas y alimentadas por el Cuerpo y la Sangre de Cristo, como lo son nuestros cuerpos por el Pan y el Vino.
    Pregunta. ¿ Qué se requiere de los que vienen a la Cena del Señor?
    Respuesta. Examinarse a sí mismos, y ver si están verdaderamente arrepentidos de sus pecados, proponiéndose firmemente emprender una vida nueva; si tienen una viva fe en la misericordia divina, por medio de Cristo, con una memoria agradecida de su muerte; y si están en caridad con todos los hombres.

¶ El Ministro de cada Parroquia examinará e instruirá pública y cuidadosamente, en los domingos, días de fiesta, o en otras ocasiones convenientes, y en la Iglesia, a tantos Niños de su Parroquia, cuantos juzgue conveniente sobre algunos puntos del Catecismo.

¶ Los Padres y tutores enviarán a la Iglesia a sus Niños, a sus Sirvientes, y Aprendices, que no supieren el Catecismo, a la hora que el Ministro señale, hasta que, bajo su dirección y sometidos a él con humildad, hayan aprendido lo que está designado.

¶ Tan pronto los niños tengan edad suficiente, y puedan decir el Credo, el Padre Nuestro, y los Diez Mandamientos, y sepan también responder a las preguntas de este Catecismo, serán llevados al Obispo. ¶ Y cuando el Obispo dé noticia de que está pronto a confirmar Niños, el Ministro de cada Parroquia presentará o enviará una lista firmada, con los nombres de todas las personas de su Parroquia que él juzgue capaces de ser presentadas al Obispo para ser confirmadas.

 

 

Oraciones

 

para uso de las Familias

ORACION MATUTINA

¶ El Jefe de la familia o cualquier otro miembro de la misma que sea designado, después de haber llamado a todos los que pudieren reunirse, dirá como sigue, todos arrodillados, repitiendo el Padre Nuestro.

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre jamás. Amén.

¶ Aquí se puede decir la Colecta del día.

Reconocimiento de la Misericordia de Dios y de la Conservación, especialmente durante la Noche pasada.

OMNIPOTENTE y Eterno Dios, en quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser; Nosotros, que incesantemente necesitamos de tu auxilio, te damos nuestras humildes alabanzas por nuestra conservación desde el principio de nuestra vida hasta hoy, y especialmente por habernos librado de los peligros de la noche pasada. Por estas tus mercedes bendecimos y alabamos tu glorioso Nombre; pidiéndote humildemente aceptes este nuestro sacrificio matutino de alabanza y acción de gracias; por amor de Aquel que murió, fué sepultado y resucitó por nosotros, tu Hijo, nuestro Salvador, Jesucristo. Amén.

Dedicación de Alma y Cuerpo al Servicio de Dios, con la Resolución de aprovechar diariamente en el camino de la Virtud.

Y PUESTO que por tu misericordia, oh Padre bondadoso, llegamos a otro día; Dedicamos de nuevo nuestras almas y cuerpos a ti y a tu servicio, en una sobria, justa y santa vida: en cuya resolución, oh Padre misericordioso, confírmanos y fortalécenos; para que, así como crecemos en edad, aumentemos en gracia, y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.

Oración por Gracia, para poner en práctica la Resolución anterior.

MAS, oh Dios, que conoces la debilidad y corrupción de nuestra naturaleza, y las muchas tentaciones con que diariamente tropezamos; Humildemente pedímoste que tengas compasión de nuestras debilidades, y nos des el auxilio constante de tu Espíritu Santo; para que seamos refrenados del pecado, e impulsados a nuestro deber. Imprime en nuestros corazones tal temor de tus juicios, y un sentimiento tan agradecido de tu bondad para con nosotros, que temamos y nos avergoncemos de ofenderte. Y, sobre todo, guarda en nuestras mentes un vivo recuerdo de aquel gran día en el que hemos de rendir cuenta de nuestros pensamientos, palabras y obras, a El quien has puesto por Juez de los vivos y de los muertos, tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por gracia que nos dirija y defienda en este Día, y la Bendición de Dios en las tareas del Mismo.

EN particular, imploramos tu gracia y protección para este día. Haznos moderados en el comer y en el beber y diligentes en nuestras respectivas ocupaciones. Concédenos paciencia en nuestras aflicciones. Danos gracia para ser justos y rectos en todos nuestros tratos; quietos y pacíficos; llenos de compasión; y dispuestos a hacer bien a todos los hombres, conforme a nuestra capacidad y oportunidades. Dirígenos en todos nuestros caminos. Defiéndenos de todos los peligros y adversidades; y sírvete tomar bajo tu paternal cuidado y protección a nosotros y a todos los que nos pertenecen. Esto, y todo lo demás que juzgues necesario y conveniente para nosotros, te lo pedimos por los méritos y mediación de tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.

LA gracia de nuestro Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo, sea con todos nosotros por siempre jamás. Amén.

 

 

 

ORACION VESPERTINA

¶ Estando reunida la familia, poco antes de la hora del descanso, el Jefe de la familia, o cualquier otro que sea designado, dirá lo siguiente, todos arrodillados, repitiendo el Padre Nuestro.

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre jamás. Amén.

¶ Aquí se puede decir la Colecta del día.

Confesión de Pecados y Oración por Contrición y Perdón.

MISERICORDIOSISIMO Dios, cuyos ojos son demasiado puros para contemplar la iniquidad, y que perdonas a los que con verdadera fe confiesan y abandonan sus pecados; Acudimos a ti con un sentimiento humilde de nuestra indignidad, reconociendo nuestras muchas transgresiones hechas a tus justas leyes.* Pero, oh Padre bondadoso, que no deseas la muerte del pecador, suplicámoste nos mires con misericordia. Haznos profundamente sensibles al gran mal de nuestras faltas; opera en nosotros una contrición cordial y concédenos el perdón; tu que estas siempre dispuesto a recibir a los pecadores humildes y arrepentidos; por amor de tu Hijo Jesucristo, nuestro único Salvador y Redentor. Amén.

Por Gracia para reformar nuestras vidas.

Y PARA que no seamos inducidos al pecado, por nuestra fragilidad o por las tentaciones que nos circundan, suplicámoste nos concedas constantemente la dirección y auxilio de tu Espíritu Santo. Reforma cualquiera cosa que haya errónea en el temple y disposición de nuestras almas; que ningún pensamiento impuro, ni designios ilícitos, o deseos desordenados, sean acogidos en ellas. Limpia nuestros corazones de la envidia, el odio y la malicia; para que jamás permitamos que se ponga el sol sobre nuestra ira; sino que descansemos siempre en paz, caridad y benevolencia, con una conciencia libre de ofensa hacia ti, y hacia los hombres; para que nos preserves puros y sin mancha hasta la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.

Intercesión.

Y ACEPTA, oh Señor, nuestras intercesiones por todo el género humano. Brille la luz de tu Evangelio sobre todas las naciones; y vivan de una manera conveniente todos los que la reciban. Sé bondadoso con tu Iglesia; y concede que cada uno de sus miembros, en su vocación y ministerio, te sirva fielmente. Bendice a todos los que ejercen autoridad; y gobierna sus corazones y fortalece sus manos de tal modo que repriman la maldad y el vicio, y sostengan tu verdadera religión y la virtud. Derrama tus bendiciones temporales y espirituales sobre todos nuestros parientes, amigos y prójimos. Recompensa a todos los que nos han hecho bien, y perdona a los que nos han hecho o deseado el mal, y dales arrepentimiento y mej ores intenciones. Sé misericordioso con todos los que se encuentran en tribulación; y socórrelos, oh Dios de piedad, según sus diversas necesidades; por amor del que anduvo haciendo el bien, tu Hijo, nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Acción de Gracias.

A NUESTRAS oraciones, oh Señor, unimos nuestras sinceras gracias por todas tus mercedes; por nuestra existencia, nuestra razón, y todas las demás dotes y facultades de alma y cuerpo; por nuestra salud, amigos, ali mento y vestido; y por todas nuestras comodidades y conveniencias de vida. Sobre todo, adoramos tu misericordia al enviar a tu Hijo Unigénito al mundo, para redimirnos del pecado y de la muerte eterna, y por habernos dado el conocimiento y el sentido de nuestro deber hacia ti. Te bendecimos por tu paciencia hacia nosotros, no obstante nuestras muchas y grandes provocaciones; por la dirección, el auxilio y el consuelo de tu Espíritu Santo; por tu continuo cuidado y vigilante providencia sobre nosotros durante todo el curso de nuestra vida; y particularmente, por las mercedes y beneficios del pasado día; suplicándote continúes dándonos tus bendiciones, y nos concedas gracia para demostrar nuestra gratitud en una obediencia sincera a las leyes de Aquel, por cuyos méritos e intercesión recibimos todas estas cosas, tu Hijo, nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración por la Protección de Dios durante la Noche.

EN particular, te suplicamos que nos continúes tu benévola protección esta noche. Defiéndenos de todo peligro y daño, y del temor de ellos; para que disfrutemos un sueño tan reparador que nos disponga para efectuar los deberes del siguiente día. Y concédenos gracia para vivir en tal estado, que jamás temamos la muerte; de manera que, viviendo y muriendo, seamos tuyos, por los méritos y satisfacción de tu Hijo Jesucristo, en cuyo Nombre ofrecemos estas nuestras imperfectas oraciones. Amén.

LA gracia de nuestro Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo, sea con todos nosotros por siempre jamás. Amén.

¶ Los domingos y cualquier otro día que fuere conveniente estará muy en orden comenzar con la lectura de un Capitulo, o parte de un Capitulo, del Nuevo Testamento.

 

 

 

UNA FORMA MAS BREVE POR LA MAÑANA.

 

¶ Después de la lectura de una breve porción de las Santas Escrituras, el Jefe de la familia, o cualquiera otra persona, dirá como sigue, todos arrodillados, repitiendo el Padre Nuestro.

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre jamás. Amén.

OH SEÑOR, nuestro Padre Celestial, Poderoso y Eterno Dios, que nos has conducido con seguridad al principio de este día; Defiéndenos con tu gran poder; y concédenos que no caigamos hoy en ningún pecado, ni incurramos en ningún peligro; sino que todas nuestras acciones, siendo dirigidas y gobernadas por ti, sean justas a tus ojos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¶ Aquí se puede añadir cualquiera Oración especial.

LA gracia de nuestro Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo, sea con todos nosotros por siempre jamás. Amén.

 

POR LA TARDE.

¶ Después de leer una breve porción de las Santas Escrituras, el Padre de la familia, o cualquiera otra persona, dirá como sigue, todos arrodillados, y repitiendo el Padre Nuestro.

PADRE nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Así en la tierra como en los cielos. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, Mas líbranos de mal. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre jamás. Amén.

SUPLICAMOSTE, oh Señor, disipes nuestras tinieblas; y por tu gran misericordia guárdanos de todos los peligros y riesgos de esta noche; por amor de tu Hijo único, nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

¶ Aquí se puede añadir cualquiera Oración especial.

EL Señor nos bendiga y nos guarde. El Señor haga resplandecer su faz sobre nosotros, y nos sea propicio. El Señor dirija a nosotros su rostro, y nos dé paz esta noche y por siempre. Amén.

 

ORACIONES SUPLEMENTARIAS

 

 

Por el Espíritu de Oración.

OH Dios Omnipotente, que derramas sobre todos los que lo desean, el espíritu de gracia y súplica; Líbranos, cuando nos acercamos a ti, de tibieza de corazón y divagaciones de la mente, para que con firmes pensamientos y calurosos afectos, podamos adorarte en espíritu y en verdad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por la Mañana.

OH Dios, el Rey eterno, que separas el día de las tinieblas, y cambias la sombra de muerte en la mañana; Aparta lejos de nosotros los malos deseos, indina nuestros corazones a cumplir tu ley, y guía nuestros pies en el camino de paz; para que habiendo cumplido tu voluntad con gozo durante el día, podamos, cuando llegue la noche, regocijamos en darte gracias; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

DIOS Todopoderoso, quien sólo nos dió el aliento de vida, y sólo puede conservar en nosotros los santos deseos que tu nos comunicas; Te suplicamos, por amor de tus compasiones, que santifiques todos nuestros pensamientos y propósitos; para que ni empecemos una acción sin intención pura ni la continuemos sin tu bendición. Y concede que, teniendo los ojos de la mente abiertos para contemplar las cosas invisibles y no vistas, podamos ser inspirados en nuestros corazones con tu sabiduría, y en nuestras labores ser sostenidos por tu fuerza, y al fin aceptables a ti como tus fieles servidores; mediante Jesucristo nuestro Salvador. Amén.

Por la Noche.

OH Señor, mantén a tus siervos, durante todo el día, hasta que las sombras se extiendan alargándose y llegue el crepúsculo, y el mundo atareado se acalle, y pase la fiebre de vida, y nuestra labor haya sido concluida. Entonces en tu misericordia concédenos seguro albergue, y santo descanso, y al fin paz. Amén.

OH Dios, Tú que eres la vida del hombre mortal, la luz de los fieles, la fuerza de los que trabajan, y el descanso de los que mueren; Te damos gracias por las bendiciones oportunamente recibidas durante el día, y humildemente suplicamos nos des tu misericordiosa protección durante toda esta noche. Consérvanos, te suplicamos, en seguridad hasta las horas del alba; mediante Aquel que murió por nosotros y resucitó, tu Hijo, nuestro Sal vador Jesucristo. Amén.

Domingo por la Mañana.

OH Dios, Tú que nos alegras con el recuerdo semanal de la gloriosa Resurrección de tu Hijo nuestro Señor; Otórganos en este día tal bendición por medio de nuestra adoración a ti, que los días venideros puedan ser empleados en tu servicio; mediante el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por Confianza y Tranquilidad.

OH Dios de paz, que nos has enseñado que en el arrepentimiento y descanso espiritual seremos salvos, y en la tranquilidad y la confianza consistirá nuestra fortaleza; Levántanos por el poder de tu Espíritu, te suplicamos, a tu presencia, en donde podamos contemplarte en silencio y saber que Tú eres Dios; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por Dirección Divina.

OH Dios, por quien los mansos son guiados en juicio, y luz brilla en la obscuridad para el piadoso; Concédenos, en todas nuestras dudas e incertidumbres, la gracia de preguntar qué es lo que tú desearías que hiciéramos, a fin de que el Espíritu de Sabiduría pueda salvamos de falsas decisiones, y que en tu luz veamos luz, y no tropecemos en tu derecha senda; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por Plena Confianza.

OH Amantísimo Padre, que deseas te demos gracias por todas los cosas, y no temer nada sino el perderte a ti, y que descarguemos todos nuestros cuidados en ti, que nos amas; Presérvanos de temores infieles y de ansiedades mundanas, y concede que ninguna nube de esta vida mortal pueda ocultar de nosotros la luz de ese amor que es inmortal, y que Tú nos has manifestado en tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

OH Padre Celestial, que comprendes a todos tus hijos; Permítenos por medio de tu don de fe traer nuestras dudas a la luz de tu sabiduría, y que recibamos el bendito aliento de tu simpatía y un conocimiento más claro de tu voluntad; a ti tributándote gloria por todos tus dones bondadosos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por el Gozo en la Creación.

OH Padre Celestial, que has llenado el mundo de belleza; Abre, te suplicamos, nuestros ojos para contemplar tu mano bondadosa en todas tus obras; para que regocijándonos en tu creación entera, podamos aprender a servirte con alegría; por amor de Aquel por quien todas las cosas fueron creadas, tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por los Hijos.

OMNIPOTENTE Dios, Padre Celestial, que nos has bendecido con el gozo y el cuidado de los hijos; Dános luz y fuerza para educarlos, a fin de que puedan amar todo lo que es puro y verdadero, amable y de buen nombre, siguiendo el ejemplo de su Salvador Jesucristo. Amén.

Por los Ausentes.

OH Dios, cuyo cuidado paternal se extiende hasta las partes más remotas de la tierra; Humildemente te suplicamos veas y bendigas misericordiosamente a cuantos amamos, ahora ausentes de nosotros. Defiéndelos en todo peligro de alma y de cuerpo; y concede que ellos y nosotros, acercándonos más a ti, seamos unidos por tu amor en la comunión de tu Santo Espíritu, y en la comunión de tus santos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 

Por los que Amamos.

OMNIPOTENTE Dios, confiamos a aquellos que nos son queridos a tu fiel cuidado y amor, en esta vida y la venidera; sabiendo que tú estás haciendo por ellos mejores cosas que las que podamos desear o suplicar; rogándote que continúes protegiéndolos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por el Restablecimiento de un Enfermo.

OH Dios de misericordia, dador de vida y de salud; Bendice, te rogamos, a tu siervo, [N.], y a los que le administran tus dones sanativos; para que pueda ser restaurado a la salud del cuerpo y de la mente; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por Uno que va a ser Operado.

OMNIPOTENTE Dios nuestro Padre Celestial, te suplicamos misericordiosamente alientes a tu siervo en su sufrimiento, y bendigas los medios que se usen para sanarle. Llena su corazón de confianza, de modo que aunque llegue a temer, pueda sin embargo poner su seguridad en ti; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

En un Cumpleaños.

VELA por tu hijo, oh Señor, conforme aumentan sus días; bendícele y guíale doquiera se halle, guardándole sin mancha de este mundo. Fortalécele cuando permanezca en pie; consuélale cuando se sienta desanimado o triste; levántale si cae; y que pueda permanecer en su corazón todos los días de su vida, la paz que excede a todo entendimiento; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

En el Aniversario de un Difunto.

OMNIPOTENTE Dios, recordamos hoy en tu presencia a tu siervo fiel [N.], y te rogamos que, habiendo abierto para el las puertas de una vida más amplia, te sirvas recibirle más y más en tu grato servicio; a fin de que pueda ganar, contigo y tus siervos por doquier, el triunfo eterno; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por los Enfermos de la Mente.

PADRE Celestial, te suplicamos que tengas compasión de todos tus hijos que se hallan enfermos de la mente. Restáurales a su fortaleza mental y alegría del espíritu, y concédeles salud y paz; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por la Bendición sobre todas las Familias.

OMNIPOTENTE Dios, nuestro Padre Celestial, que constituyes en familias al solitario; Encomendamos a tu cuidado continuo los hogares en que mora tu pueblo. Aparta de ellos, te suplicamos, toda raíz de amargura, deseo de vanagloria y orgullo de vida. Llénalos con fe, virtud, conocimiento, templanza, paciencia y santidad. Enlaza juntamente en afecto constante aquellos que en santo desposorio, han sido hechos una sola carne; vuelve los corazones de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; y de tal manera enciende la caridad entre todos nosotros, que seamos siempre afectuosamente unidos en amor fraternal; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por todos los Pobres, Sin Hogar y Desamparados.

OH Dios, Todopoderoso y misericordioso, que sanas a los de corazón quebrantado, y cambias la amar gura del triste en alegría; Sea tu bondad paternal sobre todos los que tú has creado. Recuerda con piedad a cuantos hoy día se hallan destituídos, sin hogar y olvidados de sus semejantes. Bendice la congregación de tus pobres. Levanta a los abatidos. Proteje poderosamente a los inocentes que sufren, y santifica para ellos las injusticias que sobrellevan. Alienta con esperanza a los que se hallan desanimados y afligidos, y mediante tu gracia celestial preserva de caída aquellos cuya penuria sirve de tentación al pecado; aunque se hallen molestados en todo sentido, no permitas que desmayen; y aunque en perplejidad, líbrales de la desesperación. Concede esto, oh Señor, por amor de Aquel que por nosotros se hizo pobre, tu Hijo, nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Por Fidelidad en el Uso de los Bienes Temporales.

OMNIPOTENTE Dios, cuya mano amante nos ha dado cuanto poseemos; Concédenos gracia para que podamos honrarte con nuestros bienes, y recordando la cuenta que algún día tendremos que rendir, podamos ser fieles mayordomos de tu generosidad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Intercesión General.

OH Dios, por cuya palabra el hombre sale a su trabajo y a su labor hasta la tarde; Ten misericordia de aquellos cuyos deberes son difíciles y abrumadores, y consuélales en cuanto a su tarea. Sé Tú el escudo contra toda desgracia y daño a los trabajadores en sus ocupaciones. Protege los esfuerzos de la industria digna y honrada, y no permitas que el jornal del obrero sea retraído por fraude. Inclina el corazón de los patronos y el de los obreros a sobrellevarse mutuamente, en equidad y buena voluntad. Da el espíritu de gobierno y mente sana a todos los que se hallen constituídos en autoridad. Bendice a todos aquellos que se emplean en obras de misericordia o en escuelas de buena enseñanza. Cuida a todas las personas de edad avanzada, y a todos los pequeñuelos, a los enfermos y afligidos, y a todos los que viajan por tierra, mar o aire. Recuerda a todos los que por razón de debilidad están oprimidos, o por causa de pobreza, olvidados. Que los suspiros tristes de los encarcelados lleguen hasta ti; y según la grandeza de tu poder, preserva Tú a todos los que están bajo pena de muerte. Presta oído a nuestra oración, oh Padre bondadoso y misericordioso, por amor de tu querido Hijo, nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Gracias antes de Comer.

BENDICE, oh Padre, tus dones para nuestro uso, y a nosotros en tu servicio; por amor de Cristo Jesús. Amén.

DANOS corazones agradecidos, nuestro Padre, por todos tus beneficios, y haznos pensar en las necesidades de nuestros semejantes; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Artículos de la Religión

 

Conforme establecidos por los Obispos, y los Diputados, clérigos y Laicos  de la Iglesia Protestante Episcopal de los Estados Unidos de América, en Convención, el día doce de septiembre, del Año de Nuestro Señor 1801

 

ARTICULOS DE LA RELIGION.

 

I. De la Fe en la Santísima Trinidad.


HAY un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo, partes o pasiones; de infinito poder, sabiduría y bondad; el Creador y Conservador de todas las cosas, así visibles como invisibles. Y en la unidad de esta Naturaleza Divina hay Tres Personas de una misma substancia, poder y eternidad; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

II. Del Verbo, o del Hijo de Dios, que fué hecho verdadero Hombre.


EL Hijo que es el Verbo del Padre, engendrado del Padre desde la eternidad, el verdadero y eterno Dios, consubstancial al Padre, tomó la naturaleza Humana en el seno de la Bienaventurada Virgen, de su substancia: de modo que las dos naturalezas enteras y perfectas, esto es, Divina y Humana, se unieron juntamente en una Persona, para no ser jamás separadas, de lo que resultó un solo Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre; que verdaderamente padeció, fué crucificado, muerto y sepultado, para reconciliarnos con su Padre, y para ser sacrificio, no solamente por la culpa original, sino también por todos los pecados actuales de los hombres.

 

III. Del descenso de Cristo a los Infiernos.


COMO Cristo murió por nosotros, y fué sepultado, también debemos creer que descendió a los Infiernos.

 

IV. De la Resurrección de Cristo.


CRISTO resucitó verdaderamente de entre los muertos, y tomó de nuevo su cuerpo, con carne, huesos y todas las cosas que pertenecen a la integridad de la naturaleza humana; la que subió al Cielo, y allí está sentado, hasta que vuelva a juzgar a todos los Hombres en el último día.

 

V. Del Espíritu Santo.


EL Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, es de una misma substancia, Majestad y Gloria, con el Padre, y con el Hijo, Verdadero y Eterno Dios.

 

VI. De la Suficiencia de las Sagradas Escrituras para la Salvación.


LA Escritura Santa contiene todas las cosas necesarias para la Salvación: de modo que cualquiera cosa que no se lee en ella, ni con ella se prueba, no debe exigirse de hombre alguno que la crea como artículo de Fe, ni debe ser tenida por requisito necesario para la Salvación. Bajo el nombre de Escritura Santa entendemos aquellos Libros Canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento, de cuya autoridad nunca hubo duda alguna en la Iglesia.

 

De los Nombres y Números de los Libros Canónicos.

 

El Génesis,
El Exodo,
Levítico,
Números,
Deuteronomio,
Josué,
Jueces,
Rut,
El Libro Primero de Samuel,
El Libro Segundo de Samuel,
El Libro Primero de los Reyes,
El Libro Segundo de los Reyes,
El Libro Primero de las Crónicas,

El Libro Segundo de las Crónicas,
El Libro de Esdras,
El Libro de Nehemías, llamado también El Segundo Libro de Esdras,
El Libro de Ester.
El Libro de Job,
Los Salmos,
Los Proverbios.
El Eclesiastés o Predicador.
Los Cantares de Salomón,
Los Cuatro Profetas Mayores,
Los Doce Profetas Menores.

 

Los otros Libros (como dice San Gerónimo), los lee la Iglesia para ejemplo de vida e instrucción de las costumbres; mas ella, no obstante no los aplica para establecer doctrina alguna; y tales son los siguientes:

 

El Libro Tercero de Esdras,
El Libro Cuarto de Esdras,
El Libro de Tobías,
El Libro de Judit,
El Resto del Libro de Ester,
El Libro de la Sabiduría,
Jesús el Hijo de Sirac,

Baruc el Profeta,
El Cántico de los Tres Mancebos.
La Historia de Susana,
De Bel y el Dragón,
La Oración de Manasés,
El Libro Primero de los Macabéos,
El Libro Segundo de los Macabéos.

 

 

Recibimos, y contamos por Canónicos todos los Libros del Nuevo Testa mento, según son recibidos comúnmente.
 

VII. Del Antiguo Testamento.


EL Antiguo Testamento no es contrario al Nuevo: puesto que en ambos, Antiguo y Nuevo, se ofrece vida eterna al género humano por Cristo, que es el solo Mediador entre Dios y el hombre, siendo El, Dios y Hombre. Por lo cual no deben escucharse los que se imaginan que los antiguos Patriarcas solamente tenían su esperanza puesta en promesas temporales. Aunque la Ley de Dios dada por medio de Moisés, en lo tocante a Ceremonias y Ritos no obliga a los Cristianos, ni deben necesariamente recibirse sus preceptos Civiles en ningún Estado; no obstante, no hay Cristiano alguno que esté exento de la obediencia a los Mandamientos que se llaman Morales.

 

VIII. De los Credos.


EL Credo Niceno y el comúnmente llamado de los Apóstoles, deben reci birse y creerse enteramente, porque pueden probarse con los testimonios de las Santas Escrituras.

IX. Del Pecado Original o de Nacimiento.


EL Pecado Original no consiste (como vanamente propalan los Pelagianos) en la imitación de Adán, sino que es el vicio y corrupción de la Naturaleza de todo hombre que es engendrado naturalmente de la estirpe de Adán: por esto el hombre dista muchísimo de la justicia original, y es por su misma naturaleza inclinado al mal, de suerte que la carne codicia siempre contra el espíritu; y por lo tanto el pecado original en toda persona que nace en este mundo, merece la ira y la condenación de Dios. Esta infección de la naturaleza permanece también en los que son regenerados; por lo cual la concupiscencia de la carne (llamada en griego phronema sarkos, que unos interpretan la sabiduría, otros la sensualidad, algunos afección, y otros el deseo de la carne) no se sujeta a la Ley de Dios. Y aunque no hay condenación alguna para los que creen y son bautizados, todavía el Apóstol confiesa que la concupiscencia y mala inclinación tiene de sí misma naturaleza de pecado.

 

X. Del Libre Albedrío.


LA condición del Hombre después de la caída de Adán es tal, que ni puede convertirse, ni prepararse con su fuerza natural y buenas obras, a la Fe e Invocación de Dios. Por lo tanto no tenemos poder para hacer buenas obras gratas y aceptables a Dios, sin la Gracia de Dios por Cristo nos prevenga, para que tengamos buena voluntad, y obre con nosotros, cuando tenemos esa buena voluntad.

 

XI. De la Justificación del Hombre.


SOMOS reputados justos delante de Dios solamente por el mérito de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por la Fe, y no por nuestras obras o mere cimientos. Por lo cual, que nosotros somos justificados por la Fe solamente, es Doctrina muy saludable y muy llena de consuelo, como más amplia mente se expresa en la Homilía de la Justificación.

XII. De las Buenas Obras.


AUNQUE las Buenas Obras, que son fruto de la Fe y siguen a la Justificación, no puedan expiar nuestros pecados, ni soportar la severidad del Juicio Divino; son, no obstante, agradables y aceptas a Dios en Cristo, y nacen necesariamente de una verdadera y viva Fe; de manera que por ellas puede conocerse la Fe viva tan evidentemente, como se juzga del árbol por su fruto.

 

XIII. De las Obras antes de la Justificación.


LAS obras hechas antes de la Gracia de Cristo, y de la Inspiración de su Espíritu, no son agradables a Dios, porque no nacen de la Fe en Jesucristo, ni hacen a los hombres dignos de recibir la Gracia, ni (en lenguaje escolástico) merecen de congruo la Gracia; antes bien porque no son hechas como Dios ha querido y mandado que se hagan, no dudamos que tengan naturaleza de pecado.


 

XIV. De las Obras de Supererogación.


OBRAS voluntarias no comprendidas en los Mandamientos Divinos, llamadas Obras de Supererogación, no pueden enseñarse sin arrogancia e impiedad: porque por ellas declaran los hombres, que no solamente rinden a Dios todo cuanto están obligados a hacer, sino que por su causa hacen más de lo que por deber riguroso les es requerido: siendo así que Cristo claramente dice: Cuando hubiéreis hecho todas las cosas que os están mandadas, decid: Siervos inútiles somos.

 

XV. De Cristo, el único sin pecado.


CRISTO en la realidad de nuestra naturaleza fué hecho semejante a nosotros en todas las cosas, excepto en el pecado, del cual fué enteramente exento tanto en su carne, como en su Espíritu. Vino para ser el Cordero sin mancha, que por el sacrificio de sí mismo una vez hecho, quitase los pecados del mundo. Y no hubo pecado en El, como dice San Juan. Pero nosotros los demás hombres, aunque bautizados, y nacidos de nuevo en Cristo, con todo eso ofendemos en muchas cosas; y si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

XVI. Del Pecado después del Bautismo.


NO todo pecado mortal, voluntariamente cometido después del Bautismo, es pecado contra el Espíritu Santo, e irremisible. Por lo cual a los caídos en pecado después del Bautismo no debe negarse la gracia del arrepentimiento. Después de haber recibido el Espíritu Santo, nos podemos apartar de la gracia recibida, y caer en pecado, y por la Gracia de Dios de nuevo levantarnos, y enmendar nuestras vidas. Y por lo tanto debe condenarse a los que dicen, que ya no pueden volver a pecar mientras vivan, o niegan el poder ser perdonados a los que verdaderamente se arrepientan.

 

XVII. De la Predestinación y Elección.


LA Predestinación a la Vida es el eterno Propósito de Dios, (antes que fuesen echados los cimientos del Mundo), quien por su invariable consejo, a nosotros oculto, decretó librar de maldición y condenación a los que eligió en Cristo de entre todos los hombres, y conducirles por Cristo a la Salvación eterna, como a vasos hechos para honor. Por lo cual, los que son agraciados con un beneficio tan excelente de Dios, son llamados según el propósito por su Espíritu que obra en debido tiempo: por la Gracia obedecen a la vocación; son justificados gratuitamente; son hechos Hijos de Dios por adopción; son hechos conformes a la imagen de su Unigénito Hijo Jesucristo; viven religiosamente en buenas obras, y finalmente llegan por la misericordia de Dios a la eterna felicidad.
   

 

Como la consideración piadosa de la Predestinación y de nuestra Elección en Cristo, está llena de un dulce, suave e inefable consuelo para las personas piadosas, y que sienten en sí mismas la operación del Espíritu de Cristo, que va mortificando las obras de la carne y sus miembros mortales, y levantando su ánimo a las cosas elevadas y celestiales, no solo porque establece y confirma grandemente su fe en la Salvación eterna que han de gozar por medio de Cristo, sino porque enciende fervientemente su amor hacia Dios: y así, para las personas curiosas y carnales, destituídas del Espíritu de Cristo, el tener continuamente delante de sus ojos la sentencia de la Predestinación Divina, es un precipicio muy peligroso, por el cual el diablo les impele a la desesperación, o al abandono a la vida más impura, no menos peligrosa que la desesperación. Además debemos recibir las promesas de Dios del modo que nos son generalmente propuestas en la Escritura Santa: y en nuestros hechos seguir aquella Divina Voluntad, que tenemos expresamente declarada en la Palabra de Dios.

XVIII. De obtener la Salvación Eterna solamente por el Nombre de Cristo.

 


DEBEN asimismo ser anatematizados los que se atreven decir, que todo hombre será salvo por la Ley o la Secta que profesa, con tal que sea diligente en conformar su vida con aquella Ley, y con la luz de la Naturaleza. Porque la Escritura Santa nos propone solamente el Nombre de Jesucristo, por medio del cual únicamente han de salvarse los hombres.

 

XIX. De la Iglesia.


LA Iglesia visible de Cristo es una Congregación de hombres fieles, en la cual se predica la pura Palabra de Dios, y se administran debidamente los Sacramentos conforme a la institución de Cristo, en todas las cosas que por necesidad se requieren para los mismos.


    Como la Iglesia de Jerusalén, de Alejandría y de Antioquía erraron, así también ha errado la Iglesia de Roma, no solo en cuanto a la vida y las Ceremonias, sino también en materias de Fe.

 

XX. De la Autoridad de la Iglesia.


LA Iglesia tiene poder para decretar Ritos o Ceremonias y autoridad en las Controversias de Fe: Sin embargo, no es lícito a la Iglesia ordenar cosa alguna contraria a la Palabra Divina escrita, ni puede exponer un lugar de la Escritura de modo que contradiga a otro. Por lo cual, aunque la Iglesia sea Testigo y Custodio de los Libros Santos, sin embargo, así como no es lícito decretar nada contra ellos, igualmente no debe presentar cosa alguna que no se halle en ellos, para que sea creída como de necesidad para la salvación.

 

XXI. De la Autoridad de los Concilios Generales.


[El Artículo Vigésimo-primero de los Artículos antiguos se omite, por tener una naturaleza local y civil, y se sustituye en las demás partes, de los otros Artículos.]

XXII. Del Purgatorio.


LA doctrina Romana concerniente al Purgatorio, Indulgencias, Veneración y Adoración, así de Imágenes como de Reliquias, y la Invocación de los Santos, es una cosa tan fútil, como vanamente inventada, que no se funda sobre ningún testimonio de las Escrituras, antes bien repugna a la Palabra de Dios.


 

XXIII. Del Ministerio en la Congregación.


NO es lícito a hombre alguno tomar sobre sí el oficio de la Predicación pública, o de la Administración de los Sacramentos en la Congregación, sin ser antes legítimamente llamado, y enviado a ejecutarlo. Y a estos debemos juzgarlos legalmente escogidos y llamados a esa obra por los hombres que tienen autoridad pública, concedida en la Congregación, para llamar y enviar Ministros a la Viña del Señor.

 

XXIV. Del lenguaje en la Congregación en un idioma que entienda el Pueblo.


EL decir Oraciones públicas en la Iglesia, o administrar los Sacramentos en lengua que el pueblo no entiende, es una cosa claramente repugnante a la Palabra de Dios y a la costumbre de la Iglesia primitiva.

 

XXV. De los Sacramentos.


LOS Sacramentos instituídos por Cristo, no solamente son señales de la Profesión de los Cristianos, sino más bien unos testimonios ciertos, y signos eficaces de la Gracia y buena voluntad de Dios hacia nosotros, por los cuales obra El invisiblemente en nosotros, y no solo aviva, mas también fortalece y confirma nuestra fe en El.
    Dos son los Sacramentos ordenados por nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio, a saber, el Bautismo y la Cena del Señor.


    Los otros cinco que comúnmente se llaman Sacramentos: la Confirmación, la Penitencia, las Ordenes, el Matrimonio y la Extrema-Unción, no deben reputarse como Sacramentos del Evangelio, habiendo emanado, en parte, de una imitación pervertida de los Apóstoles, yen parte son estados de la vida aprobados en las Escrituras; pero que no tienen la esencia de Sacramentos, semejante al Bautismo y a la Cena del Señor, porque carecen de signo alguno visible, o ceremonia ordenada de Dios.


    Los Sacramentos no fueron instituídos por Cristo para ser contemplados, o llevados en procesión, sino para que hagamos debidamente uso de ellos. Y sólo en aquellos que los reciben dignamente producen ellos el efecto saludable; pero los que indignamente los reciben, se adquieren para sí mismos, como dice San Pablo, condenación.

 

XXVI. Que la Indignidad de los Ministros no impide el efecto de los Sacramentos.
AUNQUE en la Iglesia visible los malos están siempre mezclados con los buenos, y algunas veces los malos obtienen autoridad superior en el Ministerio de la Palabra y de los Sacramentos, no obstante, como no lo hacen en su propio nombre, sino en el de Cristo, ni ministran por medio de su comisión y autoridad; aprovechamos su ministerio, oyendo la Palabra de Dios y recibiendo los Sacramentos. Ni el efecto de la Institución de Cristo se frustra por su iniquidad, ni la gracia de los dones divinos se disminuye con respecto a los que rectamente y con Fe reciben los Sacramentos que se les ministran; los que son eficaces, aunque sean ministrados por los malos, a causa de la institución y promesa de Cristo.


    Pertenece, empero, a la disciplina de la Iglesia el que se inquiera sobre los malos Ministros, que sean acusados por los que tengan conocimiento de sus crímenes; y que hallados finalmente culpables, sean depuestos por sentencia justa.

 

XXVII. Del Bautismo.


EL Bautismo no es solamente un signo de la profesión y una nota de distinción, por la que se identifican los Cristianos de los no bautizados; sino también es un signo de la Regeneración o Renacimiento, por el cual, como por instrumento, los que reciben rectamente el Bautismo son injertos en la Iglesia; las promesas de la remisión de los pecados, y la de nuestra Adopción como Hijos de Dios por medio del Espíritu Santo, son visiblemente señaladas y selladas; la Fe es confirmada, y la Gracia, por virtud de la oración a Dios, aumentada.


    El Bautismo de los Párvulos, como más conforme con la institución de Cristo, debe conservarse enteramente en la Iglesia.

 

XXVIII. De la Cena del Señor.


LA Cena del Señor no es solamente signo del amor mutuo de los Cristianos entre sí; sino más bien un Sacramento de nuestra Redención por la muerte de Cristo: de modo que para los que recta, dignamente y con Fe la reciben, el Pan que partimos es participación del Cuerpo de Cristo; y del mismo modo la Copa de bendición es participación de la Sangre de Cristo.


    La Transubstanciación (o el cambio de la substancia del Pan y del Vino), en la Cena del Señor, no puede probarse por las Santas Escrituras; antes bien repugna a las palabras terminantes de los Libros Sagrados, trastorna la naturaleza del Sacramento, y ha dado ocasión a muchas supersticiones.


    El Cuerpo de Cristo se da, se toma, y se come en la Cena de un modo celestial y espiritual únicamente: y el medio por el cual el cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Cena, es la Fe.


    El Sacramento de la Cena del Señor ni se reservaba, ni se llevaba en procesión, ni se elevaba, ni se adoraba, en virtud de mandamiento de Cristo.

 

XXIX. De los Impíos; que no comen el Cuerpo de Cristo al participar de la Cena del Señor.


LOS Impíos, y los que no tienen Fe viva, aunque compriman carnal y visiblemente con sus dientes, como dice San Agustín, el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, no por eso son en manera alguna participantes de Cristo: antes bien, comen y beben para su condenación el Signo o Sacramento de una cosa tan importante.

 

XXX. De las dos Especies.


EL Cáliz del Señor no debe negarse a los laicos; puesto que ambas partes del Sacramento del Señor, deben ministrarse igualmente a todos los Cristianos por ordenanza y mandato de Cristo.


 

XXXI. De la única Oblación de Cristo consumada en la Cruz.


LA Oblación de Cristo una vez hecha, es la perfecta Redención, Propiciación y Satisfacción por todos los pecados de todo el mundo, así originales como actuales; y ninguna otra Satisfacción hay por los pecados, sino ésta únicamente. Y así los Sacrificios de las Misas, en los que se dice comúnmente que el Presbítero ofrece a Cristo en remisión de la pena o culpa por los vivos y por los muertos, son fábulas blasfemas, y engaños peligrosos.

 

XXXII. Del Matrimonio de los Presbíteros.


NINGÚN precepto de la Ley Divina manda a los Obispos, Presbíteros y Diáconos vivir en el estado del Celibato, o abstenerse del Matrimonio; es lícito, lo mismo que a los demás Cristianos, contraer a su discreción el estado del Matrimonio, si creyeren que así les conviene mejor para la piedad.

 

XXXIII. Como deben evitarse las Personas excomulgadas.


LA Persona que, por una denuncia pública de la Iglesia, se ha separado de la Unidad de la misma y ha sido debidamente excomulgada, se debe considerar por todos los fieles como si fuese un Pagano y un Publicano, mientras que por medio del arrepentimiento no se reconcilia públicamente con la Iglesia y recibida por un Juez debidamente autorizado.

 

XXXIV. De las Tradiciones de la Iglesia.


NO es necesario que las Tradiciones y Ceremonias sean en todo lugar las mismas o totalmente parecidas; porque en todos los tiempos fueron diversas, y pueden mudarse según la diversidad de países, tiempos y costumbres, con tal que en ellas nada se establezca contrario a la Palabra de Dios.


    Cualquiera que por su juicio privado voluntariamente y de intento quebranta manifiestamente las Tradiciones y Ceremonias de la Iglesia, que no son contrarias a la Palabra de Dios, y que están ordenadas y aprobadas por la Autoridad pública, debe, para que teman otros hacer lo mismo, ser públicamente reprendido como perturbador del orden común de la Iglesia, como ofensor de la autoridad del Magistrado, y como quien vulnera las conciencias de los hermanos débiles.


    Toda Iglesia particular o nacional tiene facultad para instituir, mudar o abrogar las ceremonias o ritos eclesiásticos instituídos únicamente por la autoridad humana, con tal que todo se haga para edificación.

 

XXXV. De las Homilías.


EL segundo Tomo de las Homilías, cuyos títulos hemos reunido al pie de este Artículo, contiene una Doctrina piadosa, saludable y necesaria para estos tiempos, e igualmente el primer Tomo de las Homilías publicadas en tiempo de Eduardo Sexto; y por lo tanto juzgamos que deben ser leídas por los Ministros clara y diligentemente en las Iglesias, para que el Pueblo las entienda.

 

Nombres de las Homilías.

 

1 Del recto uso de la Iglesia.
2 Contra el peligro de la Idolatría.
3 De la reparación, y aseo de las Iglesias.
4 De las buenas obras; y del Ayuno en primer lugar.
5 Contra la Glotonería, y Embriaguez,
6 contra el Lujo excesivo de Vestido.
7 De la Oración.
8 Del Lugar y Tiempo de la Oración.
9 Que las Oraciones Comunes y los Sacramentos deben celebrarse, y administrarse en lengua conocida.

10 De la respetuosa veneración de la Palabra de Dios.

11 Del hacer Limosnas.
12 De la Natividad de Cristo.
13 De la Pasión de Cristo.
14 De la Resurreción de Cristo.
15 De la digna Recepción del Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.
16 De los Dones del Espíritu Santo.
17 Para los Días de Rogativa.
28 Del Estado de Matrimonio.
19 Del Arrepentimiento.
20 Contra la Ociosidad.
21 Contra la Rebelión.

 

[Este Artículo está recibido en esta Iglesia, en cuanto que declara que el Libro (le Homilías es una explicación de la doctrina Cristiana, e instructivo en la piedad y en la moral en forma libre y voluntaria de acuerdo a la conciencia individual. Más toda referencia a la constitución y a las leyes de Inglaterra y de cada nación soberana y libre donde se aplique. Inglaterra no es más que otro país y sólo es un territorio de FE. Estas son consideradas como inaplicables, considerando las circunstancias de esta Iglesia; que también suspende la orden para la lectura de dichas Homilías en las Iglesias, hasta que se haga una revisión conveniente, para librarlas de tantas palabras y frases no usadas hoy, así como de las referencias locales.]

 

XXXVI. De la Consagración de los Obispos y Ministros.


EL Libro de la Consagración de los Obispos, y de la Ordenación de los Presbíteros y Diáconos, según está declarado por la Convención General de esta Iglesia en 1792, contiene todas las cosas necesarias a tal Consagración y Ordenación; no contiene cosa alguna que sea en sí supersticiosa o impía. Y, por tanto, cualquiera que sea consagrado u ordenada según dicha Forma, decretamos que está justa, regular y legalmente consagrado y ordenado.

 

XXXVII. Del Poder de los Magistrados Civiles.


EL Poder del Magistrado Civil se extiende a todos los hombres, clérigos y laicos, en todas las cosas temporales; mas no tiene autoridad alguna en las cosas puramente espirituales. Y mantenemos que es el deber de todos los hombres que profesan el Evangelio, obedecer respetuosamente a la autoridad civil regular y legalmente constituída.

 

XXXVIII. Que los Bienes de los Cristianos no son comunes.


Las riquezas y los bienes de los Cristianos no son comunes en cuanto al derecho, título y posesión, como falsamente se jactan ciertos Anabaptistas. Pero todos deben dar liberalmente limosnas a los pobres de lo que poseen y según sus posibilidades.

 

XXXIX. Del Juramento del Cristiano.


ASÍ como confesamos estar prohibido a los Cristianos por nuestro Señor Jesucristo, y por su Apóstol Santiago, el juramento vano y temerario; también juzgamos, que la Religión Cristiana de ningún modo prohibe que uno jure cuando lo exige el Magistrado en causa de Fe y Caridad, con tal que esto se haga según la doctrina del Profeta, en Justicia, en Juicio, y en Verdad.

 

 

Santa María de Walsingham, Rogad por Nosotros;

 

San Pedro y San Pablo, Rogad por Nosotros;

 

Apóstoles y Discípulos de Jesús de Nazaret, Rogad por Nosotros;

 

San Esteban, Rogad por Nosotros;

 

San Lorenzo, Rogad por Nosotros;

 

Santos y Santas de Dios Rogad por Nosotros

y por toda la Iglesia Santa de Jesucristo en el orbe creado.

 

                                         Liturgia Santa Misa

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Our Church at its birth had influence, advice and teaching of the bishops from The Order of Corporate Reunion and Bishops of The Non-Juring Bishops of England.

 

Our organization by special and particular circumstances

with the help of God moved to

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We consider ourselves a Christian church because our Head is Jesus Christ, promoter of freedoms, free interpretation and we believe that God speaks directly to the individual without needing a school of men but leaders who with each positive example of life help the promotion of love, service and righteousness .

 

We believe that if a religious organization is an intellectual author of assassinations or wars, we consider them as churches that are the daughters of Satan and recognize them as false, inquisitive, lying and imperialist.

 

We believe that the false representatives of Christianity are those who live in mansions and sumptuous offices, eat like kings with the product and resources stolen from the poor of the earth. These evil men are just human business groups that have made faith a company to invade the privacy of peoples and use lies for theft of privileges.

 

Jesus of Nazareth warned him: "Be very careful because those are men who are sheepish, but within their hearts lives a wolf and their testimony of life are demons who descend from the hell of the Great Satan to the earth to defraud the lofty man."

 

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Obispo Electo Rahul Uthwal. Representante de IAL INDIA. Representante Legal de Bangladesh, Nepal, Bhutan, Burma, Laos, Pakistan and Afghanistan. Obispo Electo  Diocesano de IAL India.

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Sister Carmen Montes-Espinoza (MASL). General Secretary of IAL USA.                                                  Legal Representantive of IAL Mexico, United States and Canada.  Hermana Carmen Montes-Espinoza (MASL). Secretaria General IAL USA. Represenatnte Legal de IAL Mexico, Estados Unidos y Canada.

Brother Jonathan Rivera Capacho (MASL) Secretary of Primate Office.                                                                Hermano Jonathan Rivera Capacho (MASL). Secretario Oficina del Primado.

 

 

 

 

 

 

 

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Obispo Alvaro Emerson Jinette-Zarate. Representante de IAL ESTADOS UNIDOS. Obispo Diocesano de IAL Diocesis USA Territorios del Norte.

Bishop 

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Obispo Jorge Luis Garcia-Linares. Representante de IAL CALIFFORNIA. Representante Legal y Rector del Seminario Anglicano de Estados Unidos.

 

 

 

 

 

 

 

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November 30, 2017

 

Our Missionary Trip

 

USA and Canada

Coordinator

 

Archbishop

Leonardo Marin-Saavedra

from Canada

 

1st October 2017

to

November 30, 2017

 

KENYA, Uganda,

South Africa, Nigeria, Sudan, Ghana, South Africa,

Burundi, Central Africa,

Togo, Sudan and Rwanda.

 

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